Archivos para Enero 2008

25
Ene
08

Las dos vacas

vacas.jpgNo es que uno vaya de religioso. Pero de vez en cuando conviene acudir a la Biblia, que no deja de ser un libro antiquísimo y de autor colectivo: se le presupone, por tanto, un depósito implícito de sabiduría ancestral, creencias al margen. Y en ese libro, en el Génesis, se cuenta la historia de un faraón que tuvo un sueño inquietante. Vio cómo siete vagas gordas eran devoradas por otras tantas vacas extremadamente flacas. Desconcertado, convocó a los adivinos y agoreros más afamados del país, pero ninguno supo interpretar satisfactoriamente la pesadilla. Ante tal circunstancia -sigue narrando el libro- el faraón hizo comparecer ante sí a José, hijo de Jacob y Raquel, que se hallaba en prisión. Y fue éste quien le explicó que las siete vacas flacas simbolizaban los siete años siguientes, que serían de abundancia y prosperidad, mientras que las siete vacas flacas representaban la escasez y penurias que habrían de hacer que se olvidara la abundancia anterior durante otros siete años.

He querido recordar la antiquísima fábula, porque vuelve a hablarse por todas partes de “vacas flacas” y no sé si todo el mundo recuerda con nitidez el origen de la expresión. La cual ha hecho fortuna, no por azar, sino porque en efecto suele suceder que haya alternancia entre épocas malas y épocas buenas, tiempos de prosperidad máxima y tiempos de penuria extrema. Pero conviene no dejarse arrastrar por las histerias del mundo moderno, ávido de desastres y turbulencias. Uno, por más que se fija, no ve por el momento “vaca flaca” alguna o amenaza de penurias extremas en derredor. Solo se está produciendo el “meneo” periódico que los mercados financieros necesitan para funcionar. Es imposible que las Bolsas suban por siempre sin parar, porque todo tiene un límite, incluido el de las masas monetarias mundiales que hacen funcionar ese inmenso casino virtual. Por eso, de vez en cuando, han de “hundirse”. Para después, cuando se han eliminado los excesos de sobrevaloraciones, volver a empezar, volver a subir. Pero eso, por más que insistan los interesados, tiene poco que ver con la economía real, con lo que pasa en la calle, con que nos volvamos más pobres de verdad. Y el otro dato que hace mentar las vacas flacas, el parón inmobiliario, afectando ya a la economía real, no está menos justificado que el bursátil. Sencillamente, era un sector pasado de “revoluciones” y una de dos: o explotaba o daba un frenazo. Por fortuna, “solo” ha frenado.

Así que las vacas flacas, si llegan, serán muy distintas a las que muchos anuncian estos días. Lo que hay ahora son dos vacas que, de tan obesas, han tenido que ponerse a régimen para no reventar. Por así decir.

22
Ene
08

La niebla

niebla-2.jpgVaya niebla. En un canal de la tele, entre exagerados y líricos, dicen que media España está a media luz. Media España no sé, pero donde estoy yo, sí que sí; no se ve un burro a dos pasos. Y ese ambiente opaco, frío y desapacible se te acaba trasladando al interior. De modo que ves niebla, o sea, apenas nada, mires hacia donde mires.

Niebla y más niebla veo al mirar al PP. No digo ya el local –dejémoslo en paz por un día- sino todo él, la organización de Rajoy. Resulta significativo el estupor que se les escapa al líder y a la “lideresa” ante la evidencia de que la “muerte” de Gallardón ha sido noticia de más de dos días, de más de tres, de más de una semana. Me pregunto si tras la cortina de niebla que se ha instalado en la mirada de ambos y del rocoso Acebes y del imposible Zaplana habrá sitio para una mínima pero creciente duda: ¿Y si nos equivocamos? ¿Y si hemos “matado” al único que garantizaba un futuro al partido? Aunque no es probable, no, que esa niebla levante lo suficiente como para que los mentados vislumbren esa duda tan elemental. Si acaso más tarde, cuando sea ídem, cuando les llegue la claridad con una derrota del alcance de la sufrida por Almunia cuando fue candidato hace ocho años, previa “muerte” del candidato Borrell, el que querían las bases y los votantes…

Niebla y más niebla veo en torno al PSOE. Su líder, siempre osado, aún osa más desde que está rodeado por la habitual camarilla de loros que repiten, uno tras otro, lo que suponen que él querrá oír. Por eso veréis si os fijáis a un Zapatero cada vez más nebuloso, esdrújulo y confiado. Le han convencido de ese aserto no demostrado que repiten los “expertos” en cada contienda política: las elecciones no las gana la oposición, las pierde el Gobierno. Y el Gobierno, cree su presidente, no va a perderlas, porque apenas ha cometido algún error sin mayor importancia, frente a una montaña de aciertos. No es que se así, no. Es así como él lo ve, porque como todo Presidente ya no ve nada, cegado como está por la espesísima niebla de elogios que a todo gobernante acecha en Moncloa. Si en marzo vulva a ganar, nunca sabrá que hubo niebla: dirá que él lo veía con claridad. Si pierde, tardará años en comprender y aceptarlo, como les ha pasado a otros en su lugar.

Vaya niebla la de estos días. No solo no deja ver. Tampoco permite que entren los rayos del sol. Y ya veis cómo afecta: solo vemos lo cercano, a corto plazo, y no quitamos el frío ni a la de tres. A ver si levanta y vemos o ven lo que de verdad está pasando a nuestro alrededor.

21
Ene
08

Mandato sobrante

lanzarote.jpgPues sí que debió ser gorda la que montó Lanzarote en el Comité Electoral Provincial de su partido para que se haya emitido desde el PP un comunicado de apoyo, mostrando el “absoluto respaldo, respeto y reconocimiento hacia la persona de su presidente provincial”. Mal, muy mal tienen que ir las cosas para que una organización rígidamente jerárquica se crea en la necesidad de tener que mostrar su apoyo a quien es su máximo responsable. Indica que ya no hay identificación entre esa organización y su máximo representante, pues de contrario no se caería en tamaña obviedad, equivalente a que yo declare mi fiel apoyo a mi mismo. Indica que la grieta o boquete abiertos son de consideración, pero hay que disimularlo, siquiera hasta que pase el periodo electoral.

Venimos sosteniendo, desde antes de este incidente, que Lanzarote recordará este mandato como ese que justamente le sobró y que va a impedir que se tarde mucho en reconocerle los eventuales méritos contraídos en el más largo periodo disfrutado por alcalde alguno de esta ciudad. Para que se me entienda mejor, nada como el ejemplo de su detestado Felipe González. Si éste se hubiese conformado, como hizo Aznar, con dos mandatos, sería reconocido desde hace tiempo como uno de los mejores gobernantes de este país. Pero estiró “la goma” en exceso. No supo parar a tiempo, apearse del tren. Y acabó completamente enfangado y con el prestigio por los suelos, tras dos nuevos mandatos que ni siquiera pudo acabar. Pues eso quiero decir respecto al alcalde de Salamanca. Pese a sus muchos excesos, tanto verbales como de gestión, podría haberse ido con una balance muy defendible si hubiese resistido la tentación de seguir esta última vez para hacer suya la cosechas de votos que el asunto de los “papeles” hacía prever. No lo hizo y la consecuencia visible es que no ha levantado cabeza desde esta última reelección. Las sentencias en contra –siempre con el vidrioso urbanismo como telón de fondo- la van cayendo en cascada. Planteó unas subidas inasumibles justo cuando Rajoy pretendía convencernos de que el PP es el partido de las rebajas fiscales. Y ahora, ha pretendido montarla con las listas electorales. Pero ahí, hasta su guardia pretoriana le ha dicho que no, supone uno que asustada ante la errática trayectoria del otrora indiscutible líder provincial. Cuentan que pretendía enviar al Congreso a Fernández Mañueco para castigar a Robles y Bermúdez de Castro por no haberle apoyado en la “crisis de las tasas”. Pero uno cree que a quien pretendía castigar, en realidad era al propio Consejero de Justicia e Interior, con quien ni siquiera contó. ¿O acaso cree alguien que ser diputado es mejor que ser consejero?

Ay, la decadencia qué dura es. Se nos va a hacer largo, don Julián, este mandato. Si es que lo llegamos a culminar…

17
Ene
08

Gallardón

gallardon.jpgComo saben todos los que se fijan, la política es el arte de seleccionar a los peores para que se ocupen de los asuntos de todos, mejores incluidos. Y los partidos son el instrumento básico de ese depurado método para seleccionar a los menos valiosos. Por ello mismo, cuando por un error se les infiltra alguien que vale, capaz, válido e inteligente, los partidos sufren y chirrían, amenazan con estallar. Entonces, “por el bien del partido”, se produce una conjura de los necios, una unión de los incapaces –siempre mayoritarios- que conjura todos los riesgos, eliminando al elemento que hacía peligrar el conjunto. El elemento es el que vale; el conjunto, los siempre mayoritarios que sirven para poco más que para hacer carrera política.

Y estoy hablando, en efecto, de Gallardón. (Aunque ejemplos en abundancia hemos tenido, en los que se ha demostrado con no menos nitidez que, por lo general, un inteligente dura en el interior de un partido lo que un chupachús a la puerta de un colegio). El sistema de partidos impuesto en España es autoritario en esencia. Resulta que los que deben garantizar nuestra pluralidad, ser ejemplo de tolerancia y canales por los que fluyan todos los puntos de vista, son verdaderas dictaduras hacia dentro. Todos han de opinar como el líder o jefe de facción, decir “amén” a sus ocurrencias, no sobresalir en exceso, estar en posición de firmes hasta que ordene descanso… El alcalde de Madrid siempre fue un “verso suelto” en el PP, según propia y peculiar autodefinición. Dotado de una gran inteligencia y preparación, con un enorme tirón o carisma electoral, nunca ha sabido aceptar que su futuro era cuando menos incierto en una organización hecha a la medida de Acebes, Aguirre o Rajoy: gente que difícilmente hubiera destacado en la vida privada, en sus ocupaciones propias, si es que las hubieran tenido.

Acaba de perder su enésimo pulso con esos tres. Y todo indica que, tras las elecciones, tomará la puerta de salida de la política. Perderemos así uno de los pocos políticos a los que valía la pena escuchar en cualquier entrevista: siempre decía cosas interesantes. Lo mismo ha ocurrido, sistemáticamente, en los otros partidos. Todas las batallas las ganan los mediocres, que, por supuesto, son mayoría. Y de ahí que estemos gobernados como estamos, ganen estos o aquellos: por auténticos lumbreras. ¿Que exagero? Bueno, es posible que me esté pasando en el grado de acidez. Pero sucede que lo que le acaba de ocurrir a Gallardón es, ha sido, tan y tan frecuente de la transición para acá, que, francamente, da que pensar. No me parece admisible que por sistema los partidos se estén convirtiendo en un mecanismo perfecto para eliminar a los que podrían administrarnos mejor.