Se destaca por todas partes que a José Bono le ha correspondido el dudoso honor de ser el primer Presidente del Congreso de los Diputados que ha sido elegido en segunda vuelta y por mayoría simple. Cualquiera deduciría que estamos ante el más impopular de los políticos. Aunque suceda, ya ves tú, justo al revés. El único problema de Bono, como ha dicho alguien de una de las periferias levantiscas, es que es demasiado “españolista”. Vaya, qué defecto tan terrible. ¿Han oído descalificar a alguien por demasiado catalanista, demasiado vasquista o demasiado galleguista? Más bien habrán oído lo opuesto, pues en sus respectivas autonomías tal calificativo tiende a ser elogioso y quien lo recibe está preparado para los más altos honores. Sucede, claro, que en esas autonomías está bien visto ser patriota, siempre que sea de las pequeñas patrias regionales. En España, en cambio, está mal visto hasta escribir su nombre, no digamos envolverse en su bandera o atreverse a ser mínimamente patriota. A Bono, como a todos los grandes políticos (pienso en Ibarra, Gallardón, etc.), lo que le pasa es que se le entiende todo. Y eso es lo único que le pasa factura. Habla claro y planta cara a quienes se debe de plantar. Así que va de suyo y nada tiene de extraño que los nacionalistas lo detesten y estén encantados de poder ponerlo en solfa, negándole unos votos institucionales. Lo que ya no se entiende, si Bono es el colmo del españolismo, el defensor de la España unida y hasta patriotera, es que los que tanto presumen de ser también todo eso no hayan acudido en su ayuda, siquiera por aquello de que “el enemigo de mis enemigos es mi amigo”. No comprendo que el PP no aprovechase tan magnífica coyuntura para reafirmar su “principios” y al tiempo irritar a sus detestados nacionalistas, dando apoyo al antinacionalista Bono. La misma Rosa Díez, para cuyo proyecto no ahorré simpatías en campaña, ¿por qué no apoya a quien se supone que representa justo lo que ella demandaba sin fortuna a Zapatero? ¿No encaja a la perfección en el proyecto de ella y de los otros contar con un presidente del Congreso “españolista”, jacobino y defensor de la España unitaria?
Considero un elogio en toda regla para Bono y su trayectoria que los nacionalistas lo detesten y se hayan negado a apoyarlo, ni siquiera a cambio de las poltronas que graciosamente les sigue regalando el PSOE en la Mesa del Congreso. Pero me parece incomprensible y de escasísima visión política que el PP no haya visto en él la ocasión perfecta para revindicar el término “españolista” como el elogio que en realidad debiera ser. A esto, en fin, hemos llegado: demuestra creer en tu país y no te votará ni…Alfonso Guerra, Rosa Díez o el ínclito Mariano. ¡Joer, con los patriotas!
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