Leo en Tribuna de Salamanca que más pronto que tarde los de ahí arriba lo sabrán todo sobre nosotros, la plebe, los de aquí abajo, tu y yo. Qué se le va hacer. Ya de pequeñines nos “acongojaban” con lo de que Dios todo lo veía.
-¿Todo, todo?
-Todo. Hasta cuando es de noche.
-¿Y cuándo estás metido en la cama?
-Por más que te tapes, también te ve como te toques.
-¡Ósperas!
La obsesión por el ojo que todo lo ve se ha ido haciendo humana con el paso de los años; pero por ello mismo es cada vez más tangible. Los temores infantiles se han transformado en realidades adultas. Nos ven en todas partes, nos metamos donde nos metamos. O si todavía no, no tardando, porque están en ello; nos verán muy pronto, hagamos lo que hagamos, lo hagamos donde lo hagamos. Hay cámaras por todas partes y más que habrá. Hay radares, como los que ahora planea el Consistorio salmantino, que se colocan por toda una ciudad para saber si te pasas dándole al pedal del coche y hacer el consiguiente “retrato” al malhechor.
Lo cual está muy bien, faltaría más. ¿Quién va a oponerse a que pongan chismes que pillen a los “mangarras” que van como locos, pasándose las restricciones de circulación por el forro de sus caprichos? ¿Cómo no va a tranquilizarnos saber que las cámaras de video de las tiendas disuaden a los amigos de lo ajeno y nos hacen la vida más tranquila? ¿Acaso no nos agrada que últimamente, ante cualquier accidente o fechoría, se disponga de la ayuda inestimable de las imágenes grabadas por alguna cámara cercana? Y sin embargo… No sé cómo decirte. Pero empieza uno a preguntarse si no acabaremos llegando algún día al punto de no retorno. O sea, a una pesadilla de esas de ficción científica con producción norteamericana, en la que el malvado loco de turno logra utilizar en su provecho el descomunal banco de imágenes e información que todos estos sistemas van creando.
De niño, tragabas saliva al enterarte de que Quien Todo Lo Veía por fuerza habría también visto aquello que creías haber hecho en la más estricta intimidad. De mayor, empieza uno a preguntarse si con tanto radar por todas partes, con tanta cámara y tanto “ojo público”, será seguro rascarte la entrepierna en parte alguna sin que acabe viéndote el universo entero, porque alguien cuelga el vídeo en Internet. Llámame paranoico. Pero en carretera son ya muchos los que han dejado de hurgarse la nariz, no sea que después les llegue a casa multa con foto y cochinada, todo incluido. A ver.
0 Respuestas a “El ojo público”
Escribe un comentario