Archivos para la Categoría 'Nacionalismos'

02
Abr

El españolista

bono.jpgSe destaca por todas partes que a José Bono le ha correspondido el dudoso honor de ser el primer Presidente del Congreso de los Diputados que ha sido elegido en segunda vuelta y por mayoría simple. Cualquiera deduciría que estamos ante el más impopular de los políticos. Aunque suceda, ya ves tú, justo al revés. El único problema de Bono, como ha dicho alguien de una de las periferias levantiscas, es que es demasiado “españolista”. Vaya, qué defecto tan terrible. ¿Han oído descalificar a alguien por demasiado catalanista, demasiado vasquista o demasiado galleguista? Más bien habrán oído lo opuesto, pues en sus respectivas autonomías tal calificativo tiende a ser elogioso y quien lo recibe está preparado para los más altos honores. Sucede, claro, que en esas autonomías está bien visto ser patriota, siempre que sea de las pequeñas patrias regionales. En España, en cambio, está mal visto hasta escribir su nombre, no digamos envolverse en su bandera o atreverse a ser mínimamente patriota. A Bono, como a todos los grandes políticos (pienso en Ibarra, Gallardón, etc.), lo que le pasa es que se le entiende todo. Y eso es lo único que le pasa factura. Habla claro y planta cara a quienes se debe de plantar. Así que va de suyo y nada tiene de extraño que los nacionalistas lo detesten y estén encantados de poder ponerlo en solfa, negándole unos votos institucionales. Lo que ya no se entiende, si Bono es el colmo del españolismo, el defensor de la España unida y hasta patriotera, es que los que tanto presumen de ser también todo eso no hayan acudido en su ayuda, siquiera por aquello de que “el enemigo de mis enemigos es mi amigo”. No comprendo que el PP no aprovechase tan magnífica coyuntura para reafirmar su “principios” y al tiempo irritar a sus detestados nacionalistas, dando apoyo al antinacionalista Bono. La misma Rosa Díez, para cuyo proyecto no ahorré simpatías en campaña, ¿por qué no apoya a quien se supone que representa justo lo que ella demandaba sin fortuna a Zapatero? ¿No encaja a la perfección en el proyecto de ella y de los otros contar con un presidente del Congreso “españolista”, jacobino y defensor de la España unitaria?

Considero un elogio en toda regla para Bono y su trayectoria que los nacionalistas lo detesten y se hayan negado a apoyarlo, ni siquiera a cambio de las poltronas que graciosamente les sigue regalando el PSOE en la Mesa del Congreso. Pero me parece incomprensible y de escasísima visión política que el PP no haya visto en él la ocasión perfecta para revindicar el término “españolista” como el elogio que en realidad debiera ser. A esto, en fin, hemos llegado: demuestra creer en tu país y no te votará ni…Alfonso Guerra, Rosa Díez o el ínclito Mariano. ¡Joer, con los patriotas!

19
Oct

Don Yuseep

carod-rovira.jpgA Yussep Lluiss Carod-Rovira –lo pronuncio lo mejor que puedo- le parece fatal, oye, que salga uno de por aquí y, educadamente, lo llame don José Luis. ¡Qué afrenta! Encima fueron dos, ambos de Valladolid, quienes le dispensaron semejante tratamiento el otro día en el afamado programa “Tenemos dos nacionalistas catalanes y a un tal Llamazares para usted”. Qué cabreo cogió el hombre. Creí que le daba algo. Si un día lo encuentran y quieren ver cómo se pone de color verde, solo tienen que gritarle:

-¡Pepe!

De inmediato, eso sí, echen a correr. Para colmo, lo acabó de sulfurar la señora de Valladolid, al soltarle con displicencia su nulo interés en aprender el magno idioma catalán. Fue, oye, como cuando otros nos mientan a la mamá. Si no hay cámaras, para mi que se la come. Además, como es un superdotado, dedujo que la señora representaba a todos los “españolazos”, por lo que nos diagnosticó un serio problema colectivo: detestamos a los catalanes y por eso a ellos nos les queda otra que irse cuanto antes. ¡Vaya por Dios!

Suspiré aliviado por no ser yo uno de los “agraciados” participantes del programa de realidad virtual. Porque, en confianza, a mi también me importa un pito garabito el aprendizaje del catalán, del gallego, del euskera y del inexistente “llionés” que anda inventando ahora, como hicieron antes otros, la incansable UPL. Y no es que desprecie idioma alguno, oiga. Es que la vida es breve y no da tiempo a todo. Así que, de ponerme, me apetece más aprender bien el dichoso inglés, que tan bien viene para todo, o el portugués de mis vecinos y de algunos de mis escritores preferidos; o incluso el chino mandarín, por aquello de la porrada de millones de personas con las que podría entenderme? ¿Pero el catalán? ¿Para qué quiero aprenderlo? ¿Para charlar con don Yussep Lluiss, pese a que éste me va a entender mejor si ambos hablamos en la lengua que ambos hemos manejado siempre?

Aunque, ahora que me acuerdo, sí que sé algo de catalán: “tocat de l’ala”. Es una expresión que suelto a veces, cuando me topo con determinadas gentes, cual el mismo don Yussep y que quiere decir lo que parece, sí: tocado del ala, zumbado, algo loco. Debería ese señor tan raro, que no nos deja traducir su nombre y que también se ofende si lo llamas nacionalista (porque él es, dice, “independentista”), hacérselo mirar. Algo le pasa. Aunque entiendo que, de momento, esa rareza es lo que le da, oye, de comer, con un sueldazo de vicepresidente de la cosa catalana (no digo autonomía, porque también eso le ofende). Pero, vamos, en cuanto pueda vivir de otra cosa, yo que él me lo haría mirar bien. Ánimo, don Yussep.

12
Oct

Banderas al viento

banderas.jpgSiempre me ha sonado raro eso de “La Hispanidad”. No sé qué significa. Aunque intuyo que tendrá algo que ver con lo otro que también se decía antaño de tal día como hoy: El Día de la Raza. Esto, claro, ya no se dice porque resulta fuerte. Pero no estoy seguro de que Hispanidad signifique algo distinto. Por ser hispano, yo no soy mejor que mis vecinos portugueses o la sufrida gente del Magreb o esos hermanos que vienen la América hispanizada o cualquier otro, en fin, de cualquier otra zona, país o continente.

Lo de la bandera, tampoco es que “me ponga” mucho, para qué nos vamos a engañar. Además, no puedo dejar de pensar que todo es relativo y que si en su momento no hubiera habido un detestable levantamiento militar y una larga y sangrienta guerra posterior, la bandera del país sería otra. Parecida a esta, pero otra; con la franja morada esa que la República añadió como homenaje especial, por cierto, a Castilla y su pendón.

Ni siquiera me emociona eso de la nación, de la fiesta nacional, de la palabra patria y aledaños. Me gusta el país en su conjunto, me identifico con él, me encanta ser de aquí y no de cualquier otra parte. Pero nunca ha visto nada que no sea meramente instrumental, utilitario, en lo de las naciones, las fronteras, los himnos o las banderas. Los estados nacionales no son más que formas de organización, como lo fueron las tribus, los reinos, las regiones. Y creo, por eso mismo, que solo sirven para lo que sirven y que lo lógico es que vayan disolviéndose en algo mayor, hasta que lleguemos a un sistema más efectivo y global. Lo que me pide el cuerpo, en consecuencia, es celebrar una fiesta mundial y no solo nacional.

Y por eso precisamente, porque entiendo que las naciones son inventos a superar, ahora que en el mundo se van anulando todas las distancias, me parece el colmo de la estupidez que algunas quieran llevarnos hacia atrás, recreándose en fragmentaciones cada vez menores. Los nacionalismos son anacrónicos, partes “rayadas” en el vinilo de la historia. Las banderas nunca han sido otra cosa, desde su mismo origen, que señales a seguir por los guerreros para no equivocar bando en la batalla. Así que yo celebro gustoso la fiesta nacional de mi país, porque me gusta éste y me gustan las fiestas. Pero no voy a sacar la rojigualda por el balcón, como quiere don Mariano Rajoy Brey. Como mucho, si la tuviera, sacaría acaso la bandera de la ONU, a falta de otra más “mundial”. ¿Me convertirá todo esto en un traidor?

12
Oct

El chunda-chunda

             Nada define mejor la marcha política de este país que el recientemente abierto proceso de creación de una letra para el himno nacional. La iniciativa es del COE y la SGAE. Tócate. El COE es el Comité Olímpico Español. La SGAE no digo lo que es porque anda muy sensible y su ejército de abogados te empapela a la menor sinceridad. Pero, bueno, les sonará; son los “cobra-músicas”.

Como sabrán, el origen del problema es que somos el único país del mundo que posee un himno sin letra. La que tuvo, escrita creo que por Pemán, era la del tío Paco, alias “Caudillo”, y ya no procedía. Así que se eliminó al llegar la democracia. Lo malo fue que nunca pudo sustituirse. El último que lo intentó, después de mucho tiempo, fue el presidente Aznar. Acabó por desistir, al percatarse de que nunca tendría mayoría suficiente en el empeño. Dado lo sensible y simbólico del tema, es imprescindible que la nueva letra goce de un apoyo general, como en su día ocurrió con la Constitución. Por tanto, al menos PP y PSOE tendrían que apoyarse. Y ya conocen la capacidad de ambos partidos para hacer algo conjunto que no sea morderse. A mayores, es igual de imprescindible que PP y PSOE acepten enemistarse por un tiempo con los nacionalistas, porque estos jamás darán su apoyo a un himno nacional que no sea el de sus cantones respectivos ni permitirán que salga adelante si pueden impedirlo. Ya ven el panorama. Hoy es el PSOE el no podría gobernar sin apoyo de los nacionalistas, por tanto en modo alguno va a abordar un tema tan espinoso para ellos. Ayer fue el PP de Aznar, en su primer mandato, el que los necesitó como agua de mayo. Suárez tampoco pudo ignorarlos, pues siempre estuvo en minoría. Así que no tenemos letra para el himno. Y cuando toca cantarlo, por ejemplo en las ceremonias deportivas, se ve a nuestros deportistas teniendo que hacer el “gilipúas”:

-¡¡Chunda, chunda, tachunda, chunda, chunda…!!

De ahí precisamente que haya sido el COI el que decidiera un día tomar la iniciativa para evitar más bochornos internacionales al país, a los paisanos y a los deportistas. No se sabe si el intento tendrá final feliz. Pero es harto sintomático de los niveles políticos en los que nos movemos. Algo tan político por definición, tan delicado, tan sujeto a un consenso sin fisuras, ha de arrebatarse a los “profesionales” para que sea la sociedad civil la que se encargue de solucionarlo. Patético. Y óptima demostración de hasta qué punto urgen modificaciones en la forma en que funciona este país. A ver si hay suerte y las próximas elecciones las gana el partido de Savater. Porque otro remedio, oye…

03
Oct

Nacionalistas

senyeras.jpgSi bien se mira, eso de ser nacionalista no debe de resultar tan fácil. El nacionalismo solo tiene sentido si alguien oprime tu nación y te lo niega todo. Entonces, las ideologías quedan aparcadas y todos han de unirse en una misma causa: eso es el nacionalismo. Pero, claro, tú pon que eres nacionalista en un país como éste. Donde poco a poco, por no decir mucho a mucho, te van dando todo lo que pides. Hasta que, como en las provincias vascas o las catalanas, no saben ya, literalmente, qué más pedir. Sucede entonces que los nacionalismos, que por lógica deberían de tener un único partido en cada presunta “nación”, se fragmentan, multiplican y dividen. Surgen así nacionalismos de izquierdas y de derechas; con prisas y sin prisas, de centro y hasta democristianos. No es un fenómeno normal ni extrapolable. Sólo se da aquí. En Escocia existe un partido independentista; pero uno solo. En el Québec canadiense existe un único partido que defiende la independencia. Etc. Es obvio, y siempre se ha predicado en las doctrinas de este tipo de movimientos, que al día siguiente de obtener la independencia el destino de todo partido nacionalista es la desaparición por fragmentación, pues ya no tendrá sentido la cohesión absoluta y habrán de organizarse partidos múltiples con distintas ideologías.
En España, sin embargo, eso ya ha sucedido en algunas zonas. Entre los vascos hay un PNV -actualmente partido casi en dos-, está EA, la IU vasca, Aralar, los batasunos con sus distintos nombres. Todos nacionalistas, pero de “distintas sensibilidades”. Entre los catalanes, tenemos un nacionalismo de derechas, CiU; otra de izquierdas, ERC; otro socialdemócrata (integrado y dominando el PSC). Etc. El fenómeno es rarísimo. Y muy revelador. Pues indica que la mera idea independentista ya no basta para mantener bajo unas mismas siglas a todos los que desean separarse del país en el que nacieron. Bastaría, si la cosa se viese muy lejana, utópica, casi imposible. Pero se ha llegado a tal grado de autonomía que es como si hubiera dos Cataluñas y dos Vasconias ahora mismo, coexistiendo. La “vieja”, integrada en España y a la que representan las distintas fuerzas de un arco parlamentario normal: PP y PSOE, fundamentalmente. Y “la nueva”, ya funcionando con sus “nuevos partidos pos-independencia”, e igualmente de derechas, centro e izquierda.
Hay que ser muy Ibarreche o Carod Rovira para no percatarse de todo esto y salir ahora con que quieren la autodeterminación. ¿Es que no ven a lo que se arriesgan? ¿Y si sale el No y pierden lo que tienen, que es todo? Si fueran listos, estarían rezando para quedarse como están por los siglos de los siglos. Pero, claro, si fueran listos no serían nacionalistas.