Nos quedamos sin Feria del Libro en la capital. No deja de ser chocante. Resulta que en los últimos años van surgiendo Ferias nuevas en lugares impensables, como Puebla de Sanabria. O la cada vez más asentada de Benavente. Y la capital, pionera en el empeño y por ello envidiada ahí fuera, no es capaz de mantener la suya. Tal y como reconoce su “alma máter” de estos últimos años Luis González, la clave por fuerza ha de estar en la forma de organizarla. En Benavente, ejemplo cercano, es el Ayuntamiento el que se encarga de todo, desde su Concejalía de Cultura, aunque la dirección, toda la organización, recae sobre la muy eficiente directora de la Biblioteca Municipal. Es una cita que, pese a sus pocos años, parece estar plenamente consolidada, a juzgar por la creciente presencia de libreros, invitados y sobre todo lectores. También en Salamanca, está organizada por el Ayuntamiento (aunque ahí, sépanlo los libreros, cobran un potosí por cada puesto y no todas las librerías pueden acudir). Y el Ayuntamiento, en fin, suele organizarlas en Valladolid, Madrid, etc.
En Zamora, desde su creación, se había venido encargando de la Feria la Asociación de Libreros, que está integrada en la CEOE. Pero, por lo que se ve, no siempre es más eficaz la iniciativa privada que la pública. (¿Lo será, de veras, alguna vez?). Y se nos anuncia su desaparición este año, apelándose a una posible resurrección dentro de dos, siempre que se encargue de todo -o sea, del coste y de los quebraderos de cabeza- el poder municipal. Dada la languidez en la que había ido entrando la feria capitalina, que ya no despertaba ni el interés de todos los libreros, quizá sea mejor así. Podremos repensarla y estudiar las alternativas.
La más obvia y quizá la única es, en efecto, endosársela al Ayuntamiento que dentro de un mes se haga cargo de la ciudad. En cuyo caso, sugiero ya algunas ideas bastante elementales: si se quiere una Feria de verdad, con interés, ventas y continuidad, se debe nombrar un responsable o director permanente de ella y se debe de abrir a cuanto vendedor del libros quiera acudir, sea o no sea de la capital. También se debe de abandonar su última ubicación, que ha sido nefasta: la Plaza Mayor o la de Hacienda mejorarían mucho el número de visitantes. Cabe también, en fin, darle categoría provincial e intentar que participen en ella libreros -y lectores- de todos nuestros municipios. Lo único que no cabe es resignarnos a carecer de Feria del Libro en Zamora. Sobran libros y hay lectores. Es cuestión de ponerse a ello, con bases sólidas y ganas de contagiar el placer de leer. Simplemente.
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