Nada temían más los marineros en época de Ulises que navegar por zona de sirenas. Si no lo han leído, lo habrán oído. La sirenas, criaturas mitad pez, mitad mujeres, entonaban al paso de los navíos canciones bellísimas e irresistibles. Quienes las oían no podía pasar de largo, se acercaban y caían en su poder, siendo destruidos, devorados de inmediato. El astuto Ulises, que sabía todo eso, al acercarse un día a zona de sirenas, ordenó a sus hombres que se tapasen con cera los oídos, para no escuchar los cánticos. Pero él, que quería oírlos sin sucumbir a sus hechizos, se ató al mástil del barco. Pudo convertirse así en el único hombre de la antigüedad clásica que oyó cantar a las sirenas y vivió para contarlo.
Nada temen más los votantes de inicios de este tercer milenio que cruzarse con políticos en zona de elecciones. Los políticos, criaturas mitad hombre, mitad papagayo, en cuanto se acercan elecciones sueltan promesas bellísimas e irresistibles. Quienes les prestan atención con frecuencia excesiva, acaban por creerlos, les dan el voto y solo cuando es demasiado tarde descubren que de nuevo han sido engañados, siquiera parcialmente. Por eso han de surgir voces en la pre-campaña –cual la mía, en este caso- que alerten del fenómeno e inviten a la gente a ponerse cera en los oídos.
El papel de Ulises queda ahora reservado a los periodistas. Tenemos que atravesar las campañas atados al mástil de nuestras convicciones profesionales, para no sucumbir al torrente de promesas y evitar volvernos locos, puesto que tenemos que escuchar lo que dicen todos los políticos de todos los partidos. Pero no creas, lector, que es fácil y que todos lo consiguen. La mayor parte sucumbe. Lo notarás en que a medida que se acerque el día de las votaciones, cada vez habrá más informadores u opinadores que se inclinarán con descaro por los unos o los otros. Pobrecillos. No os riáis de ellos. Se ataron mal al mástil, se les resquebrajaron las convicciones y por eso no pueden resistir el cántico de estas neo-sirenas de traje y de corbata, de mitin y banderolas, de insultos y promesas. Acabarán tan devorados como los votantes que se dejen llevar por las promesas y no por lo que han visto en los cuatro años anteriores.
Así es la zona de sirenas en que entramos. Que el astuto Ulises nos proteja.
(Grupo PROMECAL)
mi comentario es que si todavia existen las sirenas y como son sus canciones y a donde se encuentran las sirenas y si se puede ir a ese lugar y si ellas se pueden comber tirse en personas comnpletas
esta muuy buuuuuuuuuuena la historia