No pocos candidatos querrían, seguro, que el próximo fin de semana fuera como estos últimos días: inestable, de cielos encapotados, con lluvias y aguaceros, con rayos y hasta truenos. Así usted y yo, siempre poco fiables, aparcaríamos cualquier plan de escapada en el puente de la Hiniesta y nos tendrían a mano.
-¡No pensarás irte tú también, caramba! ¡A ver si sólo se van a ir los que me votan precisamente a mí!
Eso temen, los pobrecillos. Ninguno las tiene todas consigo. Ni siquiera respecto a ese tópico que dice que a más participación, mejor para los pequeños.
-¡Y un cuerno! ¡Si tenemos cuatro votos y nos fallan dos, ya me dirás tú! A mí no me importa que la gente salga y se abstenga; siempre, claro, que sean votantes de los otros.
Por eso yo creo que todos, en realidad, estarán haciendo rogativas para pedir, como los del campo, que llueva.
-¿Cuántos huevos, Hermanas, hay que entregar para que el domingo esté todo nublado y no den ganas más que de ir al colegio electoral?
-Eso, hijo, hay que dejarlo en manos de la Providencia.
-Vale. Pues tenga estas docenas, a ver si…
Dicen los sondeos que, más que el muy movilizado PP, puede ser el PSOE el que sufra una eventual tocata y fuga de electores, ya que andan los suyos poco entusiasmados. Dicen que si también las tropas de Adeiza tienden a ser algo más infieles que las del PP o IU. No sé, oye, qué deciros al respecto. No he creído nunca demasiado en los sondeos, ni siquiera cuando aciertan. Porque es el caso que todos los encuestados que conozco se lo pasan pipa mintiendo a los encuestadores.
-Me llamaron de una encuesta, ¿y a que no sabes qué les dije de mi voto?
-Menos la verdad, cualquier cosa.
-Ya te digo.
Saben bien todos los partidos, por haberlo sufrido en carne propia, que nunca se adivina por completo qué diablos saldrá el Día D de las urnas misteriosas. Por eso nadie debe dar nada por supuesto ni abdicar del don del voto, vaya o no vaya el elector a estar en casa. Tengo la impresión, por otra parte, de que la abstención no va a ser tan alta como se temen los más interesados. De hecho, el voto por correo he oído que anda disparado y que en el servicio postal no paran de tramitar esos votos más madrugadores. Lo cual sugiere que aunque muchos no vayan a estar presentes ese día, no por eso renuncian a su poder de decisión. Que es, en verdad, lo que procede. Así que a ver, oye, qué pasa.
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