A mí, como buen peatón, me parece guay del paraguay cuanto vaya contra el automóvil. Así que, oye, me alegró leer el otro día en un diario que “El Gobierno fomentará el uso del tren, el barco y la bici frente a los coches”. La alegría, eso sí, me duró cuatro segundos; hasta que caí en la cuenta de la provincia que me ha tocado en suerte. Porque en Zamora lo del tren, pongo por caso, está más cuesta arriba que el mismísimo barco. No se ría, hombre, que es verdad. Un barco, con la de ríos que tenemos, se pueden preparar, armar, fletar o como se diga, en cualquier momento. Pero el tren, lo miren por donde lo miren, desapareció de nuestras vidas hace muchos, muchos años. Renfe, aquella entrañable compañía ferroviaria, se transformó un día en inmobiliaria y, chico, no ha vuelto a pasar por sitios como este un mal tren a buena hora hacia ningún lugar de utilidad. Ahora hablan mucho, sí, del AVE, pero incluso eso lo que significa es que nunca volveremos a tener un tren. El AVE es otra cosa, un avión que vuela bajo. Y ya ves tú para qué vamos a querer nosotros aviones por aquí. Quienes piden u ofrecen AVE son los últimos que quisieran volver a tener tren. Ese tren, el del tren propiamente dicho, lo perdimos sin remisión. Nos queda, ya digo, lo de volver a remar por los distintos ríos, si de verdad el Gobierno se empeña en salvar el planeta, poniendo coto a los destructivos automóviles? que tan imprescindibles nos resultan, a mí el primero.
-¿Y la bici, jefe!
¡Ah, la bici, sí, es verdad! He ahí un bonito tema para los candidatos electorales. Yo no acabo de entender que con la progresiva peatonalización de las ciudades, no avance al mismo ritmo el uso de las bicicletas. O sí lo entiendo, vamos: nadie piensa en ellas y las calles que se recuperan son solo para el peatón de zapatilla. Pero éste, creo yo, no necesita las calles al completo, al cien por cien. ¿No sería lógico que las nuevas calles peatonales se diseñaran todas, sin excepción, con su carril bici de doble dirección? Paseantes y bicicletas siempre han convivido sin conflictos, se complementan a la perfección. Así que, ¿por qué las zonas peatonales no empiezan a ser, de un vez, zonas aptas para el uso de la bici? Más aún cuando se trata de ciudades o pueblos como los que nos gastamos por aquí, tan entrañablemente de bolsillo.
Resumiendo: El futuro de nuestros transportes pasa por la bici. Por el tren no, ni de broma. Por el barco, quizá, si nos diera por ponernos. Por el coche, ya pasó, pasa aún, pero difícilmente pasará. Anótenselo, por si les sirve, los señores candidatos o sus asesores. Para su “modelo de ciudad”.
22
Feb
07
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