Por desgracia, no creo que a nadie haya sorprendido la noticia de que los matarifes etarras tenían bajo vigilancia al gran Fernando Savater. Hasta se comprende, desde la óptica de los encapuchados. Pues pocas cosas les hacen tanto daño como un cerebro lúcido a pleno rendimiento desmontando, una a una, con absoluta precisión, sus necedades. Y eso es Savater, un insobornable y lúcido cerebro. No es extraño que los tontos lo arrinconen e insulten y que los descerebrados vigilen sus pasos para intentar que nunca vuelva a hablar. Hay que proteger a este filósofo, sobrado de agallas o valor, como el bien de Estado que es.
09
Abr
07
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