De lo que más se hablará en el futuro inmediato es de números. Me refiero al ámbito de la política. Dejamos atrás una legislatura muy de letras. Como la economía iba bien, como había muchos que se forraban, los políticos dedujeron que esto era Jauja. Y se dedicaron, faltos de preocupaciones, a la “lírica”, a enredar. Los unos inventando problemas donde no los había, como el guirigay aún no cerrado de las reformas estatutarias que nadie pidió y cuyas consecuencias se empiezan a pagar. (Véase a los catalanes gimiendo ahora porque no tienen agua, como si ellos no tuviesen nada que ver con la creación de un país insolidario, egoísta y encerrado en intereses autonómicos que impiden la ejecución de políticas estatales básicas). Los otros, llevando al país a tensiones límite que lo han partido en dos, por no ver más allá de sus barbas electorales.
Pero ahora llama una crisis económica a la puerta y los políticos van a tener que dejarse de versos y sacar las calculadoras. Jauja se está fastidiando. Resulta, mecachis, que nadie había previsto que un día se dejarían de vender en este país tantas viviendas cada año como en el resto de Europa y a precios cada vez más escalofriantes. Resulta, oye, que empiezan a derrumbarse los castillos de naipes inmobiliarios y bancarios, edificados al olor de la pasta gansa que movía el ladrillo. Resulta que los que ayer alardeaban de ganar millones en cuatro días, ahora gimen porque no pueden pagar sus gigantescas deudas y piden una ayuda pública por caridad… Y a todo esto, el petróleo que tanto iba a bajar invadiendo Irak está más allá de las nubes, los chinos siguen creciendo porque todo lo hacen cien veces más barato que por aquí, etc., etc. Que vienen mal dadas, vamos. Y que no tardaremos en ponernos nerviosos y exigir a los políticos que se dejen de poesía y nos hablen de la pasta.
Así que entramos en tiempo de números, de contabilidad, de cuadrar cuentas que de repente se van a descuadrar. En realidad, nada nuevo. Nada que no hayamos vivido. Lo curioso, eso sí, es la cara de idiotas que se les pone a algunos “triunfadores” de ayer. Aquí abajo, en realidad, entre los peatones, no creo que notemos tanto como dicen esta crisis de origen “virtual”. A nosotros, oiga, nunca nos dejaron entrar al enorme y engañoso casino en que han transformado la economía. Así que no nos vengan ahora con que tenemos que pagar entre todos esas tragaperras que les empiezan a explotar. Y esperemos que los políticos, ocupados en atender a los ricos en apuros, carezcan de tiempo para enredos. Tiempo de economía, pues.
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