Archivos para la Categoría 'Gallardón'

02
Abr
08

El españolista

bono.jpgSe destaca por todas partes que a José Bono le ha correspondido el dudoso honor de ser el primer Presidente del Congreso de los Diputados que ha sido elegido en segunda vuelta y por mayoría simple. Cualquiera deduciría que estamos ante el más impopular de los políticos. Aunque suceda, ya ves tú, justo al revés. El único problema de Bono, como ha dicho alguien de una de las periferias levantiscas, es que es demasiado “españolista”. Vaya, qué defecto tan terrible. ¿Han oído descalificar a alguien por demasiado catalanista, demasiado vasquista o demasiado galleguista? Más bien habrán oído lo opuesto, pues en sus respectivas autonomías tal calificativo tiende a ser elogioso y quien lo recibe está preparado para los más altos honores. Sucede, claro, que en esas autonomías está bien visto ser patriota, siempre que sea de las pequeñas patrias regionales. En España, en cambio, está mal visto hasta escribir su nombre, no digamos envolverse en su bandera o atreverse a ser mínimamente patriota. A Bono, como a todos los grandes políticos (pienso en Ibarra, Gallardón, etc.), lo que le pasa es que se le entiende todo. Y eso es lo único que le pasa factura. Habla claro y planta cara a quienes se debe de plantar. Así que va de suyo y nada tiene de extraño que los nacionalistas lo detesten y estén encantados de poder ponerlo en solfa, negándole unos votos institucionales. Lo que ya no se entiende, si Bono es el colmo del españolismo, el defensor de la España unida y hasta patriotera, es que los que tanto presumen de ser también todo eso no hayan acudido en su ayuda, siquiera por aquello de que “el enemigo de mis enemigos es mi amigo”. No comprendo que el PP no aprovechase tan magnífica coyuntura para reafirmar su “principios” y al tiempo irritar a sus detestados nacionalistas, dando apoyo al antinacionalista Bono. La misma Rosa Díez, para cuyo proyecto no ahorré simpatías en campaña, ¿por qué no apoya a quien se supone que representa justo lo que ella demandaba sin fortuna a Zapatero? ¿No encaja a la perfección en el proyecto de ella y de los otros contar con un presidente del Congreso “españolista”, jacobino y defensor de la España unitaria?

Considero un elogio en toda regla para Bono y su trayectoria que los nacionalistas lo detesten y se hayan negado a apoyarlo, ni siquiera a cambio de las poltronas que graciosamente les sigue regalando el PSOE en la Mesa del Congreso. Pero me parece incomprensible y de escasísima visión política que el PP no haya visto en él la ocasión perfecta para revindicar el término “españolista” como el elogio que en realidad debiera ser. A esto, en fin, hemos llegado: demuestra creer en tu país y no te votará ni…Alfonso Guerra, Rosa Díez o el ínclito Mariano. ¡Joer, con los patriotas!

19
Feb
08

El beso

beso-gallardon.jpgLos medios de comunicación se han empeñado en que Gallardón y Aguirre se han dado un beso. Si lo discutes, te replicarán:

-Mira la foto, tío; está en todos los periódicos.

Y si lo sigues discutiendo, te volverán a decir:

-Mira los vídeos, tronco. Si te lo perdiste en la tele, Internet está lleno de ellos; del beso de Aguirre y Gallardón.

Bueno, pues yo he visto las fotos, vi las imágenes de la tele y he visto después las grabaciones que circulan por Internet y digo que no he visto beso alguno. ¿O será que el beso no es ya lo que uno pensaba? Porque lo que se ve, tu, es que ambos, el alcalde de Madrid y la presidenta de esa Comunidad, se da la manita y se tocan las mejillas, sin acercar, ni por asomo, los labios a sus respectivos mofletes. Por lo demás, algo lógico, teniéndose el cariño que es público y notorio que se tienen.

A lo que voy, no obstante, no es a lo que pase entre esos dos, sino al empeño de mis colegas de gremio en que hubo un beso; y antes de que lo hubiera, a su empeño en que se besaran dos que se odian. ¿Por qué? Es la ley de hierro de la era de la imagen. ¿Qué imagen es la más valiosa? La que sea más inesperada, antinatural o chocante. Pero como esa imagen, por su rareza, puede surgir solo de guindas a brevas, se pide a voces, se provoca y llegado el momento se grita que sucedió… aunque no sea del todo así.

Desde que las televisiones irrumpieron en el mundo de la información, esta ha ido derivando al espectáculo y en la política sus efectos están siendo letales. Siempre se dijo que sin información no era posible la democracia. Habrá que empezar a decir que ahora, ya, en el presente, la conversión de la información en espectáculo priva al votante de información, lo convierte en espectador vulnerable y poco a poco la democracia se va transformando en esto que vemos: como ya se necesita brillantez intelectual para obtener votos, la necedad sube enteros entre quienes nos mandan y representan.

Me he fijado en la anécdota del beso que nunca existió, pero más sintomático es eso otro de que la información electoral que vemos en los telediarios no la elaboran los medios ni los periodistas, sino los aparatos de propaganda de los dos grandes partidos. Estos, en efecto, envían ya “editada” la información de los mítines. Y los medios televisivos, en vez de tirarla a la basura, la emiten encantados porque así se ahorran una pasta en periodistas y cámaras. Ante tales paisajes, ¿seguro que estamos en un sistema democrático? ¿Puede existir ante esta clamorosa ausencia de información y omnipresencia de propaganda y espectáculo? Dejo abierto el debate.

17
Ene
08

Gallardón

gallardon.jpgComo saben todos los que se fijan, la política es el arte de seleccionar a los peores para que se ocupen de los asuntos de todos, mejores incluidos. Y los partidos son el instrumento básico de ese depurado método para seleccionar a los menos valiosos. Por ello mismo, cuando por un error se les infiltra alguien que vale, capaz, válido e inteligente, los partidos sufren y chirrían, amenazan con estallar. Entonces, “por el bien del partido”, se produce una conjura de los necios, una unión de los incapaces –siempre mayoritarios- que conjura todos los riesgos, eliminando al elemento que hacía peligrar el conjunto. El elemento es el que vale; el conjunto, los siempre mayoritarios que sirven para poco más que para hacer carrera política.

Y estoy hablando, en efecto, de Gallardón. (Aunque ejemplos en abundancia hemos tenido, en los que se ha demostrado con no menos nitidez que, por lo general, un inteligente dura en el interior de un partido lo que un chupachús a la puerta de un colegio). El sistema de partidos impuesto en España es autoritario en esencia. Resulta que los que deben garantizar nuestra pluralidad, ser ejemplo de tolerancia y canales por los que fluyan todos los puntos de vista, son verdaderas dictaduras hacia dentro. Todos han de opinar como el líder o jefe de facción, decir “amén” a sus ocurrencias, no sobresalir en exceso, estar en posición de firmes hasta que ordene descanso… El alcalde de Madrid siempre fue un “verso suelto” en el PP, según propia y peculiar autodefinición. Dotado de una gran inteligencia y preparación, con un enorme tirón o carisma electoral, nunca ha sabido aceptar que su futuro era cuando menos incierto en una organización hecha a la medida de Acebes, Aguirre o Rajoy: gente que difícilmente hubiera destacado en la vida privada, en sus ocupaciones propias, si es que las hubieran tenido.

Acaba de perder su enésimo pulso con esos tres. Y todo indica que, tras las elecciones, tomará la puerta de salida de la política. Perderemos así uno de los pocos políticos a los que valía la pena escuchar en cualquier entrevista: siempre decía cosas interesantes. Lo mismo ha ocurrido, sistemáticamente, en los otros partidos. Todas las batallas las ganan los mediocres, que, por supuesto, son mayoría. Y de ahí que estemos gobernados como estamos, ganen estos o aquellos: por auténticos lumbreras. ¿Que exagero? Bueno, es posible que me esté pasando en el grado de acidez. Pero sucede que lo que le acaba de ocurrir a Gallardón es, ha sido, tan y tan frecuente de la transición para acá, que, francamente, da que pensar. No me parece admisible que por sistema los partidos se estén convirtiendo en un mecanismo perfecto para eliminar a los que podrían administrarnos mejor.