Archivos para la Categoría 'Política'

23
May

PP freudiano

De bien nacidos es ser agradecidos. Y Rajoy, sin duda, se tiene por bien nacido. Por eso nunca ha dejado de agradecer a Aznar que lo ungiera con el dedo de la sucesión. El problema es que, tras dos derrotas, solo tiene dos opciones y ninguna es buena. O sigue igual de agradecido y no cambia nada en el PP, abocándolo a la tercera derrota consecutiva. O considera que ha cumplido suficientemente con los agradecimientos y suelta amarras con Aznar, para intentar el nuevo asalto con otro estilo, otras gentes e incluso otras ideas. Está intentando esto segundo, como es obvio, y el del bigote -ay, Mariano- se acaba de dar por aludido. No parece que le esté gustando la deriva del “nuevo” Rajoy. Y es inevitable recordar lo que pasó con el primer sucesor de Fraga, que fue Hernández Mancha. En el momento que el “retirado” Fraga decidió que no lo estaba haciendo bien, volvió, la mandó a freír monas y recuperó provisionalmente las riendas del partido hasta que traspasó los trastos definitivamente a Aznar.

Entonces éste, recuérdese, no se limitó a aplicar las ideas de Fraga, ni mucho menos a respetar a sus equipos o mantener al núcleo dirigente. Ni cuatro días tardó en renovarlo todo de cabo a rabo, siglas incluidas, de modo que al poco tiempo, aunque Fraga hubiera querido volver y hacerle lo que a Hernández Mancha, no hubiera podido. El andaluz fue muchísimo más fiel al fundador… Y eso fue su perdición. Rajoy ha empezado siendo tan fiel a Aznar como Hernández Mancha a Fraga. Pero los resultados cantan y las derrotas más. Ahora intenta la otra vía, la del propio Aznar cuando empezaba. La cuestión es, ¿ha hecho antes los deberes y tiene un dominio tal del partido como para permitirse prescindir de todos los históricos, incluido el que un día lo designó? Es lo que va a comprobarse de aquí a junio, aunque mi impresión es negativa.

Aznar no va a volver, seguro. Ya sabe lo que es estar en Moncloa y también lo que es ganar dinero a espuertas: no hay color. Quien ha probado ambas cosas nunca ha tenido dudas. El verdadero poder es el dinero. Pero que no vuelva no quiere decir que su “dedo” no siga teniendo poderes. Si deja de fiarse de Rajoy y señala a otro, en el PP todos se volverán hacia ese otro, como los girasoles se giran buscando el sol. Y los primeros que se volverán, por cierto, son los que más juran estos días que están “a muerte” con Rajoy. Permanezcan atentos a la pantalla, pues, porque esto se pone emocionante y por fin vamos a saber si don Mariano sube, baja o nunca se ha movido de exactamente la mitad de la escalera. Je.

16
Abr

Los nuevos

Pregunta un diario en su edición digital: “¿Le gusta la composición del nuevo Gobierno?”. La pregunta me hace pensar. Es complicado enjuiciar a un Gobierno “a priori”; lo suyo es esperar y ver lo que hace. En principio y globalmente, a mi no me parece especialmente malo o escaso de competencia.

Desde luego le veo mucha más brillantez que a algunos de la era Aznar, como aquel último en el que dio ministerios de rango a lumbreras como Michavila o a oradores tan “sueltos” como Ana Palacio. Y desde luego, es difícil no admirar la osadía de Zapatero, que uno no sabe si achacar a inconsciencia o a lo contrario. Aunque el medio país irremediablemente machista anda con un cabreo subido, me parece muy bien su vuelta de tuerca al tema femenino en la composición del Gabinete. No creo en cambio que fuera necesaria llegar al extremo de poner en Defensa a una mujer más identificada con Cataluña que con España y más proclive a las ideas pacifistas que a las de defensa (es decir: bélicas). Si hubiese nombrado a Elena Salgado, por ejemplo, nadie diría ni pío.

Tampoco entiendo su empeño en mantener –por bien que puedan haberlo hecho- a una ministra “reprobada” parlamentariamente, como la de Fomento, o tan negado para el imprescindible diálogo con la oposición, como el de Justicia. Y lo que menos entiendo es que “haya dado puerta” con frialdad al salmantino Jesús Caldera, a quien debe buena parte de lo que es. Cuando se creó, en efecto, aquello del grupo “Tercera Vía” para intentar controlar el PSOE, el alma y máximo creador era Caldera, y junto a él Trinidad Jiménez, López Aguilar, Jordi Sevilla y algunos más. Caldera era el líder natural del grupo y a quien todos animaban para que optara a la secretaría general del PSOE. Pero el salmantino no quiso o no se atrevió y se empeñó en que el líder fuese su amigo y diputado por León, Rodríguez Zapatero, a quien animó personalmente a asumir el reto. Más tarde, convertido en su fiel número dos, le hizo el primer debate sobre el Estado de la Nación, fue su eficaz portavoz en la oposición, quien le ha coordinado las dos campañas electorales… Por resumir, Caldera ha sido para Zapatero bastante más que Guerra para Felipe González. Y ya ven: se ha desecho de él con cuatro míseros años en un ministerio de segunda.

Eso no me ha gustado, por el negativo talante que refleja en quien nos gobierna. Pero respecto a quienes están y haciendo las salvedades mentadas, no veo por qué no van a hacerlo tan bien o mejor que otros muchos Gobiernos de los que se vienen sucediendo desde que recuperamos la democracia. El tiempo dirá.

10
Abr

Ambiciones

José Blanco, responsable de Organización del PSOE y por tanto su número tres, tras el ornamental Presidente Chaves y el todopoderoso secretario general Zapatero, acaba de declarar que no ambiciona ser ministro, porque sus “ambiciones personales están colmadas”. La frase me ha hecho reír. Me ha recordado a un personaje similar que en similares circunstancias decía lo mismo… y después no dejó de ser ministro la tira de años. Hablo de Ángel Acebes. Lo recuerdo de portavoz del Senado, en tiempos de Aznar, asegurando también que sus ambiciones estaban sobradamente colmadas con tal puesto y que desde luego no aspiraba a ser ministro. Lo volvía decir en la etapa siguiente, en la que fue ascendido a “coordinador general” del PP, cuando el secretario general seguía siendo el también vicepresidente Álvarez-Cascos. No tardó en ser ministro: de Administración Territorial, de Justicia, de Interior… Y no siguió porque su partido perdió las elecciones y tuvo que conformarse con ser el número dos del partido, secretario general hasta hoy. Menos mal que sus ambiciones estaban colmadas.

Bueno, pues este otro, me da que lo mismo. Si puede, obviamente. El problema de José Blanco es que estos días al hombre lo tienen frito mis colegas preguntándole cómo va lo suyo. Se corrió la voz hace tiempo de que él quería ser ministro, que está hasta arriba de llevar las riendas del partido mientras otros se reparte el bacalao rico de los ministerios. Nada reprochable, perfectamente lógico y comprensible. Pero no es ministro quien quiere. Ni quién más lo merece. Ni quién más méritos tiene o más lo desea. Es ministro quien, por las razones que sea, le viene bien en un momento dado al Presidente del Gobierno de turno. Y a Zapatero da la impresión de que ahora no le venía nada bien cambiar de timonel en su convulso partido, con muchas y problemáticas citas pendientes, como en Castilla y León o en la misma Zamora. Así que seguramente le ha dicho a Blanco:

-Tú, quédate en el partido, que es donde hoy te necesito.

Por eso al hombre no le queda otra que, como Acebes antaño, salirnos con eso de que sus ambiciones están sobradamente colmadas. (Lo mismo por cierto dice a menudo Esperanza Aguirre: sus ambiciones se colmaron cuando fue ministra de Cultura, asegura sin que le de la risa). Ni caso. Lo más probable es que a Blanco lo sustituya Zapatero en el partido en el próximo Congreso, que es cuando toca. Y después, logrará ser ministro de algo, “aunque sea de la Marina”, como decía aquel otro. Verán.

19
Mar

El cuaderno rojo

zapatero.jpgCuentan que Zapatero está recluido en Doñana. Es un decir, lo de recluido. Estará haciendo excursiones con la familia, por el parque natural y alrededores. Se ha tomado esta semana de vacaciones, al igual que Rajoy, quién ha preferido poner tierra por medio y anda fuera el país, he leído. Me parece muy bien por ambos. Tras la dura campaña electoral –de cuatro años- bien se merecían un pequeño respiro. Aunque el del Presidente del Gobierno se supone que será muy relativo. Amén de que los teléfonos difícilmente dejarán de sonarle, se ha llevado deberes: tiene que meditar sobre su nuevo Gabinete y mandato.

Respecto al primero, poco se sabe, aunque los impacientes no dejen de inventar “quinielas” fantásticas y rumores sin mayor fundamento. Zapatero sólo ha desvelado que se va a pensar una nueva estructura ministerial, más acorde a los tiempos y retos. Planteamiento lógico donde los haya, porque se sigue con un Gobierno semejante a los del siglo XIX, cuando ni las circunstancias ni las competencias tienen nada que ver. El invento autonómico ha vaciado de contenido buena parte de los viejos ministerios. Paralelamente, se ha abierto otros frentes –Nuevas Tecnologías, Cambio Climático, etc.- que exigen atención prioritaria. Habrá que ver, pues, por dónde nos sale el viejo/nuevo Presidente y si se atreve con algo más que unos retoques estéticos o de conveniencia, para acomodar a cuantos estos días esperan impacientes “la” llamada:

-He pensando en ti para ministro de…

Una de las grandes incógnitas es si creará más vicepresidencias, dado que se ha comprometido a no tocar las existentes, pero al mismo tiempo parece estar en deuda con algunos pesos pesados, como Caldera o Rubalcaba. El salmantino ya se quedó con esa miel en los labios, hace cuatro años. Se daba por supuesto que sería vicepresidente, al ser su más estrecho colaborador. Pero a la postre se tuvo que conformar con un ministerio que, pese a las competencias, nunca ha dejado de ser de segunda fila, el de Trabajo y Asuntos Sociales. Ahora se vuelve a hablar de él para una de esas hipotéticas nuevas vicepresidencias. Veremos. A Zapatero –lo vengo diciendo desde que lidera el PSOE- no le gusta tener “número dos” ni nada que se parezca. Así que solo hará vicepresidente a Jesús Caldera si ha perdido cualquier temor a que un día le pueda hacer sombra. De lo contrario, puede que adonde lo mande es a sustituir a José Blanco, para que se ocupe del partido. Caldera, de hecho, no parece tenerlas todas consigo y en su últimas declaraciones parece tan despistado sobre su futuro como cualquier otro aspirante a ministro o ministra. Habrá que esperar, pues, a que el presidente vuelva de Doñana, con su cuaderno rojo (el de Aznar era azul, como recordarán).

13
Mar

A la tercera

mariano_rajoy.jpgComo buen gallego, Mariano dice que no se va. Y si alguien quiere lo contrario, que se atreva a dar un paso al frente y lo eche. Bueno. Está en su derecho. Falta por ver si de verdad lo dejarán llegar hasta su tercer envite y qué pasa entonces. Supongo que llegará, porque el PP no es un partido acostumbrado a elegir a sus dirigentes democráticamente y por tanto “quien manda, manda”. Después, eso sí, corre el serio riesgo de sufrir una derrota mucho peor que las precedentes. Esto último por algo bastante obvio: no parece posible que Zapatero cometa en su segundo mandato ni la mitad de torpezas, novatadas y meteduras de pata que ha cometido en el primero, que ha sido de antología. Si Rajoy no lo ganó de ésta, difícilmente, ahora que el adversario está mucho más hecho, lo ganará en la siguiente… Porque, por si alguien lo duda, vaticino que el leonés no se va a conformar con dos mandatos. Es un profesional de la política, carece de vida al margen de ella y por tanto llegará hasta donde pueda. Su objetivo mínimo, estoy seguro, es gobernar más tiempo que Aznar. Y si cuando logre eso sigue estando cómodo y es popular, no descarto que intente batir incluso la marca de su ídolo Felipe González. ¿O no ven con qué maestría ha logrado carecer de número dos e incluso tres, de nadie que le pueda hacer la más mínima sombra dentro del PSOE?

Rajoy, por tanto, está en su derecho de confiar en que la tercera sea la vencida. Yo sospecho que lo será: su tercera “vencida” o derrota, que no una victoria. No me parece el hombre adecuado para plantar cara al tan engañoso “cervatillo” leonés. El PP necesita otro tipo de líder mucho más astuto, dúctil e inteligente; que sea capaz de lograr simpatías entre catalanes y vascos, que no despierte una animosidad tan elevada entre sus adversarios. Pero es hablar por hablar, esto mío. Allá el PP y Rajoy. Dije al principio y reitero que no estamos ante un partido que suela elegir a sus líderes democráticamente. Fraga, como fundador, jamás fue elegido, sino al revés. Las bases solo eligieron a Hernández Mancha y no se guarda precisamente el mejor recuerdo de aquel “descuido” democrático. A Aznar lo eligió digitalmente Fraga, entre otros candidatos posibles. De idéntico modo Aznar, años después, eligió digitalmente a Rajoy, entre otros candidatos posibles. Ante tal tradición, todos sabemos que en el próximo congreso del PP, tras anunciar Rajoy que se presentará, solo puede haber un candidato y que saldrá elegido con porcentajes de escándalo. Los aspirantes a sucederle, por ambiciosos que sean, no tiene otra que disimular.

Es increíble la “potra” de ZP: no ha empezado a saborear su segunda victoria y ya le están alfombrando la tercera.

27
Feb

La niña

Ósperas. Me dejó tumbado el tío Mariano con lo de la niña. “Yo quiero que la niña que nace en España tenga una familia y una vivienda y unos padres con trabajo…”. Acabó, o sea, su debate con Zapatero, hablando sobre una niña hipotética; bueno, qué digo hablando, leyendo lo que algún poeta de su séquito de le escribió. Qué cosa más rara. Me quedé de un aire. ¿Por qué hablaría solo de una niña y no de dos, o de un niño, que siempre se hubiera interpretado como niño y niña a la vez? Me da que alguno de sus asesores se le pasó de listo a donde Mariano y vaya cosa que le escribió. Después de la estopa sin pausa que acababa de arrear al presidente, aquello le pegaba, tu, como el legendario lacito del repollo de huerta.

Y aunque no tanto, porque fue algo mucho más breve, me dejó pasmado la despedida de ZP: “Buenas noches y buena suerte”. Me sonó de algo la rareza, pero mentiría como un bellaco si les dijese que de inmediato caí en la cuenta del mensaje subliminal. Ni de inmediato ni después. No hubiera caído nunca si al día siguiente no hubiera leído a un sesudo analista que me lo descifró: estaba ZP emulando a George Clooney en la película que justamente se titula así. Y dicen que se trataba, esa despedida, de un guiño culto y cinéfilo del Presidente a su electorado, para advertir que el de enfrente era más malo que la Inquisición. Hay que jorobarse. Otro al que lió algún asesor al que se le derritieron las ideas.

Porque eso fue lo más noté en el esperado debate. El exceso de asesoramientos y asesores, por ambas partes. El debate, que tuvo ciertamente interés y no estuvo exento de tensión (ya veremos en beneficio de quién), hubiera quedado perfecto si nos hubieran ahorrado los dos patéticos prólogos-anuncio y los dos anuncio-epílogos de los que acabo de hablar. Es decir, las dos intervenciones iniciales y las dos finales de Rajoy y Zapatero. En ambos casos, mirando los dos a la cámara en pactados primeros planos y soltando un rollo aprendido –en el caso de ZP- o leyéndolo sin más, como hizo Rajoy. Quedaron los cuatro monólogos de un impostado y de un ridículo subidos. No venían a cuento de nada. Nada aportaron al debate en si. Así que deberían los dos aspirantes principales pensárselo bien antes de seguir contratando asesores. Les sobran unos cuantos a los dos. Los asesores están bien para ayudar en detalles técnicos, pero jamás deben suplantar la palabra del líder. Por ahí hicieron agua los dos y el de “la niña” en particular.

Por lo demás, habrán observado que ya nadie se moja mucho, ni los grandes medios de comunicación. Así que yo tampoco seré sincero a la hora decir quién ganó: Rajoy. Ji.

23
Feb

La prueba del algodón

Me gusta mucho ese refrán de “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Lo aplicas, por ejemplo, a los lemas electorales y es una auténtica “prueba del algodón”. Ahí tienen al PP alardeando de acudir a las elecciones “con cabeza y corazón”. De donde se deduce, previa aplicación del refrán, que anda descabezados, como los datos demoscópicos apuntan; y desde luego, enseñando más la cartera que el corazón, como se les “escapó”, por ejemplo, fichando al multimillonario Pizarro. Los del PSOE, a su vez, muestran sus miedos de forma muy nítida con lo de “No es lo mismo”; lema con el que tratan de conjurar que para mucha gente son lo mismo, en efecto, PSOE y PP: pájaros y pardales. Incluso el lema de IU queda destrozado si lo pasas por el corrosivo filtro del mentado refrán: “Llamazares, más izquierda” o “Llamazares es más izquierda” –según se lea el tonto trabalenguas de sus carteles-, cuya traducción bastante obvia es que con ese pedazo líder, los de IU cada vez van a menos y quedarán en las últimas si los tres diputados actuales quedan en dos y ambos por Madrid, como apuntan los sondeos.

También a los candidatos se les puede someter a la “máquina de la verdad” que contiene el “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Y así, cuando oigan el inevitable “vamos a ganar”, sabrán que quien lo dice se teme lo peor. Dado, además, que una campaña electoral es una feria de vanidades, en las que un sin fin de señores trajeados y elegantes señoras presumen de cuanto se les ocurre, resulta que estamos también ante un buen catálogo de carencias. De aquí al nueve de marzo, todos presumirán de conocernos, de estar junto a nosotros, de estar muy preocupados por nuestros problemas, de ser poco menos que nuestros parientes cercanos. Apliquen la prueba del algodón: no nos conocen, están en otra dimensión, lo único que les preocupa es salir elegidos o ganar, y desde luego no ven en nosotros otro parentesco real que el de “primos” potenciales si a todo les decimos amén.
Y ojo, no desacredito la política ni estimo que no se deba votar. Yo votaré. Solo intento que entre políticos y votantes haya un cinturón mínimo de distancia, o de seguridad e higiene; para votar, o sea, sin que nos intoxiquen con tanta y tanta publicidad –que siempre ha sido, aunque se olvide, la antítesis absoluta de la información-.

22
Ene

La niebla

niebla-2.jpgVaya niebla. En un canal de la tele, entre exagerados y líricos, dicen que media España está a media luz. Media España no sé, pero donde estoy yo, sí que sí; no se ve un burro a dos pasos. Y ese ambiente opaco, frío y desapacible se te acaba trasladando al interior. De modo que ves niebla, o sea, apenas nada, mires hacia donde mires.

Niebla y más niebla veo al mirar al PP. No digo ya el local –dejémoslo en paz por un día- sino todo él, la organización de Rajoy. Resulta significativo el estupor que se les escapa al líder y a la “lideresa” ante la evidencia de que la “muerte” de Gallardón ha sido noticia de más de dos días, de más de tres, de más de una semana. Me pregunto si tras la cortina de niebla que se ha instalado en la mirada de ambos y del rocoso Acebes y del imposible Zaplana habrá sitio para una mínima pero creciente duda: ¿Y si nos equivocamos? ¿Y si hemos “matado” al único que garantizaba un futuro al partido? Aunque no es probable, no, que esa niebla levante lo suficiente como para que los mentados vislumbren esa duda tan elemental. Si acaso más tarde, cuando sea ídem, cuando les llegue la claridad con una derrota del alcance de la sufrida por Almunia cuando fue candidato hace ocho años, previa “muerte” del candidato Borrell, el que querían las bases y los votantes…

Niebla y más niebla veo en torno al PSOE. Su líder, siempre osado, aún osa más desde que está rodeado por la habitual camarilla de loros que repiten, uno tras otro, lo que suponen que él querrá oír. Por eso veréis si os fijáis a un Zapatero cada vez más nebuloso, esdrújulo y confiado. Le han convencido de ese aserto no demostrado que repiten los “expertos” en cada contienda política: las elecciones no las gana la oposición, las pierde el Gobierno. Y el Gobierno, cree su presidente, no va a perderlas, porque apenas ha cometido algún error sin mayor importancia, frente a una montaña de aciertos. No es que se así, no. Es así como él lo ve, porque como todo Presidente ya no ve nada, cegado como está por la espesísima niebla de elogios que a todo gobernante acecha en Moncloa. Si en marzo vulva a ganar, nunca sabrá que hubo niebla: dirá que él lo veía con claridad. Si pierde, tardará años en comprender y aceptarlo, como les ha pasado a otros en su lugar.

Vaya niebla la de estos días. No solo no deja ver. Tampoco permite que entren los rayos del sol. Y ya veis cómo afecta: solo vemos lo cercano, a corto plazo, y no quitamos el frío ni a la de tres. A ver si levanta y vemos o ven lo que de verdad está pasando a nuestro alrededor.

21
Ene

Mandato sobrante

lanzarote.jpgPues sí que debió ser gorda la que montó Lanzarote en el Comité Electoral Provincial de su partido para que se haya emitido desde el PP un comunicado de apoyo, mostrando el “absoluto respaldo, respeto y reconocimiento hacia la persona de su presidente provincial”. Mal, muy mal tienen que ir las cosas para que una organización rígidamente jerárquica se crea en la necesidad de tener que mostrar su apoyo a quien es su máximo responsable. Indica que ya no hay identificación entre esa organización y su máximo representante, pues de contrario no se caería en tamaña obviedad, equivalente a que yo declare mi fiel apoyo a mi mismo. Indica que la grieta o boquete abiertos son de consideración, pero hay que disimularlo, siquiera hasta que pase el periodo electoral.

Venimos sosteniendo, desde antes de este incidente, que Lanzarote recordará este mandato como ese que justamente le sobró y que va a impedir que se tarde mucho en reconocerle los eventuales méritos contraídos en el más largo periodo disfrutado por alcalde alguno de esta ciudad. Para que se me entienda mejor, nada como el ejemplo de su detestado Felipe González. Si éste se hubiese conformado, como hizo Aznar, con dos mandatos, sería reconocido desde hace tiempo como uno de los mejores gobernantes de este país. Pero estiró “la goma” en exceso. No supo parar a tiempo, apearse del tren. Y acabó completamente enfangado y con el prestigio por los suelos, tras dos nuevos mandatos que ni siquiera pudo acabar. Pues eso quiero decir respecto al alcalde de Salamanca. Pese a sus muchos excesos, tanto verbales como de gestión, podría haberse ido con una balance muy defendible si hubiese resistido la tentación de seguir esta última vez para hacer suya la cosechas de votos que el asunto de los “papeles” hacía prever. No lo hizo y la consecuencia visible es que no ha levantado cabeza desde esta última reelección. Las sentencias en contra –siempre con el vidrioso urbanismo como telón de fondo- la van cayendo en cascada. Planteó unas subidas inasumibles justo cuando Rajoy pretendía convencernos de que el PP es el partido de las rebajas fiscales. Y ahora, ha pretendido montarla con las listas electorales. Pero ahí, hasta su guardia pretoriana le ha dicho que no, supone uno que asustada ante la errática trayectoria del otrora indiscutible líder provincial. Cuentan que pretendía enviar al Congreso a Fernández Mañueco para castigar a Robles y Bermúdez de Castro por no haberle apoyado en la “crisis de las tasas”. Pero uno cree que a quien pretendía castigar, en realidad era al propio Consejero de Justicia e Interior, con quien ni siquiera contó. ¿O acaso cree alguien que ser diputado es mejor que ser consejero?

Ay, la decadencia qué dura es. Se nos va a hacer largo, don Julián, este mandato. Si es que lo llegamos a culminar…

17
Ene

Gallardón

gallardon.jpgComo saben todos los que se fijan, la política es el arte de seleccionar a los peores para que se ocupen de los asuntos de todos, mejores incluidos. Y los partidos son el instrumento básico de ese depurado método para seleccionar a los menos valiosos. Por ello mismo, cuando por un error se les infiltra alguien que vale, capaz, válido e inteligente, los partidos sufren y chirrían, amenazan con estallar. Entonces, “por el bien del partido”, se produce una conjura de los necios, una unión de los incapaces –siempre mayoritarios- que conjura todos los riesgos, eliminando al elemento que hacía peligrar el conjunto. El elemento es el que vale; el conjunto, los siempre mayoritarios que sirven para poco más que para hacer carrera política.

Y estoy hablando, en efecto, de Gallardón. (Aunque ejemplos en abundancia hemos tenido, en los que se ha demostrado con no menos nitidez que, por lo general, un inteligente dura en el interior de un partido lo que un chupachús a la puerta de un colegio). El sistema de partidos impuesto en España es autoritario en esencia. Resulta que los que deben garantizar nuestra pluralidad, ser ejemplo de tolerancia y canales por los que fluyan todos los puntos de vista, son verdaderas dictaduras hacia dentro. Todos han de opinar como el líder o jefe de facción, decir “amén” a sus ocurrencias, no sobresalir en exceso, estar en posición de firmes hasta que ordene descanso… El alcalde de Madrid siempre fue un “verso suelto” en el PP, según propia y peculiar autodefinición. Dotado de una gran inteligencia y preparación, con un enorme tirón o carisma electoral, nunca ha sabido aceptar que su futuro era cuando menos incierto en una organización hecha a la medida de Acebes, Aguirre o Rajoy: gente que difícilmente hubiera destacado en la vida privada, en sus ocupaciones propias, si es que las hubieran tenido.

Acaba de perder su enésimo pulso con esos tres. Y todo indica que, tras las elecciones, tomará la puerta de salida de la política. Perderemos así uno de los pocos políticos a los que valía la pena escuchar en cualquier entrevista: siempre decía cosas interesantes. Lo mismo ha ocurrido, sistemáticamente, en los otros partidos. Todas las batallas las ganan los mediocres, que, por supuesto, son mayoría. Y de ahí que estemos gobernados como estamos, ganen estos o aquellos: por auténticos lumbreras. ¿Que exagero? Bueno, es posible que me esté pasando en el grado de acidez. Pero sucede que lo que le acaba de ocurrir a Gallardón es, ha sido, tan y tan frecuente de la transición para acá, que, francamente, da que pensar. No me parece admisible que por sistema los partidos se estén convirtiendo en un mecanismo perfecto para eliminar a los que podrían administrarnos mejor.