Archivos para la Categoría 'Urbanismo'

11
Nov

Navarro Talegón

navarro_talegon.jpg

UNO. Creo que no es la primera vez que lo cuento. Pero es lo primero que me vino a la cabeza al enterarme, entre atónito e incrédulo, de la vergonzosa destitución de José Navarro Talegón como Comisionado de Patrimonio. Transcurría el año 1990 y acababa de nacer un nuevo diario, “La Opinión de Zamora”, en el que yo era redactor jefe. Un día, en la nave de Coreses en la que arrancamos, recibí una llamada del añorado Antonio Redoli. Pedía mi asistencia, si me parecía, a una reunión de gentes de la cultura zamorana para ver qué podíamos hacer en defensa de Navarro Talegón, ante el acoso que estaba sufriendo en Toro por su férrea defensa del Patrimonio. Redoli y otras mentes lúcidas pensaban en una especie de homenaje público al Comisionado de Patrimonio, para que supiera que no estaba solo en sus desvelos y para que lo supieran también algunos de sus pocos pero muy poderosos “enemigos”. La reunión tuvo lugar en el propio domicilio de Redoli. Pero quedó reducida a distendido encuentro de amigos, ya que Navarro Talegón, enterado del asunto, se apresuró a pedir que no hiciéramos nada, porque darle un apoyo explícito quizá sirviese sólo para empeorar la situación.

DOS. Ese trabajo que tan en serio se tomó José Navarro Talegón durante 28 años, que tantos disgustos le provocó, que tan alto coste personal le supuso a menudo, resulta ser, digámoslo cuanto antes, puro altruismo; es decir, puro regalo a usted, a mí, a todos nosotros. Estamos ante la antítesis de la política al uso. A Navarro Talegón nadie le daba un duro por ser Comisionado de Patrimonio. Es una función honorífica y por supuesto gratuita. Como me decía él mismo ayer, riendo: “¿Acaso crees que si esto hubiese sido un cargo pagado, me hubieran nombrado alguna vez y menos durante tanto tiempo?”. Toda una vida, pues, la de este hombre, regalando su sabiduría, su incorruptible integridad, a su Toro en primer término, a la provincia en general y a la Junta de Castilla y León muy en particular, desde que, ay, depende de ella todo lo de Patrimonio.

TRES. ¿Cómo es posible que con estos antecedentes, no costando a nadie un céntimo, pueda haber alguien interesado en mandar al cuerno los impagables esfuerzos de Navarro Talegón? Pues ya ven. Tenía nuestro ex Comisionado de Patrimonio un pequeño defectillo, insoportable para esta Junta: hablaba claro, cuando había que hacerlo; y si era necesario, pese a su natural apacible, hablaba alto; y si no le dejaban más salida, protestaba por escrito y en informes absolutamente irrefutables, dada su solvencia. Ya ves, tú. ¡Hacer eso en los dominios del “demócrata” Sedano! ¡En el oasis feliz -alias, cementerio- del presidente Herrera! ¡Vade retro, Navarro Talegón! ¡No oses decir que la Junta no dio un euro a Toro para restauraciones, ni siquiera con motivo de la brillantísima exposición “Legados”, por la abrumadora razón de que la consejera Clemente y el alcalde Sedano “no se llevaban”! ¡Y no se te ocurra demostrar que la Colegiata se cae de puro abandono! Tú, si quieres seguir de Comisionado, sugiere sólo qué conviene, pero en voz baja, sin que lo oiga nadie y sin impacientarte por más que pasen siglos…

CUATRO. No sé de quién será la culpa de esta destitución, tan impresentable como escandalosa. No sé si la iniciativa habrá partido de Toro, donde alguno, al verse en horas bajas, quizá intente cambiar el curso de los ríos. No sé si será cosa del PP, incapaz de soportar la visión de su imagen en el espejo. Ignoro si el asunto se habrá cocido sólo en el Valladolid de los burócratas “junteros”, en cuyos despachos es leyenda que jamás ha entrado el aire fresco de la discrepancia. El caso es que el error es de los que hacen época. Pues a ver de dónde saca ahora la Junta a alguien que sustituya a Navarro Talegón y llegue siquiera a la suela de sus zapatos. Y no por los conocimientos, ojo; que por ahí siempre puede haber gente sobradamente preparada. Sino por lo más difícil, por la entrega apasionada y generosa, por el empeño en salvar el Patrimonio de todos aunque a él personalmente le costara el suyo. A ver de dónde sacamos otro así. Ese es el delito que han cometido los autores de tamaña estupidez. Nos han privado a todos los zamoranos, a los de Toro en particular, de un auténtico, de un genuino y de un inmerecido Defensor del Pueblo. Del pueblo de verdad y por la cara.

CINCO. Lástima que ya no esté Redoli. Sus amigos y los de Navarro Talegón, que seremos los mismos más o menos, tendremos que volver a reunirnos. Y esta vez, diga lo que diga el bondadoso interesado, habrá que hacerle el homenaje que hace casi veinte años no nos permitió. Ahora, ya no hay nada que perder, Pepe. Y en nuestra eterna calidad de perdedores, será un placer plantarnos ante todos estos zotes, con más pluses salariales que dedos de frente.

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salgueiro.jpgFIRMÓ: Me cuesta muchísimo creer que María José Salgueiro, consejera de Cultura, haya tenido algo que ver con la defenestración de Navarro Talegón como Comisionado de Patrimonio en la provincia. Tras su estancia en Zamora, como presidenta del Consultivo, pude apreciar en la ahora consejera inteligencia sobrada y capacidad política por encima de la media. Mi tesis, pues, es que le han metido un gol en propia puerta, aprovechando que es “novata”. Mire a ver la consejera entre los suyos: respetó el equipo de la consejera anterior y eso, en política, suele pagarse caro.

AVALARÁ: Pretende la Junta, tomándonos por tontos, presentar la destitución de Navarro Talegón como un cambio normal y cotidiano. Y será Alberto de Castro quien tenga que bailar ahora con esta fealdad suprema. Mañana lunes ha convocado a los periodistas para explicarnos el recambio. Espero del joven dirigente que no insulte en exceso nuestra inteligencia, repitiendo, por ejemplo, el cínico agradecimiento a Navarro Talegón por los servicios prestados, como ya han escrito en nota previa. Eso de agradecer los servicios prestados del recién destituido me suena a otra época, felizmente superada.

23
Sep

Resbalón de Chacón

Alguien se la ha jugado a la más guay y megachuli de las ministras del Gobierno, la superenrrolada Carmen Chacón, titular de Vivienda. A bombo y plantillo, a las mismas puertas de La Moncloa, junto a Zapatero, presentó un Plan de Vivienda enfocado hacia los jóvenes, tan novedoso y original que hasta la prensa adicta se puso a “cantar” que era una copia de otro de su antecesora. De donde cabe deducir que las prisas y el afán mediático de las superenrolladas y megaguays no siempre dan mejores resultados que el trabajo de ministras más grises pero también más serias, cual la extremeña que la precedió. Dicho sea en honor de esta segunda y en deshonor de esa primera a la que pidieron un plan e hizo un bis.

23
Sep

Vivienda

No estoy seguro de que interese a alguien solucionar el problema de la vivienda. Entendámonos, hablo de alguien con un mínimo de poder y un algo de dinero. A quien interesa, eso sí, es a la gran mayoría de españolitos de a pie. Lo que pasa es que esos, o sea, usted y yo, ya se sabe que no decidimos ni nuestros vicios: de eso se encarga la publicidad. Pero si hablamos de gente importante, que la vivienda sea barata no le interesa a quien la promueve y construye. Tampoco al banco que se colocan en medio y, vía crédito, se queda con buena parte del enorme pastel. Que circule menos dinero en el sector tampoco interesa a quienes fabrican y venden las ventanas, las puertas, el parqué… Más un larguísimo etcétera. Las inmobiliarias, que viven del porcentaje de sus compraventas, ganan más cuanto más cuesten los pisos. Tampoco a muchos políticos les interesa que bajen los precios de la vivienda y por tanto los beneficios de las empresas y por tanto las “donaciones anónimas” a sus partidos. Ni interesa a las Administraciones públicas, ayuntamientos en particular, que viven de los impuestos generados por los pisos, además de lo que les deja el impresionante negocio derivado de las recalificaciones de suelo.
Por todo eso, queridos míos, cada vez que se nota un temblor económico, por pequeño que sea, o el sector de la construcción de viviendas lanza señales de posible freno en su incesante escalada, en vez de alegría general, fuegos artificiales y vivas por doquier, lo que vemos es a la gente importante poniéndose pálida, tartamudeando y asegurando que un parón del sector sería malo, muy malo, para todo el país. ¡Hasta los de los sindicatos, oiga, claman para que no se permita el más mínimo freno de actividad en el desmesurado, especulativo y desquiciado sector constructor! No dudan en anunciar, apocalípticos, esos supuestos representantes de los más esclavizados por las hipotecas vitalicias de que se disparará el paro ante tal eventualidad. Pásmate. La cosa, en fin, es que no hay nadie con influencia a quien de verdad interese meter en vereda a un sector que ha conseguido que en algunas ciudades de este país una vivienda sea más cara que en Alemania, donde en promedio duplican o triplican los sueldos de este país. Abandonemos, pues, toda esperanza. Lo más que veremos, si hay un Gobierno con algo de sensibilidad, serán medidas como el flamante y pacato plan Chacón: toma unos euros y no seas protestón.
Vaya mundo.

16
Sep

A callar

especulacion.jpgNada cambia. El mecanismo siempre es el mismo. Alguien dice en voz alta:
-Esto pasa y pido que se investigue.
De inmediato, quienes se dan por aludidos, saltan con arreglo al férreo guión:
-Pues al Juzgado con la pruebas. Y si no tienes pruebas, a callar.
He escrito muchas veces sobre tan sorprendente exigencia. No se puede, al parecer, formular denuncia alguna sin pruebas. Como si fuese tarea del ciudadano común y corriente, de usted o mía, investigar y acumularlas. ¿Para qué entonces querríamos a los carísimos jueces y fiscales, a la policía y a cuantos pagamos para que velen por el cumplimiento de la legalidad? Si las pruebas fuesen condición previa e imprescindible en toda denuncia, apenas habría denuncias (de hecho, en algunos asuntos apenas las hay) ni los propio jueces podrían iniciar casi ninguna instrucción. Las pruebas se supone que vienen tras la denuncia, cuando quienes son competentes y saben hacerlo se ponen a investigar. Pero en los últimos tiempos, en el ámbito político en particular, ya ven. Ante de nada, te piden las pruebas. O te exigen que cierres el pico.
Ahora bien, resulta que incluso si llegaras a tener pruebas de algo o cuando menos indicios suficientes como para que el sistema judicial tomase en consideración tu denuncia, tampoco entonces podrás hablar demasiado.
-Hasta que no haya sentencia, la presunción de inocencia es sagrada. Ni se le ocurra meterse con esos que ha denunciado.
Así que, so pena de ser tu el condenado, habrás de seguir callado mientras la maquinaria judicial, célebre por su agilidad, instruye la causa, lleva a juicio y dicta sentencia.
Pero es que incluso si esto último llegara a ocurrir, si muchos años después de una denuncia hubiera sentencia de culpabilidad contra alguien, llega la tercera fase en la que hay que seguir, mucho ojo, con el pico cerrado.
-Todas las sentencias son provisionales mientras quepa recurso.
Y como recursos hay para dar y tomar, hasta llegar al Constitucional y si hace falta a Estrasburgo o a La Haya, sigue rigiendo la presunción de inocencia y no cabe acusar de nada a nadie. Así funciona la cosa. Y por eso nunca se pude decir nada, ni señalar a nadie, ni plantear apenas ninguna denuncia. Y por eso no hay un solo corrupto en la cárcel pese al tufo que apesta por todo el país.
Pero, bueno, ya saben: más vale que haya un millón de mangantes en la calle que uno solo inocente en prisión o puesto en la picota. ¿No es ese el principio que rige nuestra legalidad, particularmente en urbanismo y sobre todo si afecta a políticos y allegados? Pues amén. Y a callar

20
May

Qué potra

calvoloteria.jpgPues dice el señor Roca, ese presidiario preventivo de Marbella que antes fue asesor de la Marbella de Gilito y seguidores, que él no ha robado un céntimo, hombre; que lo que pasa es que tiene potra. Pero una potra de quitar el hipo. Le ha tocado la lotería nada menos que ochenta veces, más o menos. Vamos, la lotería, la quiniela, la bonolotto, el cuponazo y todo. Le dijo el hombre al juez que por donde quiera que iba, solía comprar billetes, boletos, lo que hubiera. Y que a ver qué culpa tiene él de ser un hombre afortunado al que le toca el gordo, no una vez, sino ochenta. Me he acordado en seguida de lo que me enseñaron de pequeño:

-Todo exceso es malo, hijo.

-¿También lo bueno?

-Lo bueno, lo peor. Mira el vino, con lo rico que es, que hasta los señores curas lo usan en la misa. Y sin embargo, en cuanto algunos se pasan…

Pues con la potra igual. Todos deseamos tener potra y que te toque el Gordo o la Primitiva con bote. Estarán conmigo en que es algo buenísimo, inmejorable, el sueño de cualquier espécimen humanoide. Pero ahora supongan que les toca una vez y luego otra, y después otra, y así hasta ochenta… Empezarán a tener serios problemas, porque no hay exceso bueno y todo el mundo empezará a sospechar que algo raro pasa.

-Vaya, vaya. Así que todos los meses le toca la lotería. ¿Y no será que compra usted boletos premiados para “lavar dinero” ilegítimamente obtenido?

-¡Por el amor de Dios, claro que no!

-¿Y a qué dice usted que se dedica?

-Al urbanismo municipal.

-Y en Marbella, ¿no?

-Correcto.

-Menuda potra.

-Justamente lo que le estaba diciendo. Que es pura potra lo que tengo, señor juez.

Lo que le ha ocurrido a ese hombre bien pudiera ser que le estuviera pasando a otros muchos. O sea que también, váyase a saber por qué prodigio, les esté tocando la lotería cada dos por tres a cuantos se relacionan con el urbanismo por esos pueblos y ciudades nuestros. Eso, desde luego, explicaría muchas cosas, como la que usted y yo siempre hemos venido sospechando: las loterías, hombre, están manipuladas. Si no, ¿cómo es que le toca siempre a unos cuantos y nunca a gente como usted o yo? A ese Roca ya le quitaron en su día los caballos, así que habrá que birlarle ahora la potra. O sea, a él y a todos esos otros que usted y yo sabemos. Y como comprenderán, ji, de lo que menos estoy hablando es de Marbella, que a mí qué.

06
May

Lavanderas

pantoja.jpgSoy tan viejo que aún recuerdo perfectamente aquella estampa medieval -¿o sólo es de hace dos o tres décadas?- de las mujeres lavando a las orillas del río, arrodilladas sobre las banquetas y frota que te frota sobre la superficie ondulada de los lavaderos. Por fortuna, en estos tiempos ya no se lava de tan esforzada manera. Ahora hay máquinas que facilitan la tarea. Vamos, salvo que se trate de lavar dinero; porque eso, al parecer, se sigue haciendo a mano y por parte, no de lavanderas, sino de testaferros o gente aún más fina. Lo deduzco, o sea, de las noticias, porque yo de esas cosas, como comprenderán, no estoy muy puesto que digamos. A mí me pasa más bien como aquel rico de pueblo que fue a comprar un piso, le pidieron una parte en dinero negro y el hombre, confuso, sacó del bolsillo un fajo de billetes y dijo:

-Pues es que yo, perdone usted, todo el dinero lo tengo de este color.

El caso, en fin, es que estaba el otro día viendo las noticias de la tele mientras comía, cuando salió lo de la Pantoja presidiaria, dijeron que los cargos contra ella era por blanqueo de dinero y mi hija Gema, que tiene nueve años y está a todo, me preguntó:

-¿Qué es blanqueo?

-¡Uf! ¡Anda, come!

Cuatro frases después, en la tele volvieron al asunto y empezaron a hablar del lavado de dinero en Marbella. Y Gema volvió a la carga:

-¿Cómo se lava el dinero?

-¡Uf!

-¿No sabes?

-No sé cómo explicártelo.

-No sabes.

-Está bien, lo intentaré. Mira, hay gente que gana dinero de mala manera, no de forma honrada. Y después, para disimular y que parezca que sí lo han ganado sin hacer nada malo, pues hacen cosas raras para que todos crean que lo han ganado honradamente… ¿Has entendido algo?

-Sí.

-¡Anda ya! Si no lo entiendo ni yo…

Pensé en ese momento en las antiguas lavanderas a la orilla del río. Las imaginé frota que te frota, no las sábanas, los calzoncillos del maromo o la demás ropa de antaño, sino cubos llenos hasta arriba de billetes. ¡Lo solicitados que estarían sus servicios, oye, en estos tiempos de dinero sucio a más no poder por todas las esquinas urbanísticas de este país!

-¿Por qué te ríes, papá?

-Cosas mías. Anda, come.

26
Mar

Los técnicos

Que no se enfade Macías si ve que nos fijamos en lo que han dicho los técnicos sobre el turbio asunto del nuevo edificio municipal de diamantes. No es por tocar, don Angel. Al contrario. Es por lo que hemos aprendido en esta larga docena de años en compañía de usted y del más silente de los alcaldes jamás conocidos. Porque, oye, cada vez que en esta larguísima etapa ha habido una turbulencia, polémica o molesto moscón tras la oreja, han salido ustedes, mayormente Macías, a decir, papeles en mano…

(Artículo completo en ZAMORA) 

22
Feb

Tren y bici

bicicleta.jpgA mí, como buen peatón, me parece guay del paraguay cuanto vaya contra el automóvil. Así que, oye, me alegró leer el otro día en un diario que “El Gobierno fomentará el uso del tren, el barco y la bici frente a los coches”. La alegría, eso sí, me duró cuatro segundos; hasta que caí en la cuenta de la provincia que me ha tocado en suerte. Porque en Zamora lo del tren, pongo por caso, está más cuesta arriba que el mismísimo barco. No se ría, hombre, que es verdad. Un barco, con la de ríos que tenemos, se pueden preparar, armar, fletar o como se diga, en cualquier momento. Pero el tren, lo miren por donde lo miren, desapareció de nuestras vidas hace muchos, muchos años. Renfe, aquella entrañable compañía ferroviaria, se transformó un día en inmobiliaria y, chico, no ha vuelto a pasar por sitios como este un mal tren a buena hora hacia ningún lugar de utilidad. Ahora hablan mucho, sí, del AVE, pero incluso eso lo que significa es que nunca volveremos a tener un tren. El AVE es otra cosa, un avión que vuela bajo. Y ya ves tú para qué vamos a querer nosotros aviones por aquí. Quienes piden u ofrecen AVE son los últimos que quisieran volver a tener tren. Ese tren, el del tren propiamente dicho, lo perdimos sin remisión. Nos queda, ya digo, lo de volver a remar por los distintos ríos, si de verdad el Gobierno se empeña en salvar el planeta, poniendo coto a los destructivos automóviles? que tan imprescindibles nos resultan, a mí el primero.
-¿Y la bici, jefe!
¡Ah, la bici, sí, es verdad! He ahí un bonito tema para los candidatos electorales. Yo no acabo de entender que con la progresiva peatonalización de las ciudades, no avance al mismo ritmo el uso de las bicicletas. O sí lo entiendo, vamos: nadie piensa en ellas y las calles que se recuperan son solo para el peatón de zapatilla. Pero éste, creo yo, no necesita las calles al completo, al cien por cien. ¿No sería lógico que las nuevas calles peatonales se diseñaran todas, sin excepción, con su carril bici de doble dirección? Paseantes y bicicletas siempre han convivido sin conflictos, se complementan a la perfección. Así que, ¿por qué las zonas peatonales no empiezan a ser, de un vez, zonas aptas para el uso de la bici? Más aún cuando se trata de ciudades o pueblos como los que nos gastamos por aquí, tan entrañablemente de bolsillo.
Resumiendo: El futuro de nuestros transportes pasa por la bici. Por el tren no, ni de broma. Por el barco, quizá, si nos diera por ponernos. Por el coche, ya pasó, pasa aún, pero difícilmente pasará. Anótenselo, por si les sirve, los señores candidatos o sus asesores. Para su “modelo de ciudad”.

06
Feb

Sssssss……….

(Hoy es el Día sin Móviles. Ni se te ocurra llamar al mío, lo tengo apagado. Soy peatón, así que me apunto a cualquie combate contra los abusones que van a caballo y nos atropellan…)

05
Feb

Una ciudad emocionante

    En aquellos tiempos, el alcalde que durante más tiempo aguantaron los zamoranos en toda su legendaria historia llegaba a su última atapa y antes de irse decidió emprender un último proyecto urbano que fuera distinto e inolvidable. Así lo expuso a sus fieles durante la celebración de una Junta de Gobierno.
-Quiero que me ayudéis a pensar en una última iniciativa que ayude a esta ciudad, más allá de nuestro mandato y que sea distinta a todo lo que hemos hecho en esto casi doce años.
-Podemos convocar un concurso de ideas -dijo el jovial portavoz, más que nada no quedar callado.
-¿Y si tiramos fuegos artificiales una semana seguida a modo de despedida? -propuso el concejal de festejos.
-Mejor, organizamos el primer Maratón que lleve su nombre, para que se celebre todos los años recordando por siempre a nuestro mejor alcalde -propuso el del Deportes.
-Lo que nadie olvida nunca es una tasa o impuesto. Inventemos uno nuevo -dijo el concejal de Hacienda.
-O, mejor… -empezó a decir el responsable de Urbanismo.
Pero no acabó la frase, porque el alcalde dio en ese momento un buen puñetazo sobre la mesa.
-¡Ya vale! ¡Vaya sarta de tonterías que he oído en poco rato! ¿Cree alguien que quiero despedirme con una nueva tasa o haciendo correr a mis votantes, con lo mayores que son; o gastando el dinero en fuegos de los que al día siguiente no se acuerde nadie… Uno cosa es una tormenta de ideas y otra una diarrea mental colectiva. A ver si nos centramos. Se trata de pensar en qué necesita esta ciudad pequeña, envejecida y triste, a la que no viene nadie salvo en la semana de tristeza por definición, que es la Semana Santa. Hay que volver divertido y emocionante venir a Zamora. Ese es el reto y por ahí quiero las ideas…
Por unos minutos reinó un tenso silencio y pudo verse a algunos ediles empezando a sudar, dada su falta de costumbre en eso de darle al coco. Al fin, se atrevió a alzar la mano, no sin nerviosismo, el concejal de Tráfico.
-A ver, ¿qué se te ha ocurrido? -preguntó, no sin inquietud, el alcalde.
El edil carraspeó, se frotó las manos, se acarició el mentón y arrancó:
-La gente hoy, para salir de casa, lo que busca es aventura. Y yo creo que nadie viene a Zamora porque es pequeña y previsible, sin margen para ningún tipo de sorpresa. No podemos hacer nada con lo de pequeña, salvo seguir el con el sabio urbanismo de extrarradios que ya hemos puesto en marcha. Pero con lo de previsible…
-¡Venga, acaba! -le apremió el alcalde.
-Yo creo que podíamos cambiar de dirección las calles cada dos por tres, sin más ni más, sin avisar más que lo justo. Así, todo el mundo se perdería, al menos en sus primeras visitas. Y todos sabemos que al perdernos, las ciudades nos parecen mucho más grandes y sobre todo, eso no me lo negará nadie, más emocionantes, con riesgo y aventureras…
Calló el edil de Tráfico y se encontró con las miradas estupefactas de todos sus colegas de la Junta de Gobierno, alcalde incluido. Las miradas iban también hacia éste último, en espera del previsible estallido ante la nueva majadería. Pero de pronto lo que el alcalde soltó fue una carcajada, se levantó a dar una palmada al concejal y exclamó con voz risueña:
-¡Sí, señor! Eso es lo que yo llamo una idea brillante, distinta y de las que pueden transformar una ciudad entera. Puede que no funcione, pero desde luego no nos va a costar un céntimo comprobarlo. Así que a ello, quiero que a partir de ahora el sentido del tráfico en las calles sea aleatorio e imprevisible.
El portavoz municipal se rascó la frente:
-¿Qué quiere decir aleatorio, por si me preguntan los de la prensa?
Pero el alcalde ya se había levantando, los demás lo hacían y nadie le hizo caso.
No sabemos si en verdad pudo lograrse el objetivo de incrementar la animación, turismo y atractivo de la ciudad con aquella audaz idea. Pero sí que han quedado huellas de que se puso en marcha abiertamente y sin tapujos, pues en las hemerotecas consta- y más en concreto en la de LA OPINIÓN, de fecha 31 de enero de 2007- que un estudio cartográfico demostró que en el año 2006 no hubo ciudad en toda la región -y acaso en el país- que registrase una tasa tan alta de cambios de sentido en sus calles como registró Zamora en aquel último año completo en que fue gobernada por su regidor más duradero.