El líder de la séptima o novena nación más rica del mundo paseaba triste y cabizbajo por los pasillos oscuros de la parte privada del Palacio de la Moncloa. A ratos se le oía desahogarse en voz alta:
-¿Qué he hecho yo, oh peperos, contra vosotros naciendo? Mas si nací ya comprendo qué delito he cometido…
En eso pasó junto a él Moraleda, que al oír estas palabras, se animó:
-¡No me lo digas! ¡No me lo digas! Sé de qué película es esa escena… ¿”Harry Potter”? No, no… Espera. ¿”El señor de los anillos”?
Al presidente se le escapó un largo suspiro.
-Te faltan lecturas, Moraleda. Es “La vida es sueño”, de Calderón de la Barca, aunque con algunos arreglos.
-Vaya. La entrevista con Rajoy veo que te tiene aún deprimido…
Zapatero hizo un gesto de no querer hablar del tema y se fijó entonces en que su Secretario de Estado de Información iba vestido de pastor de diseño.
-¿De dónde vienes?
-Hemos hecho un Belén viviente en Moncloa para la prensa, para que se vea que no somos tan ateos. Y a mi, bueno, ya supondrás, todos me dijeron que tenía que ir de pastor. Cómo sé tanto de campo…
Zapatero suspiró y alzó los ojos con resignación:
-¡Ay mísero de mí, y ay infelice! Ni al Moraleda este entiendo. Ya que me tratáis así, qué delito cometí contra vosotros naciendo. Aunque si nací, ya entiendo qué delito he cometido; bastante causa ha tenido toda esta incomprensión, pues el delito mayor del hombre es haber nacido.
-¿Eh?
El presidente siguió con sus recitados y paseando. El falso pastor, tras rascarse la falsa zamarra de falsa piel de cordero, desapareció como una centella en busca de ayuda. Preguntó por el siquiatra de guardia, pero le dijeron que no había. Llamó a la ministra de Sanidad, pero ésta le respondió que ella era Ingeniera y no tenía ni idea de esas cosas ni podía proporcionar ayuda al Presidente, ya que toda la Sanidad dependía de las autonomías. Se fue entonces a ver a la vicepresidenta, que pese a ser Nochebuena estaba en su despacho trabajando como cualquier otra noche:
-¡María Teresa, María Teresa! El presidente no está bien. Habla solo por los pasillos y lo que es peor: ¡en verso!
-No tiene importancia, señor pastor. No se preocupe.
-Qué no soy un pastor, María Teresa, que soy Moraleda. Lo que pasa es que vengo de un Belén…
-¡Ah! Moraleda. Bueno, como te decía, tranquilo, el Presidente está bien. Solo que la Navidad le desconcierta y por eso se refugia en nuestros clásicos.
Moraleda se rascó la cabeza.
-No entiendo nada.
-Ya, bueno. Tranquilo. Vuelve al Belén a cuidar tus ovejas.
-No, sí… Da igual. Adiós, vicepresidenta.
Volvió sobre sus pasos el Secretario de Estado de Comunicación y antes de llegar a su despacho, para cambiarse de ropa, volvió a oír al presidente del Gobierno, con voz engolada, diciendo:
-Quejoso de la fortuna yo en este mundo vivía, y cuando entre mí decía: ¿Habrá otra persona alguna de suerte más importuna? “¡Mariano!”, me he respondido; pues volviendo en mi sentido, hallo que las penas mías, se vuelven alegrías en los sueños del enemigo.
Puntilloso y cumplidor, Moraleda aún se volvió y le gritó al jefe a modo de despedida:
-¡Feliz Nochebuena!
Y se oyó al presidente musitar como respuesta:
-Buenas noches a secas, Moraleda, que presido un Gobierno laico.
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