José Luis Rodríguez Zapatero miró a la concurrencia. No vio más que a mujeres. Bajó la vista al discurso que le había preparado su vicepresidenta. Leyó algunas líneas, pero después no resistió la tentación de improvisar:
-Señoras, aquí como me ven, yo me declaro, con total convencimiento, feminista.
Hubo aplausos y hubo risas. Zapatero sonrió. Acababa de ganarse a un nuevo y muy amplio sector social de votantes potenciales. Eso no lo mejoraría nunca la derecha, pensó. Así que concluyó el acto y la jornada la mar de satisfecho consigo mismo. Su mujer se lo notó de inmediato, cuando lo vio entrar, al anochecer, en los recintos privados de la residencia oficial…
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