Archivos para Abril 2008

22
Abr

El heredero

Esta vez, a falta de enemigo externo al que culpar, le va a costar lo suyo al PP asimilar su nueva derrota. Rajoy creyó que bastaría con un golpe a autoridad, a lo Aznar, para zanjar cualquier atisbo de crisis. Se equivocó (como en casi todo, por cierto). Y se ve que no esperaba equivocarse. Solo eso explica su desabrida reacción ante los atrevimientos de la presidenta madrileña, a quien se apresura a expulsar dialécticamente a las tinieblas exteriores por osar insinuar su posible candidatura alternativa. ¿No era ese mismo Rajoy el que dos días antes animaba a cuantos quisieran a presentarse frente a él? ¿Y cómo se hace eso sin amagar antes, sin tantear fuerzas muy difíciles de reunir en un partido tan disciplinado y donde las normas se hicieron para que nadie osara hacer sombra a Aznar?

Va a sufrir el PP hasta junio, cuando tenga lugar el congreso del que salga elegida ya veremos si un nuevo o un viejo liderazgo. Porque se está provocando mucho revuelo interno y la militancia de base está perpleja ante una pelea de gallos que no esperaba y no consigue entender. Además, ya se sabe que a río revuelto, ganancia de pescadores. Lo cual quiere decir que si la pelea Rajoy-Aguirre sigue creciendo y es el único ruido o mensaje que en las próximas semanas sale del PP, ambos corren el riesgo de que ocurra lo habitual en estos casos; que surja un tercero en discordia –el pescador propiamente dicho- y se lleve el gato al agua. Es improbable que Aguirre sea capaz de trenzar apoyos suficientes para ganar, al haber descubierto demasiado pronto su mucha ambición. A Rajoy nunca lo han visto los suyos como un líder real, sino como un heredero de otro por el que tienen todo el respeto. Pero a los herederos se les respeta a su vez en la medida en que salvaguarden y amplíen la herencia recibida, lo que no ha ocurrido. De modo que esa pelea abierta perjudica a los dos: a una le priva de cualquier perspectiva, el otro deja en evidencia su debilidad de fondo.

De aquí a junio, pues, no debería descartarse la aparición de un tercero, que se presente como “salvación” y con el apoyo amarrado de los más significados barones de esa organización. Por eso mismo me parece tan torpe la sucesión de apoyos cerrados que se ha dado a Rajoy en buena parte de las diferentes regiones. Demasiado pronto juegan sus cartas algunos “barones”, en mi opinión. Deberían ser prudentes, no vaya a pasarles como a toda aquella generación de dirigentes regionales y provinciales del PSOE que en ciertas primarias apoyaron “como un solo hombre” o casi al heredero de un líder, Almunia, que acabó perdiendo por goleada frente al inesperado Borrell.

Pero, en fin, allá penas.

17
Abr

Balón, balón

La televisión pública se las prometía muy felices con el último programa de “Tengo una pregunta para usted”. El éxito del formato estaba comprobado. Logró audiencias millonarias llevando a políticos de primera fila como Zapatero y Rajoy. Incluso salvó el tipo cuando no tuvo más remedio que programar una sesión bastante infumable con el trío Llamazares, Carod y Durán. Pese a ello, ese día tuvo más de cuatro millones de espectadores (supuestos, puesto que hablamos de las mediciones televisivas, que no son reales, sino calculadas a partir del control de muy pocos miles de espectadores). Así que para esta temporada, cuando a algún cerebro de TVE se le ocurrió sustituir la política por el fútbol, seguro que fue aplaudido a rabiar.

-Ese día no se ve otra cadena más que la nuestra. Tú verás. Si la política, que no interesa a nadie según opinión universal, ha logrado tal éxito, qué no conseguirá el fútbol.

Y decidieron, además, abrir esa vía con alguien tan indiscutible como el seleccionador nacional, Luis Aragonés, único cargo en España con más minutos garantizados en las noticias que el mismísimo Presidente del Gobierno. Bueno, pues ya se celebró ese programa y ya se saben los resultados de audiencia. La peor, con diferencia, que ha cosechado en su historia. Casi seis millones de espectadores atrajo “Tengo un pregunta para usted”, con Zapatero. Sobrepasó en trescientos mil esa cifra con Rajoy. ¡No llegó ni a dos millones y medio con el fútbol y Luis Aragonés! Si quieren saber el dato oficial: 2.491.000 y un 13,5 de cuota de pantalla (de cada cien que veían la tele, poco más de trece vieron el programa).

El dato me parece digno de ser resaltado, dada la “dictadura” del fútbol que padecemos. Siempre he sostenido que el fútbol no es tan deporte de masas como nos quieren hacer creer. Otra cadena, “Tele 5”, se la está pegando también bastante fuerte, con notables caídas de audiencia, desde que ha entrado en ese ámbito y ofrece algunos partidos en directo. Lo que pasa con el fútbol es que sus seguidores, sin ser tantos como se cree, hacen muchísimo ruido. Y logran hacernos creer que el fútbol gusta a todos… salvo a dos o tres raros. En realidad, los raros son ellos; los que creen que la vida es un balón seguido de otro balón y los que jurarían que no hay más calendario que el de la Liga. Nunca han faltado datos tan contundentes como el que estoy comentado, con evidente regocijo. Y sin embargo, se mantiene el prejuicio a favor del fútbol y en contra de la política. ¿De veras interesa más el fútbol que la política? ¿A quién? Levantemos todos el dedo, a ver.

16
Abr

Los nuevos

Pregunta un diario en su edición digital: “¿Le gusta la composición del nuevo Gobierno?”. La pregunta me hace pensar. Es complicado enjuiciar a un Gobierno “a priori”; lo suyo es esperar y ver lo que hace. En principio y globalmente, a mi no me parece especialmente malo o escaso de competencia.

Desde luego le veo mucha más brillantez que a algunos de la era Aznar, como aquel último en el que dio ministerios de rango a lumbreras como Michavila o a oradores tan “sueltos” como Ana Palacio. Y desde luego, es difícil no admirar la osadía de Zapatero, que uno no sabe si achacar a inconsciencia o a lo contrario. Aunque el medio país irremediablemente machista anda con un cabreo subido, me parece muy bien su vuelta de tuerca al tema femenino en la composición del Gabinete. No creo en cambio que fuera necesaria llegar al extremo de poner en Defensa a una mujer más identificada con Cataluña que con España y más proclive a las ideas pacifistas que a las de defensa (es decir: bélicas). Si hubiese nombrado a Elena Salgado, por ejemplo, nadie diría ni pío.

Tampoco entiendo su empeño en mantener –por bien que puedan haberlo hecho- a una ministra “reprobada” parlamentariamente, como la de Fomento, o tan negado para el imprescindible diálogo con la oposición, como el de Justicia. Y lo que menos entiendo es que “haya dado puerta” con frialdad al salmantino Jesús Caldera, a quien debe buena parte de lo que es. Cuando se creó, en efecto, aquello del grupo “Tercera Vía” para intentar controlar el PSOE, el alma y máximo creador era Caldera, y junto a él Trinidad Jiménez, López Aguilar, Jordi Sevilla y algunos más. Caldera era el líder natural del grupo y a quien todos animaban para que optara a la secretaría general del PSOE. Pero el salmantino no quiso o no se atrevió y se empeñó en que el líder fuese su amigo y diputado por León, Rodríguez Zapatero, a quien animó personalmente a asumir el reto. Más tarde, convertido en su fiel número dos, le hizo el primer debate sobre el Estado de la Nación, fue su eficaz portavoz en la oposición, quien le ha coordinado las dos campañas electorales… Por resumir, Caldera ha sido para Zapatero bastante más que Guerra para Felipe González. Y ya ven: se ha desecho de él con cuatro míseros años en un ministerio de segunda.

Eso no me ha gustado, por el negativo talante que refleja en quien nos gobierna. Pero respecto a quienes están y haciendo las salvedades mentadas, no veo por qué no van a hacerlo tan bien o mejor que otros muchos Gobiernos de los que se vienen sucediendo desde que recuperamos la democracia. El tiempo dirá.

10
Abr

Ambiciones

José Blanco, responsable de Organización del PSOE y por tanto su número tres, tras el ornamental Presidente Chaves y el todopoderoso secretario general Zapatero, acaba de declarar que no ambiciona ser ministro, porque sus “ambiciones personales están colmadas”. La frase me ha hecho reír. Me ha recordado a un personaje similar que en similares circunstancias decía lo mismo… y después no dejó de ser ministro la tira de años. Hablo de Ángel Acebes. Lo recuerdo de portavoz del Senado, en tiempos de Aznar, asegurando también que sus ambiciones estaban sobradamente colmadas con tal puesto y que desde luego no aspiraba a ser ministro. Lo volvía decir en la etapa siguiente, en la que fue ascendido a “coordinador general” del PP, cuando el secretario general seguía siendo el también vicepresidente Álvarez-Cascos. No tardó en ser ministro: de Administración Territorial, de Justicia, de Interior… Y no siguió porque su partido perdió las elecciones y tuvo que conformarse con ser el número dos del partido, secretario general hasta hoy. Menos mal que sus ambiciones estaban colmadas.

Bueno, pues este otro, me da que lo mismo. Si puede, obviamente. El problema de José Blanco es que estos días al hombre lo tienen frito mis colegas preguntándole cómo va lo suyo. Se corrió la voz hace tiempo de que él quería ser ministro, que está hasta arriba de llevar las riendas del partido mientras otros se reparte el bacalao rico de los ministerios. Nada reprochable, perfectamente lógico y comprensible. Pero no es ministro quien quiere. Ni quién más lo merece. Ni quién más méritos tiene o más lo desea. Es ministro quien, por las razones que sea, le viene bien en un momento dado al Presidente del Gobierno de turno. Y a Zapatero da la impresión de que ahora no le venía nada bien cambiar de timonel en su convulso partido, con muchas y problemáticas citas pendientes, como en Castilla y León o en la misma Zamora. Así que seguramente le ha dicho a Blanco:

-Tú, quédate en el partido, que es donde hoy te necesito.

Por eso al hombre no le queda otra que, como Acebes antaño, salirnos con eso de que sus ambiciones están sobradamente colmadas. (Lo mismo por cierto dice a menudo Esperanza Aguirre: sus ambiciones se colmaron cuando fue ministra de Cultura, asegura sin que le de la risa). Ni caso. Lo más probable es que a Blanco lo sustituya Zapatero en el partido en el próximo Congreso, que es cuando toca. Y después, logrará ser ministro de algo, “aunque sea de la Marina”, como decía aquel otro. Verán.

03
Abr

Avería en el casino

bolsa.jpgDe lo que más se hablará en el futuro inmediato es de números. Me refiero al ámbito de la política. Dejamos atrás una legislatura muy de letras. Como la economía iba bien, como había muchos que se forraban, los políticos dedujeron que esto era Jauja. Y se dedicaron, faltos de preocupaciones, a la “lírica”, a enredar. Los unos inventando problemas donde no los había, como el guirigay aún no cerrado de las reformas estatutarias que nadie pidió y cuyas consecuencias se empiezan a pagar. (Véase a los catalanes gimiendo ahora porque no tienen agua, como si ellos no tuviesen nada que ver con la creación de un país insolidario, egoísta y encerrado en intereses autonómicos que impiden la ejecución de políticas estatales básicas). Los otros, llevando al país a tensiones límite que lo han partido en dos, por no ver más allá de sus barbas electorales.

Pero ahora llama una crisis económica a la puerta y los políticos van a tener que dejarse de versos y sacar las calculadoras. Jauja se está fastidiando. Resulta, mecachis, que nadie había previsto que un día se dejarían de vender en este país tantas viviendas cada año como en el resto de Europa y a precios cada vez más escalofriantes. Resulta, oye, que empiezan a derrumbarse los castillos de naipes inmobiliarios y bancarios, edificados al olor de la pasta gansa que movía el ladrillo. Resulta que los que ayer alardeaban de ganar millones en cuatro días, ahora gimen porque no pueden pagar sus gigantescas deudas y piden una ayuda pública por caridad… Y a todo esto, el petróleo que tanto iba a bajar invadiendo Irak está más allá de las nubes, los chinos siguen creciendo porque todo lo hacen cien veces más barato que por aquí, etc., etc. Que vienen mal dadas, vamos. Y que no tardaremos en ponernos nerviosos y exigir a los políticos que se dejen de poesía y nos hablen de la pasta.

Así que entramos en tiempo de números, de contabilidad, de cuadrar cuentas que de repente se van a descuadrar. En realidad, nada nuevo. Nada que no hayamos vivido. Lo curioso, eso sí, es la cara de idiotas que se les pone a algunos “triunfadores” de ayer. Aquí abajo, en realidad, entre los peatones, no creo que notemos tanto como dicen esta crisis de origen “virtual”. A nosotros, oiga, nunca nos dejaron entrar al enorme y engañoso casino en que han transformado la economía. Así que no nos vengan ahora con que tenemos que pagar entre todos esas tragaperras que les empiezan a explotar. Y esperemos que los políticos, ocupados en atender a los ricos en apuros, carezcan de tiempo para enredos. Tiempo de economía, pues.

02
Abr

El españolista

bono.jpgSe destaca por todas partes que a José Bono le ha correspondido el dudoso honor de ser el primer Presidente del Congreso de los Diputados que ha sido elegido en segunda vuelta y por mayoría simple. Cualquiera deduciría que estamos ante el más impopular de los políticos. Aunque suceda, ya ves tú, justo al revés. El único problema de Bono, como ha dicho alguien de una de las periferias levantiscas, es que es demasiado “españolista”. Vaya, qué defecto tan terrible. ¿Han oído descalificar a alguien por demasiado catalanista, demasiado vasquista o demasiado galleguista? Más bien habrán oído lo opuesto, pues en sus respectivas autonomías tal calificativo tiende a ser elogioso y quien lo recibe está preparado para los más altos honores. Sucede, claro, que en esas autonomías está bien visto ser patriota, siempre que sea de las pequeñas patrias regionales. En España, en cambio, está mal visto hasta escribir su nombre, no digamos envolverse en su bandera o atreverse a ser mínimamente patriota. A Bono, como a todos los grandes políticos (pienso en Ibarra, Gallardón, etc.), lo que le pasa es que se le entiende todo. Y eso es lo único que le pasa factura. Habla claro y planta cara a quienes se debe de plantar. Así que va de suyo y nada tiene de extraño que los nacionalistas lo detesten y estén encantados de poder ponerlo en solfa, negándole unos votos institucionales. Lo que ya no se entiende, si Bono es el colmo del españolismo, el defensor de la España unida y hasta patriotera, es que los que tanto presumen de ser también todo eso no hayan acudido en su ayuda, siquiera por aquello de que “el enemigo de mis enemigos es mi amigo”. No comprendo que el PP no aprovechase tan magnífica coyuntura para reafirmar su “principios” y al tiempo irritar a sus detestados nacionalistas, dando apoyo al antinacionalista Bono. La misma Rosa Díez, para cuyo proyecto no ahorré simpatías en campaña, ¿por qué no apoya a quien se supone que representa justo lo que ella demandaba sin fortuna a Zapatero? ¿No encaja a la perfección en el proyecto de ella y de los otros contar con un presidente del Congreso “españolista”, jacobino y defensor de la España unitaria?

Considero un elogio en toda regla para Bono y su trayectoria que los nacionalistas lo detesten y se hayan negado a apoyarlo, ni siquiera a cambio de las poltronas que graciosamente les sigue regalando el PSOE en la Mesa del Congreso. Pero me parece incomprensible y de escasísima visión política que el PP no haya visto en él la ocasión perfecta para revindicar el término “españolista” como el elogio que en realidad debiera ser. A esto, en fin, hemos llegado: demuestra creer en tu país y no te votará ni…Alfonso Guerra, Rosa Díez o el ínclito Mariano. ¡Joer, con los patriotas!