Mira tú por dónde, ha quedado demostrado que de vez en cuando procede quitarnos a los periodistas de en medio. Mal que me pese. Lo digo por ese nuevo programa titulado “Tengo un pregunta para usted”. Llevaron a la tele pública al presidente del Gobierno y lo enfrentaron, no al periodista o periodistas de turno, sino a un centenar de ciudadanos, elegidos al azar por una empresa especializada en esas cosas y ajena a la tele. Y por fin se oyó a un político de primera fila hablar de la vida misma y de lo que de verdad preocupa a los ciudadanos. O sea, la vivienda, el paro, la educación, la sanidad, la exasperante justicia, la carestía de la vida, los problemas concretos y puntuales que cada cual se encuentra cada día.
Por supuesto, también salieron algunos temas “de actualidad”, como lo de los sainetes judiciales en torno a De Juana Chaos u Otegi, lo de Navarra y alguno más. Pero no es difícil deducir lo que hubiera sucedido sin en vez de ciudadanos corrientes, hubiesen sido periodistas quienes preguntaran en exclusiva a Zapatero. No se hubiera hablado casi de otra cosa que de esas vasco-navarraces, o de esa negociación con ETA que ni hay ni deja de haber, o de la última “cantada” de los muchachos de Carod Rovira, o de si cruje o deja de crujir España, o de posibles remodelaciones del Gobierno, o de expectativas ante las municipales, o de posibles pactos posteriores… Es decir, de politiqueo puro y duro, de lo que sólo interesa en realidad a políticos y… periodistas.
Quizá exagero. Pero eso era lo que me pasaba por la cabeza viendo el nuevo programa de la tele pública, al que pronto irá también Rajoy. No hay como enfrentar a políticos y ciudadanos para saber qué ambiente hay en la calle, qué preocupa, de qué se habla. Antaño era esa y no otra la misión “sagrada” de los periodistas: hacer llegar a los de arriba las opiniones de los de abajo. Pero me temo que ya no somos demasiado de fiar. Los periodistas de estos tiempos hablamos más con los políticos que con los ciudadanos, los escuchamos más, sabemos mucho mejor qué se dice en los despachos que en la calle. Y de ahí la frescura súbita de programas como el mentado. Durante un tiempo al menos, a los periodistas habrá que dejarnos como al Milá: de presentadores discretos y limitándonos a facilitar que pueblo y políticos hablen entre sí. Porque nosotros, como mediadores, hemos dejado de valer. La política nos ha contaminado. Sépalo el lector y pónganos en cuarentena, siquiera mentalmente: no somos lo que éramos y vamos a peor.
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