05
Abr
07

La vieja España

viejos.jpgJobar, qué título. He empezado por él y verán enseguida que viene al pelo. Pero visto así, antes de saber de qué voy a escribir, queda un tanto raro, ¿no? Como si fuera a enhebrar un discurso de los de antes; o de los del PP de ahora. Vamos, de los de Santiago y cierra España. Ji. Pero el caso es que no, que de lo que iba a hablar es de la vejez propiamente dicha y del país en relación con la misma. Je. A ver si me centro y se me quitan estas risas, motivadas por la rotundidad del título. ¡Mecá!

El caso es que acabo de leer que en 2050 España será el tercer país más viejo de entre los desarrollados o más prósperos. Lo que, dicho así, sin más explicaciones, parecen ganas de cabrear, hombre, a los independentistas catalanes, vascos, galaicos, baturros y hasta murcianos (del cantón de Cartagena, por si vuelven). Pero se habla en realidad de una estadística, según la cual, para mediados de siglo, si las cosas no han cambiado mucho, un 35 por ciento de la población tendrá más de 65 años. Con lo que sólo nos ganarán a viejos para entonces Japón y Corea, de los países de la OCDE. Llevando después los números a los extremos de ridiculez en la que acaban cayendo siempre estas proyecciones estadísticas, nos añaden que la cosa va estar complicada porque no trabajará ni un diez por ciento de los españoles, si a los viejos sumamos los menores de quince años.

Yo creo que para el 2050 en realidad no va a trabajar nadie, porque media población pertenecerá al club de los sesenta, que cada vez empieza antes, y la otra mitad al club de la eterna juventud, que cada vez se alarga más. Y será estupendo que no trabaje nadie porque eso querrá decir que ya se encargan los robots -es un decir- de todas las tareas. Así que, o sea, encantado de vivir en uno de los países más envejecidos del mundo de aquí a unas décadas. No me asusta lo más mínimo. Y lo subrayo porque este tipo de datos estrambóticos y sin sentido, que la realidad siempre desmiente porque no se pueden hacer proyecciones demográficas a tan largo plazo, suelen servir únicamente para que alguien salga a decirnos dentro de dos días que la pensión peligra y que mejor hacernos un plan privado con el banco X.

Pues miren, a mí plin. Y no porque duerma en “pikolín”. Sino, uno, porque no me creo nada. Y, dos, porque personalmente en 2050 estaré hecho un chaval de noventa y cuatro añitos. Y “por consiguiente”, que decía aquel, todos me van a parecer, si logro aguantar el tipo, la mar de jóvenes. Je, je.


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