Infundios
En estos tiempos preelectorales, la ciudad se llena de lenguas de doble filo. Yo, ni caso, claro. Todo son infundios.
Como ese que dice que el alcalde de Zamora está “enfolinchado”, enfadado como un niño, porque le han quitado su juguete favorito, que no es el Monopoly, pero casi. Y que por eso, porque está de morro con los suyos, no quiso ni “ajuntarse” con Herrera el otro día, en Ifeza, en un acto de “viva el PP, qué guapos somos y vamos a ganar”. Y que por eso mismo, porque está muy cabreado con quienes no le dejan jugar a ser alcalde hasta el último minuto, se esfumó también el día en que tenía que entregar la medalla de oro de la ciudad a la Hermandad de Donantes de Sangre, teniéndolo que suplir el primer Roda que casualmente pasaba por allí.
Todo infundios, como digo. Ni caso. Lo único que pasa es que el abnegado Vázquez tiene tantos cargos que, a ver, no puede multiplicarse y estar a la vez en todas partes. Se hallaba, hombre, el otro día, en algo de la caja esa donde también tiene carguete bien bonito. Eso me han dicho que dice él. Y eso será.
Dicen también las lenguas de doble filo que en el festival taurino de mi amigo Miguel Rojo hubo sonoros abucheos a la ristra de cargos del PP que se aparecieron en el ruedo, dando premios a “gogó”. Infundios, otra vez. Los sonoros abucheos, mayormente a la sorprendida Valdeón al entregar no sé qué a no sé quién, serían en realidad protestas por las ausencias del cartel: Ortega Cano, por ejemplo. Lo que pasa es que a la pobre consejera (¡¡aún!!) le tocó dar un galardón antes de que “el Coctelera” lo explicara y quizá por eso, abucheo que te crió. Menuda sofoquina. No sólo la de ella y la del anfitrión. También la de los “repetidores” Carmen Luis y Maíllo, que igualmente salieron a dar premios y que si eran, como todos, del PP, oye, fue sólo porque… Eh, bueno. Ya no me acuerdo de lo que me dicen que alegó ante tanto monocultivo de “peperos” el bueno de Miguel, algo apurado por el súbito desplante. Por cierto, tampoco a este acto pudo asistir, mecachis, el alcalde multiatareado.
El caso, como decía, es que todo son infundios. Y que en realidad todo va maravillosamente. Para el PP, o sea; porque es del único partido que hablo hoy. De los otros, ya hablaré. En cuanto me intoxiquen sobre ellos. Je.
(LA OPINIÓN DE ZAMORA, 17 de abril de 2007
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Semana Santa zamorana:
PUJANZA DE UNA CELEBRACIÓN
Cuentan los veteranos que no hace tanto, apenas unas décadas, durante los años de posguerra del siglo pasado, la Semana Santa de Zamora andaba de capa caída. Había escasez de cofrades, menos y más deteriorados pasos, la celebración languidecía… Por eso, que no por gusto, muchos grupos escultóricos que se había llevado tradicionalmente a hombros, “bailándolos”, empezaron a ir sobre ruedas. Sencillamente, no había suficientes “cargadores”. Y de pronto, nadie sabe muy bien por qué, llegó la explosión. Las puertas de las cofradías se abarrotaron. Los aspirantes a desfilar empezaron a contarse por decenas, pasaron a ser centenares, llegan a millares… Hoy, casi todas las hermandades y cofradías tienen agobiantes listas de espera. Algunas, han sobrepasado ya cualquier número razonable en el numero de sus componentes. Zamora en pleno, diríase, se ha hecho semanasantera.
¿Por qué? No tiene lógica, cuando menos en apariencia. Recuérdese lo que es, en origen y esencia, la Semana Santa: un sucesión de procesiones, de estampa y estirpe medieval, cuyo hondo significado simbólico solo tiene sentido para creyentes de la religión católica. Ahora bien, estos son tiempos particularmente descreídos, cada vez más; son tiempos laicos, de iglesias que van quedando si uso, de escasez galopante de vocaciones sacerdotales; una época particularmente difícil para la iglesia poseedora del “Copyright” de la Semana de Pasión. ¿Cómo se explica, pues, que a menos creencia religiosa cada vez haya más zamoranos que aman, viven y quieren formar parte de las celebraciones de la Semana Santa de esta ciudad?
Parece obvio que la respuesta se halla en que el fenómeno ha devenido, pese a su origen y esencia, pese a las apariencias, en acontecimiento más bien laico, civil, turístico y popular. No es pequeña demostración el hecho de que casi cada Obispo de la Diócesis tenga, sobre todo al principio de su mandato, alguna fricción más o menos intensa con el órgano regidor de las cofradías semanasanteras. Digamos, simplificando, que los representantes de la Iglesia no pueden entender –y es lógico- que una celebración tan emblemáticamente suya, tan surgida de sus textos, liturgias y tradiciones, se organice desde la base y por parte de “fieles” que no siempre demuestran, al menos desde el punto de vista jerárquico, esa fidelidad o “devoción” que proporcione sentido a las procesiones. Los representantes de las cofradías, a su vez, defienden con uñas y dientes lo que en verdad es suyo y de nadie más, pues son los cofrades quienes corren con todos los gastos, hacen todos los preparativos y se ocupan de cuanto es necesario en el desfile anual.
En consecuencia, lo que –consciente o inconscientemente- esperan cada año las cofradías es que la Iglesia, como poco, agradezca la organización de una Semana Santa con tanto brillo, pompa y esplendor. La Iglesia, a su vez, ve natural y hasta obligado exigir que se reconozca como suya y sometida a su obediencia, doctrina y magisterio la Semana Santa al completo, con sus desfiles, ritos y rutas. De ahí, de esas expectativas distintas y contrapuestas, que difícilmente serán distintas a como son, nace la tensión siempre latente entre las dos grandes columnas, ambas imprescindibles, que sostienen y alientan la Semana zamorana más conocida en todo el país y parte del mundo.
De lo anterior se deduce también que es en esa tensión, derivada de la autonomía de las cofradías respecto a la jerarquía eclesiástica, donde halla explicación la pujanza indesmayable de los desfiles. Pues si la sociedad es cada vez más laica, la Semana Santa en el fondo también: de ahí esas colas de cientos, de miles de zamoranos ansiosos por vestirse un día al año con túnica y caperuz. ¿O acaso alguien cree casual que estemos ante una de las escasas manifestaciones religiosas que no da síntoma alguno de decadencia sino al revés?
(Artículo publicado en BARANDALES 2007, revista oficial de la Junta Pro-Semana Santa de Zamora)
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Remiendos
Me reí el otro día yo solo, como un tonto, al pasar junto al Clínico. Entraba en la ciudad en coche y me fijé en que se estaba despejando a toda pastilla la entrada principal, de la que habían desaparecido, por ejemplo, las casetas de obras. Me dije:
- Vaya, parece que la inauguración es inminente.
Pero de pronto, un poco más allá, miro hacia el Campus y allí que veo todas las casetas de obras que han quitado apresuradamente de la entrada del “Virgen de la Concha”. Ahí me dio la carcajada. A lo mejor resulta que llevan ahí mucho tiempo y no me he enterado, no sé. Pero lo que deduje es que la casetas estorbaban donde estuvieron estos años, porque impedían fingir la terminación de obras. Al mismo tiempo, sin embargo, dado que obras, lo que se dice obras, hay aún para muchos meses, tal vez años, no se podían eliminar. Así que las han cambiado de sitio. Ahora están en el recinto del Campus. Así parecerá, el día en que hagan la pamema inaugural, que de verdad las obras del “Virgen de la Concha” han acabado. Ríanse conmigo, aunque sea por no llorar.
Porque además no sé ni cómo tienen cuajo para montar una acto inaugural de los carísimos remiendos del venerable Hospital Clínico de Zamora. Que inauguren una nueva obra, vale, lo acepto y lo comprendo. Pero cuando a esta ciudad se le negó, con más descaro que razones, la construcción de un nuevo hospital y se le obligó a tragar con un reforma impresentable, cuyo coste final no nos quieren dar a conocer y cuya duración ha superado todas las posibles marcas, ¿se puede saber qué es lo que tenemos que celebrar? ¿De veras tenemos que aguantar callados la inauguración de una serie de remiendos que pueden habernos costado tanto como un nuevo hospital? ¿Pretenden acaso que olvidemos que estos remiendos empezaron en el primer gobierno de Aznar y que desde entonces, ni el Gobierno central primero, ni el regional después, todos del PP sin excepción, han sido capaces de hacer cumplir un solo plazo? ¿Pretenden que les demostremos agradecimiento por tenernos durante una década, se dice pronto, con todos nuestros enfermos en una zona de obras? ¿Suponen de veras que les vamos a dar las gracias y a romper en frenéticos aplausos, máxime cuando ni siquiera es cierto que hayan acabado esas obras que solo “inauguran” por que va haber elecciones y no saben qué decirnos para que los volvamos a votar?
Venga ya. Con la salud no se juega. Y menos durante décadas.
(La Opinión de Zamora, 28 de marzo de 2007)
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Los técnicos
Que no se enfade Macías (el de la foto de abajo) si ve que nos fijamos en lo que han dicho los técnicos sobre el turbio asunto del nuevo edificio municipal de diamantes. No es por tocar, don Angel. Al contrario. Es por lo que hemos aprendido en esta larga docena de años en compañía de usted y del más silente de los alcaldes jamás conocidos. Porque, oye, cada vez que en esta larguísima etapa ha habido una turbulencia, polémica o molesto moscón tras la oreja, han salido ustedes, mayormente Macías, a decir, papeles en mano:
-¡Eh, eh, eh! Que no es cosa nuestra, que lo han dicho los técnicos. Que todo está avalado por sus preceptivos informes. ¿Y contra eso, qué?
Pues contra eso, a callar. Empezando por los portavoces de la oposición de cualquier sigla, a los que con solo mentarles a los técnicos mudan de color y cállanse cual difuntos, no vaya ser que alguien piense que no están a muerte con los probos, esforzados e impecables funcionarios municipales, para los que nunca agotan los adjetivos más elogiosos. Si los técnicos han dicho que el caballo blanco de Santiago es negro, pues, oye, será que es negro y no hay nada más que hablar. A pensar así nos hemos acostumbrado en la era Macías, después de la matraca que nos ha venido dando con que cuanto avalan los técnicos, va a misa y no hay nada más que decir.
Comprenderá por tanto el aún edil de Fomento y Turismo que ahora nos estemos fijando, carallo, que en lo del edificio de los ladrillos de oro, no ha existido el aval, el papel, de un solo técnico. Y debería de comprender también que nos suene a cuerno quemado que los hasta ayer Santos Técnicos Benditos, de cuyo criterio no se podía discrepar, se hayan transformado de pronto en los prescindibles y despreciables técnicos a sueldo de Guarido, de cuya salud mental tenemos poco menos que el deber de dudar. Por bien que nos caiga (es un decir) el ex teniente de alcalde; por más que admiremos su desparpajo a la hora de demostrar que el toro que mató a Manolete era en realidad una vaca y con carnet del PSOE, esta vez me temo que las cosas se le han puesto mal. Y por más que insista, no logro imaginar a los técnicos municipales, con el secretario general a la cabeza, sucumbiendo a los encantos del valeroso, admirable e incansable portavoz de Izquierda Unida.
Con lo bien y a tiempo que se había ido Macías… Y ya ves. (Y el alcalde titular, callado por duodécimo año consecutivo, como si la cosa no fuera con él).
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Menuda alegría, hombre, que se va a llevar mi socia conyugal cuando le explique que esa losa de millones que debemos en forma de hipoteca no es en realidad para tanto. ¿Y por qué? Porque la voy a deflactar ahora mismo. O sea, la deuda. Qué hallazgo, tú. La idea es de Macías, don Angel, que es un tío grande, no me digas que no. Se le echaba de menos. Y mira, lo han tenido que volver a llamar en cuanto se enredó lo del nuevo edificio municipal de diamantes.
- Angel, majo. Ven un momento. Que Roda se lía y los demás ni lo intentan. Explícales lo barato que es el edificio, dada la cantidad de ladrillos de oro que contiene.
Y ahí lo tienes. Me dicen los colegas que lo bordó. Ha dado una teórica al esforzado Guarido digna de editarse en folleto aparte, cual semanasantero pregón. Porque es el caso que el de IU, como usted y como yo, cree que las matemáticas consisten en sumar sin equivocarte y hallar el resultado final. Y claro, obrando de ese modo, le salió un precio del nuevo e inexistente edificio municipal que nos dejó a todos “descangallaos”. Está claro que ni él ni nosotros sabíamos de las matemáticas de la posmodernidad. Hasta que llegó el “comandante” y mandó parar:
- ¿Y la deflactación, qué?
Ahí nos pillaste, Macías.
- ¿Que qué de qué, don Angel? ¿Ha dicho algo relacionado con los flatos?
- Deflactar, queridos torpes, consiste en descontar de una suma final, pagadera en años, el efecto de la inflación. O como dice la definición oficial: “Transformar valores monetarios nominales en otros expresados en monedas de poder adquisitivo constante”. Eso es deflactar, que viene del inglés “to deflate”, que nada tiene que ver, no, con los flatos o flatulencias. Si deflactáis la suma de pagos, resultará que el nuevo edifico municipal no cuesta ni la mitad de lo que decís.
Qué tío. Ya están tardando en darle el Nobel de Economía. Si aplicas lo que él dice, resultará que lo que nos iba a costar, suma a suma, año tras año, unos cincuenta y dos millones de euros; o sea, 8.632.000.000 pesetas, millones arriba o abajo; se ha quedado, gracias al gran deflactador, en una minucia de veinte o veinte y no-se-cuántos millones de euros de nada. ¿No es ingenioso? Pagar, vamos a pagar lo mismo y el mismo número de años, un cuarto de siglo. Pero el truco está en deflactar. Y si cuela, cuela. Bueno, pues ha colado y nos ha gustado mucho la actuación. Así que ahora que todo está claro, a ver si el señor alcalde deja ver a Guarido esos informes técnicos tan celosamente escondidos. O sea, por despejar las últimas dudas, si es que aún hay alguna. ¿O también ahí se nos olvida alguna “deflactación”?
(La Opinión de Zamora, 21 de marzo de 2007)
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