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19
Oct

Don Yuseep

carod-rovira.jpgA Yussep Lluiss Carod-Rovira –lo pronuncio lo mejor que puedo- le parece fatal, oye, que salga uno de por aquí y, educadamente, lo llame don José Luis. ¡Qué afrenta! Encima fueron dos, ambos de Valladolid, quienes le dispensaron semejante tratamiento el otro día en el afamado programa “Tenemos dos nacionalistas catalanes y a un tal Llamazares para usted”. Qué cabreo cogió el hombre. Creí que le daba algo. Si un día lo encuentran y quieren ver cómo se pone de color verde, solo tienen que gritarle:

-¡Pepe!

De inmediato, eso sí, echen a correr. Para colmo, lo acabó de sulfurar la señora de Valladolid, al soltarle con displicencia su nulo interés en aprender el magno idioma catalán. Fue, oye, como cuando otros nos mientan a la mamá. Si no hay cámaras, para mi que se la come. Además, como es un superdotado, dedujo que la señora representaba a todos los “españolazos”, por lo que nos diagnosticó un serio problema colectivo: detestamos a los catalanes y por eso a ellos nos les queda otra que irse cuanto antes. ¡Vaya por Dios!

Suspiré aliviado por no ser yo uno de los “agraciados” participantes del programa de realidad virtual. Porque, en confianza, a mi también me importa un pito garabito el aprendizaje del catalán, del gallego, del euskera y del inexistente “llionés” que anda inventando ahora, como hicieron antes otros, la incansable UPL. Y no es que desprecie idioma alguno, oiga. Es que la vida es breve y no da tiempo a todo. Así que, de ponerme, me apetece más aprender bien el dichoso inglés, que tan bien viene para todo, o el portugués de mis vecinos y de algunos de mis escritores preferidos; o incluso el chino mandarín, por aquello de la porrada de millones de personas con las que podría entenderme? ¿Pero el catalán? ¿Para qué quiero aprenderlo? ¿Para charlar con don Yussep Lluiss, pese a que éste me va a entender mejor si ambos hablamos en la lengua que ambos hemos manejado siempre?

Aunque, ahora que me acuerdo, sí que sé algo de catalán: “tocat de l’ala”. Es una expresión que suelto a veces, cuando me topo con determinadas gentes, cual el mismo don Yussep y que quiere decir lo que parece, sí: tocado del ala, zumbado, algo loco. Debería ese señor tan raro, que no nos deja traducir su nombre y que también se ofende si lo llamas nacionalista (porque él es, dice, “independentista”), hacérselo mirar. Algo le pasa. Aunque entiendo que, de momento, esa rareza es lo que le da, oye, de comer, con un sueldazo de vicepresidente de la cosa catalana (no digo autonomía, porque también eso le ofende). Pero, vamos, en cuanto pueda vivir de otra cosa, yo que él me lo haría mirar bien. Ánimo, don Yussep.