Archivos para la Categoría 'SIGNOS DEL TIEMPO'

02
Oct
08

La crisis: CASINOS

Me dio una temporada por “jugar” a la Bolsa. Cantidades ridículas, como comprenderán, dado mi “nivel”. Pero me resultó la mar de instructivo. Puede comprobar, no sin un asombro infinito, que aquello nada tenía ver con lo que yo creía y con lo que estudié un día sobre sociedades anónimas, acciones y el significado para el tejido empresarial de los Mercados de Valores. Nada de su sentido original tenía ya el invento, reconvertido en un templo de especulación pura y dura, en el que solo había posibilidades de “pillar” algo si estabas todo el día encima de las cotizaciones y procurando mirar, no lo que valían las empresas, sino las maniobras de los grandes “tiburones” para intentar ir a su estela. Los amigos se burlaban de mi etapa bursátil:

-¿Pero te has hecho inversor?

-De inversor, nada. La Bolsa es el más gigantesco de los casinos y yo, por tanto, me limito a “jugar” en él.

Y eso es en verdad hoy en día el “sistema financiero internacional”, ese que está reventando, por fortuna para los que no somos jugadores profesionales. La Bolsa en particular; todo el sistema financiero en general, funcionan como un casino inmenso y legalizado, en el que, eso sí, los grandes jugadores redactan el reglamento a su medida y se permiten todas las trampas habidas y por haber. Por eso, por ejemplo, es posible que pueda darse ese incomprensible –y silencioso- escándalo cotidiano de que la casi totalidad de los fondos de pensiones no paren de perder dinero, ni aunque están invertidos en “Renta Fija”. Los jugadores o bancos han hecho que también esa Renta cotice, porque era demasiado dinero para no jugar con él. Y cotizar quiere decir que las eventuales ganancias se las anotan los que juegan o administran los fondos, mientras las pérdidas son, claro está, para los tontos que no sabemos jugar ni entendemos nada de la jerga que se traen los del casino internacional.

El dinero es una convención. Un instrumento inventado para no tener que andar cambiando cosas reales o para no moverte cargado de oro, joyas u otros objetos de valor intercambiable. Por tanto, es sencillo de entender y lo saben usar hasta los tontos. Cuando, en consecuencia, nos imponen un tipo de sistema financiero que solo entienden cuatro expertos, lo lógico es desconfiar. Nos han estado robando la cartera. Y como la codicia rompe el saco, el saco se les acaba de romper. Esta crisis pueda que también suelte algún cascote sobre nuestras cabezas. Pero en general, a mi no me produce depresión, sino lo contrario. Y me opongo con fiereza, desde luego, a que, como intenta Bush y aplauden tantos, ayudemos a reconstruir esos casinos que por fortuna han empezado a reventar.

15
May
08

Labrador

Otro que va a acabar pronto en el paro, tú, va a ser el santo de hoy, Isidro, el labrador madrileño. Ya puede la iglesia empezar a buscarle un nuevo patronazgo, si no quiere que nos olvidemos de él. Hace décadas que empezaron a fumigar, como quien dice, a los de ahí fuera, a los del campo, que ya no se llama así sino Medio Rural. Cuando aún se llamaba campo, estaba lleno de vida, de agricultores, de ganaderos. Todo el mundo, en realidad, vivía en el campo, porque solo del campo se podía vivir. Las ciudades son un invento reciente. Lo malo es que cuando solo había campo ya existían los castillos. Y estos se revelaron pronto como el nido próspero de los primeros intermediarios.

-¿Esta porquería es la mitad de la cosecha que tenéis para entregar al señor que os protege desde el castillo?

-Es que este año, las lluvias han venido malamente, jefe.

-¡Que le den veinte a azotes a este por hablar!

Después de los castillos llegaron las ciudades. Y los de las ciudades dijeron a los del campo:

-¡Pero qué inútiles sois para vender! Anda, dejad aquí vuestros productos y nos encargamos nosotros de venderlos y de daros una buena parte.

Y los del campo, que nunca se sentían gusto en la ciudad, que amaban solo las músicas y la piel desnuda de la tierra, con tal de quitarse de encima el engorro de vender, hicieron caso y dejaron sus productos en manos de los “ciudadanos”. El origen de eso es remoto. Y la cosa no ha parado de evolucionar. En la actualidad las ciudades siguen vendiendo los productos del campo, pero nadie sabe de qué campo se trata. Pues los pueden traer de las antípodas, del otro lado del océano, de las más lejanas estepas, de algún oasis escondido en un desierto. Y a los del campo más cercano, a los que aún quedan a nuestro alrededor, les dicen, meneando la cabeza, los poderosos intermediarios de la alimentación:

-¡Sois demasiado caros! Lo vuestro se consigue por una cuarta parte en medio mundo. Dedicaos a otra cosa, porque para esto no valéis…

-¿Para pasar hambre? Claro que valemos. Pero no nos da la gana.

Y por eso apenas van quedando agricultores. No sé cómo lo verá el patrón del gremio, San Isidro Labrador. Pero pronto la gente creerá que lo de Labrador solo es su apellido. Y que en realidad es el inventor de las corridas de toros de Las Ventas. Eso si no acaba en el paro, al desaparecer el campo propiamente dicho. Porque para el Medio Rural que existe ahora, donde en vez de campesinos hay excursionistas y algún que otro amante titulado del escarabajo pelotero, se necesita un patrón distinto y “como” más posmoderno, ¿no?

03
Abr
08

Avería en el casino

bolsa.jpgDe lo que más se hablará en el futuro inmediato es de números. Me refiero al ámbito de la política. Dejamos atrás una legislatura muy de letras. Como la economía iba bien, como había muchos que se forraban, los políticos dedujeron que esto era Jauja. Y se dedicaron, faltos de preocupaciones, a la “lírica”, a enredar. Los unos inventando problemas donde no los había, como el guirigay aún no cerrado de las reformas estatutarias que nadie pidió y cuyas consecuencias se empiezan a pagar. (Véase a los catalanes gimiendo ahora porque no tienen agua, como si ellos no tuviesen nada que ver con la creación de un país insolidario, egoísta y encerrado en intereses autonómicos que impiden la ejecución de políticas estatales básicas). Los otros, llevando al país a tensiones límite que lo han partido en dos, por no ver más allá de sus barbas electorales.

Pero ahora llama una crisis económica a la puerta y los políticos van a tener que dejarse de versos y sacar las calculadoras. Jauja se está fastidiando. Resulta, mecachis, que nadie había previsto que un día se dejarían de vender en este país tantas viviendas cada año como en el resto de Europa y a precios cada vez más escalofriantes. Resulta, oye, que empiezan a derrumbarse los castillos de naipes inmobiliarios y bancarios, edificados al olor de la pasta gansa que movía el ladrillo. Resulta que los que ayer alardeaban de ganar millones en cuatro días, ahora gimen porque no pueden pagar sus gigantescas deudas y piden una ayuda pública por caridad… Y a todo esto, el petróleo que tanto iba a bajar invadiendo Irak está más allá de las nubes, los chinos siguen creciendo porque todo lo hacen cien veces más barato que por aquí, etc., etc. Que vienen mal dadas, vamos. Y que no tardaremos en ponernos nerviosos y exigir a los políticos que se dejen de poesía y nos hablen de la pasta.

Así que entramos en tiempo de números, de contabilidad, de cuadrar cuentas que de repente se van a descuadrar. En realidad, nada nuevo. Nada que no hayamos vivido. Lo curioso, eso sí, es la cara de idiotas que se les pone a algunos “triunfadores” de ayer. Aquí abajo, en realidad, entre los peatones, no creo que notemos tanto como dicen esta crisis de origen “virtual”. A nosotros, oiga, nunca nos dejaron entrar al enorme y engañoso casino en que han transformado la economía. Así que no nos vengan ahora con que tenemos que pagar entre todos esas tragaperras que les empiezan a explotar. Y esperemos que los políticos, ocupados en atender a los ricos en apuros, carezcan de tiempo para enredos. Tiempo de economía, pues.

22
Mar
08

El turista religioso

ssanta-zamora.jpg

Ahora todo se “turistiza”, tío. Vamos, que todo sirve para ese fenómeno llamado turismo. Hasta las religiones (me gusta decirlo en plural, para que nadie olvide que esa palabra jamás se ha conjugado en singular, pese a que todos los “fieles” están convencidos de profesar la única verdadera). Leo en un diario, de pasada, el término “turismo religioso”, aplicado con absoluta naturalidad y cavilo sobre ese fenómeno que todo lo asimila y al que todo parece servir, cual es el turismo.

Lo cierto es que viajar ya no se viaja; nos desplazamos. Pero a tal velocidad que ha dejado de existir lo que hacía más bello el viaje, que era el trayecto, los lugares por los que pasabas, la gente que ibas encontrando. Al desaparecer el trayecto y existir solo la meta es cuando surge el turismo. El turista siempre tiene prisa, por más que sea la expresión contemporánea del ocio. Así que, además de desplazarse a toda velocidad, ha de saber en cuanto llegue al destino qué puede hacer, qué debe ver, a qué ha llegado. De hecho, lo quiere saber de antemano y solo viaja cuando sabe ya qué va a ver, qué días y con qué horarios. Y ahí despliega todos sus abanicos el moderno concepto de turismo.

Estos días, asistimos a la apoteosis del flamante “turismo religioso”. La gente llega a ciudades como Zamora para ver sus procesiones y para decir, cuando en años sucesivos las vea por la tele o lea referencias en otros medios: “Yo estuve allí”. Con la misma actitud, en el fondo, que quienes van un año a las Fallas, o a los Sanfermines, o al Carnaval de Venecia. Se trata de coleccionar experiencias, según expresión de moda. No se trata, en modo alguno, de participar en unas ceremonias religiosas, que ya, en sus actuales dimensiones, difícilmente se entienden despojadas de su halo turístico. Y pienso que son estos fenómenos sociales los que de verdad deberían preocupar a todos esos que tanta energía derrochan para luchar contra anécdotas como la Educación para la Ciudadanía, la enseñanza de la Religión en la Escuela o la anuncios “laicistas“ de un Gobierno, bien poco laico de hecho. A La Meca viajan todos los años mareas humanas de millones de musulmanes, pero nadie ve ahí “turismo religioso” Aquí sí, cada vez en mayor grado y no solo en Semana Santa: las iglesias, las catedrales se visitan ya más como centros culturales u obras de arte que para utilizarlas con el fin para que el que fueron concebidas. ¿Por qué? Bueno; será por eso que cito tan a menudo de que la naturaleza aborrece el vacío: cuando una religión pierde su alma, el hueco lo ocupa con rapidez el turismo. Y hasta aquí.

20
Mar
08

A propósito del paraíso

zamora-palomar.jpgLa gente no vive donde quiere, sino donde halla trabajo. Por eso, en cuanto llegan días libres o vacacionales, las carreteras se atestan de coches. Son los que huyen del lugar en el que no tienen más remedio que vivir, pese a que vivir en ellos no es vida: si lo fuera, no huirían como almas que lleva el diablo. A la gente, a mucha gente, le gustaría vivir en alguna provincia como las mías (Zamora, Salamanca). Pero no pueden, porque en ellas hay trabajo para cuatro. Si hubiera trabajo para más, para cuarenta veces cuatro, entonces esas provincias y sus similares serían como Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla… En cuyo caso vendría mucha gente a vivir solo porque aquí hallaría trabajo, pero no sería ya su destino ideal y escaparía en cuanto tuviese dos días libres y gasolina para el coche.

De donde se infiere, que más que el lugar –no hay que ser “chauvinistas”-, lo que ahuyenta o atrae a un lugar es la densidad de población o su contrario. A todos nos falta aire cuando la compartimos con un exceso de gente. Una de las leyendas urbanas más clásicas de provincias pequeñas reza que manos ocultas, poderosos caciques se han juramentado desde siempre para que aquí no puedan asentarse grandes industrias. Pues estas traerían más población, más contaminación, más ruido, más conflictos y más, en fin, de todo lo que nos convertiría en una de esos lugares de los que sus habitantes huyen despavoridos en días como estos. Es pura leyenda urbana, mentira de cabo a rabo. Pero a mucha gente le parece verosímil y eso es sintomático.

El paraíso no es un lugar, sino unas condiciones que, se den donde se den, hacen atractivo ese punto concreto: un clima adecuado, una baja densidad de población, un cierto nivel económico, ausencia de conflictos… Intuimos desde la infancia que el paraíso está justo un poco más allá de donde nos encontramos. El niño ve el paraíso en la edad adulta. El adulto lo ve en la infancia. El que vive en un pueblo, lo ve en la ciudad. El de la ciudad, lo ve en el campo. El de la gran ciudad, lo intuye en los extrarradios residenciales… Salamanca o Zamora se llenan a menudo de visitantes que ven en ellad el paraíso perdido. Los que viven aquí piensan en cambio que el paraíso está donde viven los visitantes, con más trabajo, más riqueza y más actividad. Los de Occidente no vivimos mal, por lo general, y de ahí que el paraíso no nos parezca algo utópico: lo que pasa, mecachis, es que siempre nos pilla un poco más allá. De ahí esa barbaridad de los millones de “desplazamientos” que tanto agobian, en días como estos, a las autoridades de Tráfico. Es nuestra incansable búsqueda del paraíso: siempre en lugar distinto al que nos tocó.

18
Mar
08

La escapada

escapada.jpgEn este mundo pecador, si no aprovechas estos días para hacer una escapada, como mínimo a una playa, a poder ser a las antípodas, eres un “pringao”. No paro de toparme con anuncios que me tientan con el viaje que a buen seguro estoy necesitando “para descansar”. ¿De dónde sacarán los publicitarios que yo ande cansado? Vamos, ni yo, ni casi nadie. Porque a la mina hemos dejado de bajar. Y trabajos físicos, duros, quedan algunos, no lo ignoro; pero quienes los hacen son, justamente, los que menos probable será que puedan pegarse una escapadita de lujo. Está todo tan de al revés, que los que más trabajan son precisamente los que menos ganan. Y los que menos trabajamos, puede que estemos aburridos y nos apetezca, si podemos, ir a dar una vueltecita al mundo. Pero, hombre, tanto como para descansar… Cansan más los viajes que el trabajo.

Con tal de sacarnos del bolsillo el poco dinero que nos queda tras pagar cada mes la maldita hipoteca, los publicitarios, eso sí, hacen lo que sea. En un anuncio hasta me dicen que ellos me buscan todos los destinos posibles para que yo no me “estrese”. Joer. ¿Habrá quien tenga “estrés” por ponerse a mirar folletos o visitar agencias de viaje? ¡Pero si a veces es eso más divertido que el viaje en si! ¡Pero si buena parte del placer de un viaje reside en los preparativos! Para mi que todo obedece a un plan oculto para convertirnos en vagos redomados. No paran de inventar chismes para que no peguemos un palo al agua. A falta de quehaceres más sustanciosos –porque todo lo hacen los robots o las laboriosas “hormigas” de países que no vemos-, cada vez hay más gente dedicada a que lo pasemos bien y no tengamos que molestarnos con nada. Es la repera adónde lleva el desarrollo cuando crece desmedidamente y al tuntún.

Y no digo que no nos tiente a todos la escapada, pese a que la vida cotidiana sea ya, en buena medida, evasión. Lo que pasa es que no hay donde escapar desde hace tiempo, como saben los que viajan. Todos los lugares son este lugar. Y nadie descubre a estas alturas otros mundos que los que acierte a llevar consigo. Por eso me estoy burlando de los “tics” cansinos de la publicidad. En Semana Santa, cabe una de dos: o se cree y se celebra en lo que es –luto y penitencia- o no se cree y entonces no hay nada que celebrar. Las playas, los viajes y las “vacaciones” son inventos de la publicidad (para la que todo el año, si se fijan, es tiempo de playa, de viajes, de consumo y de “descansar”). Dicho lo cual, pásatelo bien.

19
Feb
08

El beso

beso-gallardon.jpgLos medios de comunicación se han empeñado en que Gallardón y Aguirre se han dado un beso. Si lo discutes, te replicarán:

-Mira la foto, tío; está en todos los periódicos.

Y si lo sigues discutiendo, te volverán a decir:

-Mira los vídeos, tronco. Si te lo perdiste en la tele, Internet está lleno de ellos; del beso de Aguirre y Gallardón.

Bueno, pues yo he visto las fotos, vi las imágenes de la tele y he visto después las grabaciones que circulan por Internet y digo que no he visto beso alguno. ¿O será que el beso no es ya lo que uno pensaba? Porque lo que se ve, tu, es que ambos, el alcalde de Madrid y la presidenta de esa Comunidad, se da la manita y se tocan las mejillas, sin acercar, ni por asomo, los labios a sus respectivos mofletes. Por lo demás, algo lógico, teniéndose el cariño que es público y notorio que se tienen.

A lo que voy, no obstante, no es a lo que pase entre esos dos, sino al empeño de mis colegas de gremio en que hubo un beso; y antes de que lo hubiera, a su empeño en que se besaran dos que se odian. ¿Por qué? Es la ley de hierro de la era de la imagen. ¿Qué imagen es la más valiosa? La que sea más inesperada, antinatural o chocante. Pero como esa imagen, por su rareza, puede surgir solo de guindas a brevas, se pide a voces, se provoca y llegado el momento se grita que sucedió… aunque no sea del todo así.

Desde que las televisiones irrumpieron en el mundo de la información, esta ha ido derivando al espectáculo y en la política sus efectos están siendo letales. Siempre se dijo que sin información no era posible la democracia. Habrá que empezar a decir que ahora, ya, en el presente, la conversión de la información en espectáculo priva al votante de información, lo convierte en espectador vulnerable y poco a poco la democracia se va transformando en esto que vemos: como ya se necesita brillantez intelectual para obtener votos, la necedad sube enteros entre quienes nos mandan y representan.

Me he fijado en la anécdota del beso que nunca existió, pero más sintomático es eso otro de que la información electoral que vemos en los telediarios no la elaboran los medios ni los periodistas, sino los aparatos de propaganda de los dos grandes partidos. Estos, en efecto, envían ya “editada” la información de los mítines. Y los medios televisivos, en vez de tirarla a la basura, la emiten encantados porque así se ahorran una pasta en periodistas y cámaras. Ante tales paisajes, ¿seguro que estamos en un sistema democrático? ¿Puede existir ante esta clamorosa ausencia de información y omnipresencia de propaganda y espectáculo? Dejo abierto el debate.

25
Ene
08

Las dos vacas

vacas.jpgNo es que uno vaya de religioso. Pero de vez en cuando conviene acudir a la Biblia, que no deja de ser un libro antiquísimo y de autor colectivo: se le presupone, por tanto, un depósito implícito de sabiduría ancestral, creencias al margen. Y en ese libro, en el Génesis, se cuenta la historia de un faraón que tuvo un sueño inquietante. Vio cómo siete vagas gordas eran devoradas por otras tantas vacas extremadamente flacas. Desconcertado, convocó a los adivinos y agoreros más afamados del país, pero ninguno supo interpretar satisfactoriamente la pesadilla. Ante tal circunstancia -sigue narrando el libro- el faraón hizo comparecer ante sí a José, hijo de Jacob y Raquel, que se hallaba en prisión. Y fue éste quien le explicó que las siete vacas flacas simbolizaban los siete años siguientes, que serían de abundancia y prosperidad, mientras que las siete vacas flacas representaban la escasez y penurias que habrían de hacer que se olvidara la abundancia anterior durante otros siete años.

He querido recordar la antiquísima fábula, porque vuelve a hablarse por todas partes de “vacas flacas” y no sé si todo el mundo recuerda con nitidez el origen de la expresión. La cual ha hecho fortuna, no por azar, sino porque en efecto suele suceder que haya alternancia entre épocas malas y épocas buenas, tiempos de prosperidad máxima y tiempos de penuria extrema. Pero conviene no dejarse arrastrar por las histerias del mundo moderno, ávido de desastres y turbulencias. Uno, por más que se fija, no ve por el momento “vaca flaca” alguna o amenaza de penurias extremas en derredor. Solo se está produciendo el “meneo” periódico que los mercados financieros necesitan para funcionar. Es imposible que las Bolsas suban por siempre sin parar, porque todo tiene un límite, incluido el de las masas monetarias mundiales que hacen funcionar ese inmenso casino virtual. Por eso, de vez en cuando, han de “hundirse”. Para después, cuando se han eliminado los excesos de sobrevaloraciones, volver a empezar, volver a subir. Pero eso, por más que insistan los interesados, tiene poco que ver con la economía real, con lo que pasa en la calle, con que nos volvamos más pobres de verdad. Y el otro dato que hace mentar las vacas flacas, el parón inmobiliario, afectando ya a la economía real, no está menos justificado que el bursátil. Sencillamente, era un sector pasado de “revoluciones” y una de dos: o explotaba o daba un frenazo. Por fortuna, “solo” ha frenado.

Así que las vacas flacas, si llegan, serán muy distintas a las que muchos anuncian estos días. Lo que hay ahora son dos vacas que, de tan obesas, han tenido que ponerse a régimen para no reventar. Por así decir.

12
Oct
07

Banderas al viento

banderas.jpgSiempre me ha sonado raro eso de “La Hispanidad”. No sé qué significa. Aunque intuyo que tendrá algo que ver con lo otro que también se decía antaño de tal día como hoy: El Día de la Raza. Esto, claro, ya no se dice porque resulta fuerte. Pero no estoy seguro de que Hispanidad signifique algo distinto. Por ser hispano, yo no soy mejor que mis vecinos portugueses o la sufrida gente del Magreb o esos hermanos que vienen la América hispanizada o cualquier otro, en fin, de cualquier otra zona, país o continente.

Lo de la bandera, tampoco es que “me ponga” mucho, para qué nos vamos a engañar. Además, no puedo dejar de pensar que todo es relativo y que si en su momento no hubiera habido un detestable levantamiento militar y una larga y sangrienta guerra posterior, la bandera del país sería otra. Parecida a esta, pero otra; con la franja morada esa que la República añadió como homenaje especial, por cierto, a Castilla y su pendón.

Ni siquiera me emociona eso de la nación, de la fiesta nacional, de la palabra patria y aledaños. Me gusta el país en su conjunto, me identifico con él, me encanta ser de aquí y no de cualquier otra parte. Pero nunca ha visto nada que no sea meramente instrumental, utilitario, en lo de las naciones, las fronteras, los himnos o las banderas. Los estados nacionales no son más que formas de organización, como lo fueron las tribus, los reinos, las regiones. Y creo, por eso mismo, que solo sirven para lo que sirven y que lo lógico es que vayan disolviéndose en algo mayor, hasta que lleguemos a un sistema más efectivo y global. Lo que me pide el cuerpo, en consecuencia, es celebrar una fiesta mundial y no solo nacional.

Y por eso precisamente, porque entiendo que las naciones son inventos a superar, ahora que en el mundo se van anulando todas las distancias, me parece el colmo de la estupidez que algunas quieran llevarnos hacia atrás, recreándose en fragmentaciones cada vez menores. Los nacionalismos son anacrónicos, partes “rayadas” en el vinilo de la historia. Las banderas nunca han sido otra cosa, desde su mismo origen, que señales a seguir por los guerreros para no equivocar bando en la batalla. Así que yo celebro gustoso la fiesta nacional de mi país, porque me gusta éste y me gustan las fiestas. Pero no voy a sacar la rojigualda por el balcón, como quiere don Mariano Rajoy Brey. Como mucho, si la tuviera, sacaría acaso la bandera de la ONU, a falta de otra más “mundial”. ¿Me convertirá todo esto en un traidor?

12
Oct
07

Las fogatas

Vivimos tiempos inseguros. Piden vigilancia desde los hospitales para que los pacientes impacientes no amenacen o arreen a sus médicos, a sus enfermeras, a los celadores que los atienden. Ya no se respetan ni las batas blancas, con lo que eso era. Cuentan y no paran desde el sector sanitario sobre el número creciente de agresiones que padecen. Piden vigilancia desde los centros educativos, donde los profesores miran con progresivo temor a los alumnos, cada vez más consentidos; y se teme a sus progenitores, o a la parentela al completo. Cuentan y no paran desde el sector educativo sobre el número creciente de agresiones, de acosos, de ninguneos que padecen. Piden vigilancia los comerciantes, porque cada vez detectan más y más amigos de lo ajeno, como esos que la otra noche volaron la trapa y la puerta de cristal de una tienda en pleno centro de mi ciudad, aunque sin llevarse género porque el estruendo inicial hizo que algún vecino alertase a tiempo a la policía. ¿Cómo no van a plantearse los de esta calle, como los de otras, vigilancia permanente, aunque tengan que pagarla de sus bolsillos? No se pueden dejar solos, sin vigilancia, ni los parques, las plazas o los bosques, pues al día siguiente aparecerán “desamueblados”. Todo el mundo, yo el primero, pide vigilancia, más guardianes, más seguridad. Diríase que si el Gobierno atendiese cuantas peticiones de vigilancia se le hacen cada día y si el país pudiese costearlo, a estas alturas la mitad de los españoles seríamos policías encargados de proteger o vigilar –escojan lo que quieran- a la otra mitad

Tiempos inseguros, pues, donde los haya. La masificación urbana, la despersonalización de los lugares públicos de convivencia, la nueva etapa de las migraciones internacionales… Eso, entre otras cosas, late al fondo, como origen de todas estas inseguridades y violencias. Cada vez hay más gente que no ve en el otro a quien trata de ayudarle o a un igual, a un pariente, a un hermano de penas y de especie; ve a un competidor o a quien tiene lo que él ansía o a un indeseable que solo sirve para fastidiarle. Recuerden, por contraste, cómo eran las cosas en la sociedad rural de la que en una generación hemos sido expulsados. En los pueblos todos nos conocíamos, todos éramos más o menos familia, no existía el forastero. Por eso era tan rara la delincuencia, la inseguridad; por eso se desconocía la violencia o el gamberrismo, en sus términos actuales. La ciudad despersonaliza, nos aísla a unos de otros, quiebra los férreos lazos tribales que teníamos antaño. Si en los pueblos nos conocíamos todos, en la ciudad nadie conoce a nadie. Y al menor roce, salta la chispa que prepara las fogatas.

Si juega usted en Bolsa a largo plazo, invierta en empresas de seguridad privada. Tal y como están las cosas, solo puede ir hacia arriba, como cohetes.