TemPPorada de caza

En aquellos tiempos, habiendo perdido las elecciones por segunda vez, se declaró abierta la veda del líder en el imponente coto del Partido Popular. Con rapidez se organizaron diferentes grupos de cazadores, dispuestos a participar en la emocionante batida. La más lanzada de todos resultó ser una mujer, la presidenta autonómica de Madrid.

-¡Me voy a por él! –anunció a bombo y platillo.

Los otros cazadores, pese tener idéntica aspiración, se mostraban más prudentes, aunque sin dejar de admirar el valor de su colega.

-¡Qué mujer! ¡Ni siquiera deja que actúen los ojeadores, esperando ella al acecho, para pillar a la pieza mínimamente descuidada…!

Pero los disparos de la audaz cazadora fueron todos infructuosos, pues el líder, negándose a aceptar su destino de presa, como hacen todas las presas, la estaba esperando y la dejó sin pólvora ni escopeta en un santiamén.

Los restantes cazadores se apresuraron a felicitar a la pieza:

-Así se hace; sí, señor. Estamos todos contigo, solo faltaría.

-Pues firmadme estos avales.

Esto dijo la pieza a cazar, haciendo que todos los cazadores, como corderitos, firmasen un papel prometiendo ayudarle, respetar su integridad y no disputarle en la vida su codiciado puesto de líder. Los ayudantes de éste, no obstante, advirtieron:

-Ten cuidado, Mariano. Que estos son más falsos que Judas y a la menor sacarán la escopeta.

El líder sonrió cachazudo.

-Lo sé perfectamente, porque me he criado con ellos y los conozco desde que echaron sus primeros dientes políticos.

Pese a su optimismo, los que se consideraba a si mismos guardianes del coto, que eran dos periodistas de armas tomar, no paraban de animar a los cazadores para que se cobrasen de una vez aquella pieza única en su palmarés.

-¿Pero qué cazadores sois vosotros, que no disparáis un tiro cuando por fin se os pone delante un ejemplar irrepetible de caza mayor?

-Ya, hombre, se dice fácil, ¡pero es que tiene una cornamenta…!

-¡Pero si es un cervatillo incapaz de embestir!

-Eso lo dirás tú. A Esperanza, por disparar antes de tiempo, no le llega la falda al tobillo ante el futuro político que puede tener ante si.

-¡Cobardicas, que sois todos unos cabardicas y unos gallinas!–clamaba desde su radio el otro vigía el coto.

Al fin, uno de los más poderosos cazadores, perteneciente a la cofradía de los Barones Regionales, convocó a todos los que aspiraban a cazar al líder y les dijo:

-Venga, hombre, no podemos seguir así, hay que preparar una estrategia e ir a por él.

-¿Y cómo lo hacemos?

-Es bien fácil. La mitad lo atacamos por la derecha; y la otra mitad, por la izquierda. No tendrá escapatoria, como es natural.

A todos pareció un plan infalible. Y se concertó un día y una hora exacta para la gran batida final. Llegado ese momento, los dos bandos de cazadores se fueron a por el líder del PP disparando a mansalva. Pero el líder, advertido de la maniobra, se agachó en el momento preciso y los disparos de unos acabaron con los otros y viceversa. Es decir, cayeron todos los cazadores.

Feliz y contento, el líder del PP convocó a sus colaboradores:

-A ver, el que me hace los comunicados, escribe: “Heridos o desangrados los que iban a por mi, la crisis del PP ha terminado. Hoy mismo empieza la reconstrucción”.
El alcalde de Madrid fue uno de los primeros en acercarse a felicitarlo:

-Enhorabuena, Mariano, siempre supe que eras el mejor.

-Anda, anda, no me pelotees, que ahora, sin Esperanza no se qué va a ser de ti. Tendrás que pelearte de vez en cuando conmigo, para dar algo de salsa al partido y seguir apareciendo en los papeles, ¿no?

Ruborizado, respondió Gallardón:

-¡Qué cosas dices, Presidente! Se nota que estás de buen humor.

Tras él, le dio la enhorabuena un hombre simpático y rollizo al que nadie identificó.

-Enhorabuena, presidente. Lo has hecho muy bien.

-Gracias, hombre. Oye, y por curiosidad, ¿tú quien eres?

-Juan Vicente Herrera, el presidente de Castilla y León.

-¡Oh, vaya, no te había reconocido…! ¿No fuiste tu, además, el que nos dio el chivatazo sobre la que preparaban los Barones?

-Bueno, presidente, yo, como sabes, siempre a tu servicio y para lo que gustes mandar.

-Gente tan servicial como tu es lo que necesita este partido y este país. ¿Cómo dijiste, por cierto, que te llamabas…?

Y así acabó, en fin, aquella célebre primera partida de caza del gran Rajoy, antes de que la segunda, no mucho después, tuviera un final algo distinto.

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La birregión en el siquiatra

En aquellos tiempos sucedió un hecho portentoso. Castilla y León, una de la regiones aleatorias en las que estaba dividida España, empezó a manifestar síntomas inquietantes. Al menos, eso aseguraba, cada vez con más insistencia, la rama de la medicina que se pasaba estudiando a esa región noche y día, casi sin dormir: la rama leonesista.
-Esta región ha de hacérselo mirar -aseguraban-. Parece una, pero en realidad son dos. Conviene intervenir cuanto antes y llamar al cirujano para liberarlas.
Como esa rama de la medicina autonómica era minoritaria, nadie les hacía caso al principio. Sin embargo, los médicos de las ramas mayoritarias, PP y PSOE, no querían enemistarse con ellos, porque cada poco los necesitan para operar en su provincia originaria, León. Así que intentaron darles la razón en lo posible, pero sin hacerles caso en lo de la operación quirúrgica.
-Vamos, vamos. Seguro que ese sentimiento de ser dos, pese a ser una, es solo pasajero.
-Que no, que no. Que estáis muy equivocados. En este cuerpo hay dos almas, dos cabezas, dos corazones, dos identidades: es injusto que no haya también dos cuerpos. Hay que llevarla, de inmediato, al quirófano. No pasará nada. Hay sobrados expertos en separar siameses.
-Ya… ¿Y si os equivocáis y en realidad partimos una Comunidad, obteniendo dos regiones demediadas?
-Por lo menos, si queréis una intervención menor, hay que extirpar del cuerpo regional a la provincia de León.
En vista de que no había forma de tranquilizar a la rama leonesista de la medicina autonómica, se acordó finalmente empezar por un siquiatra, para que viese al paciente antes de tomar decisiones más tajantes. Castilla y León, siempre dócil y sumisa, fue llevada sin resistencia ante un eminente sicoanalista de origen argentino:
-Veamos, tome asiento, relájese y cuénteme.
-No si yo no tengo nada que contar. Lo que le hayan dicho esos que me han traído -dijo la Autonomía.
-Pues me han dicho que usted no se considera una autonomía, sino dos y que las dos están en pugna en sus interior. ¿Lo siente así?
Castilla y León lo miró, confusa.
-Yo lo que me digan, doctor. Mi lema es: La política me hizo, si la política me deshace, bendita sea el nombre de la política que me ha permitido existir…
-Buena filosofía para no sufrir. Pero usted, ¿cómo se siente por dentro? ¿Una? ¿Dos?
Castilla y León carraspeó, como si no supiera si debía de responder o no; o como si no supiese muy cómo expresarse. Al fin, tras algunos titubeos, arrancó.:
-Mire, con sinceridad, y ahora que no me escuchen esos otros doctores que me han traído, yo por dentro no me siento una, no. Ni mucho menos.
El siquiatra sonrió, penando que el enigma se desvelaba con rapidez.
-¿O sea, que se siente dos; una birregión, como si dijéramos?
Castilla y León cabeceó a un lado y otro.
-No, no. Más de dos. Mire, es verdad que los de León son una cosa que nada tiene que ver con los de Valladolid. Pero nada, ¿eh? Lo que pasa es que también está Segovia, que nunca quiso nacer siendo parte de mi. Los salmantinos no son menos peculiares. Unos se sienten castellanos, otros leoneses, algunos extremeños y la mayoría charros. Las demás provincias, más o menos. Cada una de su padre y de su madre. Por no hablarles de los bercianos, de los mirandeses de Ebro o de los “gallegos” sanabreses…
Aún siguió hablando un rato Castilla y León de sus múltiples identidades, para pasmo del siquiatra que no paraba de apuntar en su libreta. Cuando al fin calló, fue invitada a salir de la consulta y entraron sus preocupados familiares políticos.
-¿Qué, doctor? ¿A qué es un región que dentro tiene más? -preguntaron animosos los leonesistas.
-En efecto -asintió el siquiatra-. El diagnóstico no puede ser más claro. Castilla y León padece esquizofrenia. Pero no doble, amigos míos, sino múltiple. No tiene una sola identidad clara, porque tiene muchas. Una por cada provincia, al menos. Y por cada identidad provincial, hay múltiples subidentidades locales o grupales. Y por cada una de esas subidentidades…
Los políticos echaron a correr, en vista del rollo que se les avecinaba. Y mientras corrían, los mayoritarios les decían a los leonesistas:
-Mirad, de momento, mejor será dejar las cosa como están.
-De eso nada, ¡queremos una segunda opinión!

(En cualquier momento, pues, este interminable serial continuará).

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Universidad del Capirote

capirote.jpgEn aquellos tiempos, en la mítica ciudad de Zamora existía una semana que duraba todo el año, de ahí que se escribiera en mayúscula y se le tuviera por santa. El fenómeno era tan evidente que incluso los seres más lentos del mundo a la hora de conectar con la gente de a pie, los políticos, acabaron por darse cuenta y en cierta campaña electoral, entrado ya el siglo XXI, hete aquí que se pusieron todos a efectuar promesas sobre la mentada Semana Santa. Uno de los partidos laicos, pese a serlo, fue el primero en dar en la diana:

-Si me elegís alcalde, queridos convecinos, contad con un nuevo y verdadero Museo para vuestros pasos de Semana Santa, porque lo que tenemos hoy, aunque se llame así, es almacén y no precisamente holgado.

Sonaron vítores y aplausos entre lo más granado de la ciudad, de donde salían las legiones de cofrades. Ni qué decir tiene que la idea preocupó hondamente al partido confesional y rival directo del anterior. Su entonces candidata a la Alcaldía se apresuró a reunir a su equipo de campaña.

-Nos ha marcado un gol por toda la escuadra. Si en algo debemos adelantarnos es en todo lo que se relacione con la Iglesia y particularmente con la Semana Santa. Quiero ideas ahora mismo, que superen la del rival.

-Prometamos dos Museos en vez de uno -dijo animoso uno de sus jóvenes “cerebros”.

-¿Y por qué no tres? Vamos, pensad en serio. Ha de ser algo que sea superior y que no dé lugar a chanzas o bromas mal intencionadas. Algo que la gente se pueda creer.

A los “cerebros” no se les ocurrió nada, por lo que fue la propia candidata la que dijo:

-Esta ciudad suspira por estudios superiores. Así que anunciaré la creación de un Instituto Universitario sobre Semana Santa. Así mataremos dos pájaros de un tiro.

-¡Eres brillantísima! -peloteó entusiasmado uno de sus más peligrosos fichajes.

Se hizo el anuncio y la idea, en efecto, fue recibida con gran regocijo por los miles y miles de cofrades; o sea, votantes; o sea, ciudadanos, que a la sazón vivían en Zamora. El hecho no pasó desapercibido para otras fuerzas políticas que, aunque de menor dimensión, no tenían menos arrojo e ideas. Una de ellas, presidida por el más docto de los candidatos, reunió también su núcleo dirigente y debatió el asunto.

-A mí, ya veis, me va a enseñar esta pareja de auténticos extraños, uno por laico, la otra por foránea, lo que es la Semana Santa o qué hacer para potenciarla, magnificarla y llevarla a su culmen máximo.

-¿Qué haremos, pues, maestro? ¿Cómo contrarrestaremos sus anuncios?

El docto líder suspiró, carraspeó y pidió a sus oyentes que se pusieran cómodos, pues iba a pronunciar un prolongado parlamento.

-Hijos míos. Nuestra Semana Santa es demasiado importante como para despacharla con un nuevo museo o la simpleza de un Instituto Universitario. Hasta ahí podríamos llegar. Nuestro grupo ofrecerá a los zamoranos, si nos votan, convertir la Semana Santa directamente en una carrera. ¡Qué digo una carrera! Mejor aún, crearemos una Universidad completa dedicada a ella, se llamará la Universidad del Capirote y de ahí saldrán los licenciados y doctores que darán una nuevo sentido e importancia a la celebración, porque a partir de ahí, como es natural, ya no podrá ser cofrade cualquiera y menos aún presidente de Cofradía o Hermandad. Los cargos tendrán todos que haber estudiado en la nueva Universidad y los cofrades harán cuando menos algún Máster en ella. La sede se instalará en el Convento de San Francisco, ya que el Campus es de la Universidad de Salamanca y con eso está dicho todo.

La propuesta, cuando este grupo la hizo pública, cayó como una bomba y a los otros candidatos se les quedó la boca abierta. Bueno, salvo a uno, que era de un cuarto partido, más laico que ningún otro. Ese candidato, convencido de que todo aquello era un sinsentido, prometió que si lo elegían a él nadie volvería a oír hablar de la Semana Santa en cuatro años al menos. Y no faltaron los que aplaudieron a rabiar. Aunque, la cosas como son, se impuso la idea de la Universidad del Capirote, que acabó siendo asumida por las restantes fuerzas, llegando incluso a diseñarse su contenido curricular, en el que figuraban asignaturas como Danza De Pasos, Montaje del Cirio, Epistemología del Caperuz, Confección del Hábito, Historia de las Tres Familias, etc.

Pese a ello, la idea nunca llegó a ejecutarse en Zamora porque, dado su atractivo y brillantez, se acabó implantando, como carrera o título propio, en Salamanca y Valladolid.

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Con los de a pie

bocadilo-historieta.pngEn aquellos tiempos, fue muy comentado el gesto de cierto líder de la oposición que, tras un debate televisivo, citó a una ciudadana común para seguir charlando con ella sobre asuntos en los que discrepaban. Los adversarios se dieron cuenta de que quedaba muy bien eso de que un líder se citara con un mero peatón y más aún si era discrepante, por lo que se apresuraron a copiar tan feliz iniciativa. Pocos días después, el partido en el Gobierno, ni corto ni perezoso, puso un anuncio en la prensa: “Se busca ciudadano de derechas para quedar a comer con el presidente socialista”. También en este segundo caso el resultado fue un éxito, como pudo contemplar todo el mundo en todas las televisiones. Y rápidamente, en todas las autonomías y provincias se apresuraron a copiar a los dos grandes líderes nacionales.

Incluso en Zamora, según parece, se estuvo al loro esa vez y no tardó la por entonces candidata a la alcaldía del Partido del Orden en desplazarse al barrio de San José Obrero, dispuesta a conversar con el primer “rojeras” que se le pusiera por delante. Con tan mala suerte, que el primero que pasó por allí fue un famoso ex cura obrero, ex líder vecinal y ex casi todo, salvo ex inteligente, ya que el coco no envejece y menos el de los que nunca han dejado de entrenarlo. Lo cual que la valerosa candidata, pese a saberlo de cuerda distinta a la suya, le preguntó:

-¿Quieres que conversemos sobre nuestras diferencias?

-Cómo no, será un placer.

-Aunque quizá no seamos tan diferentes, pues, ¿qué nos puede separar a alguien como a ti y a mí?

El ex párroco rojo del barrio sonrió, comprendiendo la sutileza con que su interlocutora trataba de que fuese él quien marcase los límites del eventual debate.

-Sólo una cosa, candidata. Tú formas parte de un partido que se preocupa por los que más tienen y a mí sólo me preocupa la gente que no tiene nada o muy poco.

-¡Oh, vamos, eso son clichés muy antiguos! Toda mi actividad política ha estado volcada siempre en los más desfavorecidos…

El diálogo fue largo e intenso, cuentan las crónicas. Pero cuentan también que la candidata del Partido del Orden no volvió a ser exactamente la misma y que algo, por así decirlo, se le “desordenó”. Si bien no le fue mejor, al intentar más o menos lo mismo, a su rival más importante, el candidato a la Alcaldía por el Partido de la Libertad. El cual, queriendo también que se le viera dialogar con algún peatón discrepante se plantó en la calle más céntrica, Santa Clara. Pero tras varios tanteos, tuvo la mala pata de que se le cruzara el líder de otro partido más pequeño, el de la Libertad al Cuadrado. El cual, tan jovial como siempre, le saludó:

-¡Hola, compa! ¿Qué andas haciendo?

-Campaña, ¿y tú?

-Yo, paseo, ¡ja, ja…!

Por el rabillo del ojo, vio el candidato “libre” que las dos televisiones locales estaban grabando la escena, por lo que decidió aprovechar.

-Oye, ¿y qué nos separa en realidad, políticamente hablando, a ti y a mí?

-¡Ja, ja…, compa, qué cosas tienes! Todo. Tú eres de derechas y yo, no. Tu partido tiene dinero, y el mío no. A ti te pegan los carteles y nosotros no tenemos ni carteles que pegar.

-Va, hombre, en serio. Me refiero a que, ideológicamente, ¿por qué no estamos tú y yo en el mismo partido y en la misma campaña?

El líder de Libertad al Cuadrado se dio cuenta en ese momento de que las cámaras de televisión estaban grabando:

-¡Ja, ja…! ¿Qué quieres? ¿Que te haga de ciudadano para la nueva moda de invitar a cenar a un adversario? Si la cena la pagas tú, por mí vale. Pero yo diré que el ciudadano eres tú y yo soy quien te va a convencer para que me votes a mí…

Soltó otra carcajada y se volvió a las cámaras haciendo la V de la victoria, mientras el candidato que lo había abordado ponía cara de “tierra, trágame”.

A raíz de la doble experiencia zamorana y de otras similares en otras provincias, la moda de dialogar con gente de ideas distintas se esfumó. Lo cual, todo sea dicho, fue recibido con alivio general, porque muchos ni se atrevían a salir de casa por temor a ser invitados por su más detestado líder político. Que menudo plato de gusto, oye, tú.

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Un cuento chino

buhonero.jpgErase una vez un pequeño reino periférico donde periódicamente se celebraban elecciones para renovar los principales cargos: jardinero, mozo de establo, afilador de espadas y portero del castillo. Cuando se acercaban las elecciones, los que aspiraban a esos cargos se ponían muy nerviosos y suspiraban por saber qué iba a pasar y qué les depararía el indescifrable azar de las decisiones de los votantes. Hasta que un día, faltando apenas un mes para una de esas elecciones, apareció por el castillo principal del reino una especie de buhonero ambulante que dijo ser fabricante de sondeos.

- ¿Sondeos? ¿Eso qué es? -le preguntaron, al tratarse de una palabra que nadie había oído antes.

- Un sondeo, también llamado encuesta, es una profecía, pero muy bien hecha; o sea, con todas las de la ley. Yo pregunto en secreto a unas pocas gentes qué van a votar y con eso sé lo que pasará en las elecciones.

- ¿De veras? ¡Venga ya…!

- ¿Preguntando a pocos sabremos lo que vamos a hacer todos?

- Eso es.

- Suena a cuento chino.

- Pagadme y veréis.

Los aspirantes a los distintos cargos se miraron y les respondieron unánimes que ni hablar, que ya sabrían el resultado cuando la gente del reino hubiera votado. O sea, eso dijeron por el día y ante todos los demás. Porque por la noche, cuando nadie los veía, empezaron a llegar, de uno en uno, al carromato del buhonero encuestador:

- Oiga. Le pago lo que quiera, pero haga una de esas encuestas sólo para mí.

- Pues págueme y así será.

- ¡Ah, no! Yo no pago por adelantado, porque luego vaya usted a saber. Le pagaré cuanto vea esa profecía o encuesta hecha.

El buhonero suspiró y dijo que de acuerdo. Idénticas condiciones pusieron los restantes candidatos. Todos querían una encuesta sólo para ellos y ninguno estaba dispuesto a pagarla por adelantado.

- Lo cual quiere decir -pensó para sí el buhonero encuestador- que como no les gusten los resultados, no me pagarán. Habrá que hacer un poco de “cocina” con los datos.

Preparó en consecuencia tantas encuestas como “clientes” le habían hecho el encargo, procurando que en cada una saliese más favorecido el único que la iba a conocer, para garantizarse así el cobro y la satisfacción de todos. Lo malo fue que se lió al colocarlas y resulta que entregó a cada uno la encuesta que no le correspondía. Y la más famosa candidata a portera del castillo real, sufrió un desvanecimiento al comprobar que no iba a tener la llave del puente levadizo. Y el principal candidato a afilador de las espadas del ejército real -un chollo de cargo- montó en cólera al creer que el puesto iba a ser para un herrero de otra familia bien distinta. Y el candidato a jardinero se quedó mustio del todo al “saber” que ni los vendedores de tijeras de podar pensaban darle el voto. Y el aspirante a mozo de establo rompió a llorar cuando vio que no iban a votar por él ni los mancebos de la cuadra.

Obviamente, el buhonero no logró cobrar de nadie. Y además hubo de dar gracias al cielo por lograr escapar a tiempo del castillo, cuando lo buscaban ya para lanzarlo de cabeza al foso. Aquel incidente retrasó durante siglos la aparición de las encuestas o sondeos preelectorales. Y cuando volvieron a reaparecer, habiendo aprendido en la cabeza de aquel remoto buhonero, los nuevos encuestadores perfeccionaron mucho su forma de profetizar, de modo que de los eventuales fallos sólo se pudiera culpar a encuestados y votantes, por no saber lo que decían o votaban. Entonces fue cuando esa técnica alcanzó las altas cotas de prestigio de la actualidad, en que se tienen por certeras hasta las encuestas que no dan ni pie con bolo. Los candidatos, además, como saben de sus fallos, no se desaniman si les dan malos augurios. Si los augurios son buenos, en cambio, se las creen a pies juntillas y brindan con champán.

Y colorado, colorín; este cuento chino llegó al fin.

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Los cimientos de Zamora

cimientos.jpgEn aquellos tiempos, la ciudad decidió recuperar una de sus viejos y emblemáticos teatros. No sin los habituales “toma y daca”, se aprobó al fin un proyecto de muchos millones, lográndose que más de la mitad los pagase la lejana Administración central y buena parte del resto la aún más lejana Administración regional; mientras los flecos pendientes corrían a cargo de la Administración más remota, la llamada Diputación. Acordado que fue el asunto, se firmó el correspondiente acuerdo y todos se las prometían tan felices, porque volvería a vivir el viejo teatro y serviría para otras muchas cosas culturales.

Hete aquí, sin embargo, que apenas iniciados los trabajos, cundió la alarma cuando desde las obras se alertó a los políticos:

- No nos va a servir el presupuesto aprobado. Resulta que el edificio carece de cimentación y se nos van a disparar los costes.

- ¡Caramba, carambita, carambí-urí! -exclamó muy contrariado el presidente de la Diputación, don Dinámico Maíllo.

- ¡Caramba, carambita, carambí-urá! -exclamó contrariadísimo el representante de la Administración central.
Hubo que volver a negociar todo lo antes negociado y los “toma y daca” se multiplicaron hasta el infinito durante bastantes meses. Aún así, hubo finalmente acuerdo y quedó fijado el reparto del nuevo presupuesto de la obra, disparada en casi un cien por cien sobre lo inicialmente previsto. La ciudad suspiró aliviada al comprobar que las máquinas volvían a trabajar y se disponían a crear cimientos para el nuevo y magno centro cultural. Pero apenas habían transcurrido unos cuantos meses, cuando desde la dirección de obra volvió a saltar la alarma.

- No nos van a servir los segundos presupuestos aprobados. Resulta que al excavar más hondo para cimentar el edificio, estamos descubriendo que es la propia ciudad la que, ¡mecachis!, carece de cimientos. Y eso, según las normas europeas de seguridad en la construcción, impide seguir en los términos pactados. Antes de cimentar el teatro, habrá que cimentar la ciudad entera, con lo cual, obvio es, se nos van a disparar los costes hasta ni les digo dónde…

- ¡Caramba, carambita, carambí-urí! -exclamó el presidente de la administración remota, don Dinámico Maíllo.

- ¡Caramba, carambita, carambí-urá! -exclamó incrédula la representante de la Administración lejana, recién llegada al cargo porque su antecesor se había presentado a unas elecciones.

Hubo que volver a negociarlo todo. Pero no había forma de llegar a un nuevo acuerdo, ya que el presupuesto se había transformado en sideral, al incluir la cimentación de toda una ciudad. Según habían explicado los expertos, desde el confín de los tiempos, desde su fundación mil y pico años antes, la ciudad se había edificado sin más sobre piedra tajada en un alto junto al río y cimentarla tanto tiempo después iba a costar mucho más que crearla de la nada.

- ¿Y entonces qué? ¿Fundamos otra ciudad, ya que nos sale más barato? -dijo el intrépido don Dinámico Maíllo.

- Con mi Administración no cuentes -respondió la subdelegada del Gobierno-. Porque después se corre la voz y todas las ciudades van a querer que las refundemos. Ni hablar. Nosotros no ponemos un céntimo más de lo pactado. Además, si se trata de la ciudad, que lo pague su Ayuntamiento.

- Sí, habrá que hablar con la ciudad.

El nuevo alcalde recibió las noticias con infinito desaliento.

- Pues, mirad, justo estamos acabando de hacer cuentas, ¿y queréis saber “menos cuánto” dinero nos dejaron nuestros antecesores en el cargo?

- Alguna solución hay que buscar. No podemos tener esto sin cimientos, porque estamos en peligro todos.

- Cierto. Y se me ocurre que sólo existe una argamasa capaz de unir a todos los zamoranos, que es su Semana Santa. Así que quizá ésta debe ser la que cimente la ciudad…

Se miraron confusos los interlocutores del nuevo alcalde.

- ¿Perdón?

- Necesitamos un nuevo Museo de Semana Santa. Ha de ser muy grande, amplísimo, con visión de futuro, puesto que no paran de crecer las cofradías y su número de pasos. Pues bien, se me está ocurriendo que podemos hacer un museo subterráneo, por debajo de la ciudad, tan grande como la ciudad misma. Y al tiempo, tal será nuestra cimentación. La ciudad será feliz y se sentirá segura si sabe que se asienta sobre su Semana Santa. Y lo que no es menos importante: los zamoranos nos darán

el dinero que queramos, ya que no vamos a pedir para cimientos, sino para el nuevo Museo de Semana Santa.

- ¡Es una idea genial!

- ¡Es impresionante!

- Gracias. ¿Nos ponemos a ello?

Y así fue como la ciudad mítica de Zamora decidió un día cimentarse toda ella sobre su más conocida y sólida celebración, haciéndose famosa la expresión de que ser “la bien cercada y mejor cimentada”.

(El peatón dominical, LA OPINIÓN DE ZAMORA)

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Un nuevo candidato

ora.jpg

En aquellos tiempos, los candidatos electorales apenas prometían. Las promesas se habían desacreditado y a lo que dedicaban sus energías era a descalificarse unos a otros:

-No votéis a ese que es un inútil.

-Ni se os ocurra votar a aquel, que es un cebollino.

-El candidato Mengano, aquí en confianza, es un veleta y anda según sople.

-Pues el candidato Fulano no es más que un correveidile sin criterio propio; está a lo que le manden, os lo advierto.

Así todo el tiempo, toda la campaña y todas las campañas. Como es natural, los votantes cada vez eran menos, convencidos por los propios candidatos de que no había un candidato que mereciese la pena o la molestia de acercarse hasta la urna. Hasta que apareció el pintoresco Pinza o Partido Independiente de Zamora, y su líder Emeterio Codesal, auto-apodado “el Victimista”, entró en escena. Ahí empezaron a cambiar las cosas, porque “el Victimista”, ajeno a los usos establecidos, sí que empezó a hacer promesas y de las que gustaba oír al pueblo.

-Queridos vecinos. Va siendo hora de poner en orden todo esto. ¿De quién es la calle? ¿No es de todos vosotros? Pues ya está bien de pagar por aparcar en ella, con lo que encima cuesta hallar un hueco. Si llego a alcalde quitaré la ORA y pondré en su lugar la OTRA, siglas de Ordenanza de Transferencia de Recursos a los que encuentren Aparcamiento. O lo que es lo mismo, a quien logre aparcar en el centro, le daremos premio, en vez de castigarlo.

Las ovaciones, ya se entenderá, eran estruendosas. Aunque los restantes candidatos se lanzaron de inmediato a la yugular del nuevo líder.

-¡Al del Pinza se le va la ídem! ¡Está loco! ¡Ni caso!

-Además, ¿de dónde va a sacar dinero para dar por aparcar, si ni siquiera ingresa por la ORA?

Pero “el Victimista” iba a su rollo:

-Los pagos de la OTRA estarán en función del monto de las multas que clave la municipal, eso sí que os lo advierto. O sea, todo lo que se recaude en multas se repartirá entre los que sean capaces de encontrar aparcamiento en la ciudad, como premio por venir y circular por ella. ¿Que recauda mucho? Se da mucho. ¿Que recauda poco? Se os da poco. Así será.

-Este hombre arruinará las arcas municipales -insistían los restantes candidatos, por decir algo.

Y “el Victimista” respondía:

-Eso sí es verdad, os lo reconozco. Las arcas municipales quedarán por completo arruinadas. Más que nada porque ya lo están. Mirad, mirad, si os atrevéis, los números. Eso ya no tiene solución. Así que por lo menos conmigo, en vez de pagar, cobraréis por aparcar.

Las primeras encuestas indicaron que la promesa surtía efecto y los restantes candidatos se lanzaron a degüello contra el Pinza. Pero su líder, sin hacerles caso, seguía a lo suyo:

-También os prometo que conmigo en el Ayuntamiento se acabaron las subvenciones. O sea, todas, sin excepción. ¿Vosotros sabéis la de millones que se nos van al año en subvencionar todo tipo de cuestiones y en su mayor parte organizadas por quienes tienen mucho más dinero que todos vosotros?

En vez de pitos, abucheos y rechazo, la nueva promesa obtenía nuevos vítores masivos y asentimiento general del pueblo.

-Y a lo mejor en los cuatro años, os lo digo así de claro, ni asfaltamos una calle, por mal que esté. Según lo que me encuentre. Pero si hay tantas deudas como dicen, hasta que no se salden, ajo y agua. Por supuesto, conmigo tampoco habrá nuevo edificio, coche para el alcalde, “liberados”, ni nada por el estilo. Va siendo hora de llevar el municipio como lo que es, una suma de simples comunidades de vecinos. De vez en cuando, convocamos asamblea y ya está.

El Pinza arrasó en las elecciones municipales y en cuatro años la ciudad cambió como de la noche al día. Es verdad que la eliminación de la ORA planteó muchos problemas y que la implantación de la OTRA se reveló imposible. Aún así, los zamoranos se reconciliaron con un municipio donde sus máximos dirigentes volvieron a ir a pie, se sentaban en las plazas y empezaron a recuperar los árboles perdidos en mandatos anteriores. Incluso aprobaron en referéndum local una “derrama” anual para hacer frente a la crítica situación económica heredada.

Y colorín, colorado, este bonito e imposible cuento se ha acabado.

(El peatón dominical, LA OPINIÓN DE ZAMORA)

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El proyecto secreto

jose-blanco.jpg En aquellos tiempos, llegó a Zamora de visita pre-electoral el conocido apóstol de ZP, José Blanco, dispuesto a predicar a cantos quisieran oírla la buena nueva:
-El Presidente os quiere. No sabéis hasta qué punto.
-Pues no nos viene a ver -le contestaron los zamoranos-. Y todos los regalos se los llevan a su León del alma. A nosotros, aunque estamos al lado y somos vecinos, por no decir hermanos, nada, don José, ni flores.
José Blanco hizo un gesto de paciencia.
-Escuchadme con atención. Zapatero trabaja por Zamora y muy pronto se conocerá un proyecto que lo demostrará.
Eso replicó entonces, en un acto con los suyos, rodeado de sus máximos candidatos locales, el secretario de Organización del Partido Socialista. Y sus propios candidatos se quedaron mirándolo gratamente sorprendidos.
-Oye, Pepe, ¿va en serio eso de que Zapatero va a dar a conocer un proyecto especial para Zamora? -le preguntó muy interesado Carlos Hernández, cuando hubo concluido el discurso del alto dirigente nacional.
-Lo que yo te diga, Carlos. Verás cuando se conozca. Arrasas en las urnas.
-¡Vaya! -exclamó el Subdelegado, reventando sin querer un botón del la camisa a causa de la súbita satisfacción que le hizo sacar pecho.
-¿Pero en qué consiste tal proyecto, Pepiño? No nos dejes así, con el caramelo en la boca y sin quitarle el papel -se impacientó el aspirante a presidir la Junta, Ángel Villalba.
-Ya lo desvelará el propio Presidente. Yo solo te digo que cuando lo haga puedes dedicar toda tu campaña a las otras ocho provincias, porque en esta ganarás de calle aunque no la vuelvas a pisar.
El alcalde de Benavente, García Guerra, se frotó las manos:
-Pues los del PP de mi ciudad se van a quedar con tres palmos de narices, cuando vean que vuelto a repetir.
José Blanco lo miró de abajo arriba:
-Bueno, Manolo. De ti no he dicho nada. Lo tuyo, perdóname, no creo que lo salve ya ni la intercesión divina de nuestro pío embajador en El Vaticano.
-¡Oh!
El caso es que no hubo forma de que José Blanco concretara más. Y había sobradas razones para ello, como su chófer no tardó en averiguar, cuando ya viajaban de regreso a Madrid:
-¿De veras trabaja el Presidente en un proyecto especial para Zamora?
-Calla, calla. Que se me calentó la boca, algo tenía que decir y…
-O sea, que no hay nada.
-Pero lo habrá. Eso te lo garantizo. En cuanto llegue a Madrid pondré a trabajar a mi laboratorio de ideas, para que me saque de este apuro y podamos improvisar algo.
El chófer de José Blanco era más que un chófer. Esa su sombra, su confidente y su asesor.
-¿Qué tal una ley de promoción del optimismo entre los zamoranos? Al equipo del ministro Caldera se le da bien elaborar leyes voluntaristas de ese tipo, sin coste definido ni objetivos comprobables?
-Sí, no está mal pensando. Lo único que después nos pedirán leyes similares las demás provincias… Habría que buscar algo más específico.
Ya en Madrid, el laboratorio secreto de ideas que José Blanco tenía en la sede del PSOE se puso a trabajar a destajo para alumbrar algo que salvara la cara de su jefe y se pudiera convertir en proyecto presidencial para Zamora.
-¡Ya lo tengo! -dijo uno de los “cerebritos”, tras unos mil intentos anteriores que no acabaron de gustar-. Que el Presidente, siempre reformista, anuncie un ambicioso proyecto de reforma de los nombres de las provincias, proponiendo que Zamora pierda la Z. Así empezará por A y de ser la última para todo, pasará a ser de las primeras.
-Brillante. Y además no cuesta nada. Iré a ver al Presidente -dijo José Blanco, contentísimo.
Y cuenta la leyenda que fue por eso por lo que en los últimos años de su existencia la mítica pero extinguida provincia de Zamora se pasó a llamar Amora a secas. (De lo que no han quedado pistas es de si tal proyecto sirvió en verdad para ganar las siguientes elecciones).

(El peatón dominical, LA OPINIÓN DE ZAMORA)

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Zapatero, feminista

zapatero-con-mujeres.jpgJosé Luis Rodríguez Zapatero miró a la concurrencia. No vio más que a mujeres. Bajó la vista al discurso que le había preparado su vicepresidenta. Leyó algunas líneas, pero después no resistió la tentación de improvisar:

-Señoras, aquí como me ven, yo me declaro, con total convencimiento, feminista.

Hubo aplausos y hubo risas. Zapatero sonrió. Acababa de ganarse a un nuevo y muy amplio sector social de votantes potenciales. Eso no lo mejoraría nunca la derecha, pensó. Así que concluyó el acto y la jornada la mar de satisfecho consigo mismo. Su mujer se lo notó de inmediato, cuando lo vio entrar, al anochecer, en los recintos privados de la residencia oficial. Más aún, cuando le dijo alegre:

-Anda, Sonsoles, llama al servicio y que nos traigan algo para picar. Por cierto, ¿qué tenemos hoy de cena?

Su mujer ni lo miró. Tomó el mando de la tele, la encendió y pulsó después la tecla del vídeo. Salió en la pantalla ZP mirando al colorista tendido femenino y soltando:

-Yo me declaro, con total convencimiento, feminista.

Sin darse cuenta del peligro, ZP miró a su sonriente esposa:

-¿Qué? ¿Te ha gustado mi declaración?

-Mucho. No sabes cuánto. Así que, si de verdad eres feminista, llama tú al servicio para que nos traigan algo de picar. Y ya de paso, te informas de la cena o, mejor aún, la vas preparando tú mismo.

-Pero…

Sonsoles, sin dejar de sonreír, abrió un periódico y se puso a leerlo.

Al día siguiente, viernes, el presidente compareció ante el Consejo de Ministros con una abultada carpeta de colores bajo el brazo. Saludó a sus ministros y les dijo:

-Venga, id decidiendo lo que haga falta, que yo mientras tanto tengo que supervisar los deberes de mis hijas. Como dije que era feminista, Sonsoles se lo ha tomado al pie de la letra y…

-¿Qué te ha pasado en la mano? -le preguntó Solbes, al ver un par de aparatosas tiritas rodeando otros tantos dedos.

-Ah, eso… Nada, no tiene importancia. Anoche, partiendo cebolla para hacer la cena, pues…

Solbes hizo un expresivo gesto mirando a la vicepresidenta De la Vega, que también lo había oído todo.

-Te dije, presidente, que no te apartaras del texto que te elaboramos en mi departamento.

-Ya, María Teresa. Pero sabes cómo soy. Me entusiasmo con facilidad, me mimetizo con los auditorios. Y al veros allí a todas, mujeres, tan seguras de vosotros mismas, tan contentas, pensé que aún debía ir más allá y convertirme en una de las vuestras…

-Pero es que eso es un imposible metafísico, Presidente. Un hombre no puede ser feminista. Puede estar a favor del feminismo, respetarlo, apoyarlo, hacer lo que pueda por las mujeres. Pero ser feminista, siendo hombre, es imposible.

-Pues yo creo otra cosa -insistió el Presidente, sin apear su optimismo antropológico.

Intervino entonces el ministro de Trabajo, Jesús Caldera:

-Creas lo que creas, Presidente, no debiste decir lo que dijiste. Y no ya por las previsibles represalias que podían llegarte por el flanco conyugal. Es que la oposición tampoco va a desaprovechar tu declaración.

-¿A qué te refieres, Jesús? ¿Qué va a hacer el PP, por el hecho de que yo me declare feminista?

-Lo que ya ha hecho, Presidente -dijo Caldera, tendiéndole un papel-. Como ves, el portavoz Zaplana acaba de registrar una moción en el Congreso pidiendo tu inmediata dimisión para que, en coherencia con tu declaración, pueda ser presidenta del Gobierno una mujer. Es lo que procede en un hombre que se declara feminista, según el razonamiento de la oposición.

Zapatero se quedó estupefacto.

-¡Caramba! Pues sí que están a todo estos del PP.

Prosiguió después el Consejo de los viernes por otros derroteros más habituales. Aunque no sin que el Presidente se comprometiese antes a no volver a salirse del guión escrito de sus discursos, tal y como le rogaron por unanimidad todos sus ministros.

(El peatón dominicial, La Opinión de Zamora)


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