Esta vez, a falta de enemigo externo al que culpar, le va a costar lo suyo al PP asimilar su nueva derrota. Rajoy creyó que bastaría con un golpe a autoridad, a lo Aznar, para zanjar cualquier atisbo de crisis. Se equivocó (como en casi todo, por cierto). Y se ve que no esperaba equivocarse. Solo eso explica su desabrida reacción ante los atrevimientos de la presidenta madrileña, a quien se apresura a expulsar dialécticamente a las tinieblas exteriores por osar insinuar su posible candidatura alternativa. ¿No era ese mismo Rajoy el que dos días antes animaba a cuantos quisieran a presentarse frente a él? ¿Y cómo se hace eso sin amagar antes, sin tantear fuerzas muy difíciles de reunir en un partido tan disciplinado y donde las normas se hicieron para que nadie osara hacer sombra a Aznar?
Va a sufrir el PP hasta junio, cuando tenga lugar el congreso del que salga elegida ya veremos si un nuevo o un viejo liderazgo. Porque se está provocando mucho revuelo interno y la militancia de base está perpleja ante una pelea de gallos que no esperaba y no consigue entender. Además, ya se sabe que a río revuelto, ganancia de pescadores. Lo cual quiere decir que si la pelea Rajoy-Aguirre sigue creciendo y es el único ruido o mensaje que en las próximas semanas sale del PP, ambos corren el riesgo de que ocurra lo habitual en estos casos; que surja un tercero en discordia –el pescador propiamente dicho- y se lleve el gato al agua. Es improbable que Aguirre sea capaz de trenzar apoyos suficientes para ganar, al haber descubierto demasiado pronto su mucha ambición. A Rajoy nunca lo han visto los suyos como un líder real, sino como un heredero de otro por el que tienen todo el respeto. Pero a los herederos se les respeta a su vez en la medida en que salvaguarden y amplíen la herencia recibida, lo que no ha ocurrido. De modo que esa pelea abierta perjudica a los dos: a una le priva de cualquier perspectiva, el otro deja en evidencia su debilidad de fondo.
De aquí a junio, pues, no debería descartarse la aparición de un tercero, que se presente como “salvación” y con el apoyo amarrado de los más significados barones de esa organización. Por eso mismo me parece tan torpe la sucesión de apoyos cerrados que se ha dado a Rajoy en buena parte de las diferentes regiones. Demasiado pronto juegan sus cartas algunos “barones”, en mi opinión. Deberían ser prudentes, no vaya a pasarles como a toda aquella generación de dirigentes regionales y provinciales del PSOE que en ciertas primarias apoyaron “como un solo hombre” o casi al heredero de un líder, Almunia, que acabó perdiendo por goleada frente al inesperado Borrell.
Pero, en fin, allá penas.





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