Como todo el mundo ignora, a los integrantes del Consejo General del Poder Judicial no los designan los partidos políticos. Hasta ahí podíamos llegar. Menudo escándalo si hubiera una ley que dijera: “Al gobierno de los jueces los nombran los jefes de los partidos políticos. Cada partido nombra los que le corresponden, sin que los demás puedan decir ni pío aunque sea propuesto el caballo de Calígula”. No, hombre, este es un país serio. Y por tanto lo que dice la ley es que a los señores consejeros del gobierno judicial los nombra el Congreso y el Senado, órganos representativos de la soberanía nacional; esto es: los nombra el pueblo, para que sea a éste al que sirvan y no a los jefes de los partidos políticos. Es más. Para evitar que las cúpulas de los partidos, siempre voraces, nombrasen un día al caballo de Calígula, la ley impuso que el conjunto de los candidatos tuviese que ser aprobado por una mayoría fortísima de dos quintos en ambas Cámaras, para obligar así a que todos los candidatos fuesen aceptables para unos, para otros y para los de más allá.
Como todo el mundo ignora, pues, es el poder legislativo el que renueva periódicamente el Consejo General del Poder Judicial. No el ejecutivo. Menos aún las ejecutivas de los partidos políticos. Se dijo en su momento, al inventar ese organismo (que nos cuesta por cierto un buen pico, pues los tales jueces-consejeros cobran que no veas), que se trataba en realidad de que el tercer poder, el Judicial, se gobernara a si mismo. Y por ello solo jueces pueden ser los candidatos. Pero hay que reconocer las cosas como son y dar al César lo que es del César: los políticos son la leche. Ellos mismos se inventaron todas esas normas, que es como decirse ante el espejo: “aparta tus sucias manos políticos de la Justicia”. Y al segundo siguiente, como en las series de “sicópatas”, ya habían plantado sus sucias manos políticas sobre la blanca túnica de la invidente señora de la espada y la balanza.
No creo que sea culpa de ellos. Si los políticos quisieran mangonear de veras a los jueces, no se lo habrían previamente prohibido. Se ve que no pueden evitarlo, que les vencen los instintos. ¡Lo que tiene ser, oye, eso de estar ahí arriba y poder reírte a la vez de todos los parlamentarios y de lo más granado de la judicatura, tomándolos a todos por el pito de un sereno, sin que protesten aquellos por verse reducidos a estúpidos marionetas, ni protesten éstos al verse dando volteretas tras la zanahoria de unos cargos! Como hay crisis y conviene ahorrar, propongo suprimir el Congreso, el Senado, el Consejo del Poder Judicial, los órganos de Gobierno de las Cajas de Ahorro y cuanto en fin es manipulado a su antojo por las cúpulas de los partidos políticas. Con pagar a éstas, oye, basta y sobra. ¿No?



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